¿Cuál ha sido el influjo de la Fedra de Séneca en la literatura occidental?

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Lucio Anneo Séneca (Córdoba 4 a.C.. – Roma 65 d. C.) dejará su huella autoral al transformar el mito griego de Fedra e Hipólito en una tragedia de pasión desbordada que sacará a la luz el sentimiento de culpa, el conflicto interior y la destrucción moral. En este caso, su principal novedad respecto a la literatura occidental es que se centrará en la interiorización del conflicto. Mientras que en un autor ocmo Eurípides (484/480 a.C. – 406 a.C.) era la diosa Afrodita quien desencadenaba desde fuera la tragedia humana; en cambio, Séneca concentra su atención en la conciencia de Fedra. En Séneca, el deseo aparece como una fuerza que la propia Fedra reconoce como irracional y culpable, pero que no consigue dominar. De este modo, Séneca comienza a levantar los pilares de un personaje característico en la literatura occidental que se vincula con el individuo que sabe que está haciendo el mal y, sin embargo, no logra impedir hacerlo. En dicha versión de Fedra (s. I, se estima que antes del año 54) , la conciencia se convierte en campo de batalla entre razón, deseo, deber, vergüenza y culpa.

Dentro del estoicismo de Séneca, la pasión -furor, ira, deseo desordenado- aparece como una enfermedad del alma que rompe el gobierno racional del individuo. Su versión se convertirá en un modelo fértil en la tradición europea enfocado a representar el conflicto entre razón y pasión que se hará recurrente en el teatro europeo de los siglos XVI – XVII. Entre las aportaciones más destacadas de Séneca, sobresale la importancia concedida al monólogo y a la retórica de la conciencia. Los personajes de Séneca explican, analizan y dramatizan verbalmente sus propias pasiones. Dicha huella se hará presente en el teatro renacentista y barroco. El personaje trágico occidental aprenderá, en buena medida, a hablar consigo mismo. Los personajes son capaces de contemplar su propio crimen, debatirse consigo mismo y convertir el conflicto psicológico en discurso. Al mismo tiempo, Séneca dejará su impronta en el teatro isabelino (1558-1602) y jacobeo (1603-1625) inglés en elementos que caracterizan a buena parte de dicho teatro entre los que se incluyen la venganza, los espectros, los crímenes familiares, los discursos externos, la violencia extrema, la reflexión sobre la culpa y la fascinación por las pasiones destructivas. Su huella quedará presente en autores de renombre como Thomas Kyd, Christopher Marlowe, William Shakespeare y John Webster.

Séneca se ha de considerar el gran mediador del mito de Fedra entre Eurípides y Jean Racine (1639-1699). El dramaturgo francés conserva la dimensión que Séneca había acentuado vinculada con la conciencia culpable de una mujer dominada por un deseo que considera monstruoso. Por lo tanto, se produce una línea que va de Eurípides a Séneca y desemboca en Racine para la configuración de la concepción moderna de la pasión trágica. A partir de Séneca y, posteriormente, Racine, se produce una tendencia a desplazar la violencia hacia el relato verbal.

En Séneca, Fedra aparece como modelo del deseo prohibido en el cual el deseo amoroso se configura como fuerza que entra en conflicto con la ley, la familia, la religión o la identidad social. La Fedra senequista se convierte en la mujer cuya pasión desafía el orden patriarcal y familiar. Es plenamente consciente de la transgresión cometida en la cual desea lo que condena y condena lo que desea. En la visión de Séneca se percibe una imagen moderna del sujeto, ya que el individuo deja de ser una unidad transparente para convertirse en alguien dividido contra sí mismo. Al mismo tiempo, sale a relucir la mentira y el poder destructivo de la palabra. El motivo fundamental en la Fedra de Séneca es la acusación falsa contra Hipólito. En ella, la palabra produce consecuencias irreversibles. Teseo cree la acusación y condena a su hijo. Con ello, Séneca deja su huella en obras posteriores de la literatura occidental, ya que muestra cómo una palabra falsa puede convertirse en realidad política y social. Se produce una cadena trágica constituida por el deseo, la vergüenza, la mentira, la acusación, el castigo, el reconocimiento y, finalmente, la catástrofe.

Séneca aborda el conflicto entre Naturaleza y Civilización. Su Hipólito encarna el rechazo del mundo social y amoroso mediante la búsqueda de una existencia vinculada a la naturaleza, la caza y la castidad. Frente a ello, Fedra acaba siendo una irrupción de una pasión que desorganiza todo el orden familiar.

La tragedia senequista destaca por una estética del exceso frente a la más comedida tragedia ática. En la Fedra de Séneca encontramos imágenes violentas, emociones intensas, monstruosidad, muerte y lenguaje hiperbólico. Un gusto por la desmesura que encajará plenamente con el estilo del Barroco. La concepción senequista de la tragedia entiende que las pasiones humanas pueden llevar al individuo hasta una región casi monstruosa de sí mismo. Al mismo tiempo, Séneca da un giro copernicano a la tradición de la tragedia occidental al convertir la culpa en el núcleo de lo trágico. De este modo, la culpa se transforma enuna experiencia interior. La conciencia funciona como un auténtico tribunal la cual cosa tendrá ecos en obras como Hamlet, Macbeth, ciertos héroes de Racine, personajes de Dostoievski y protagonistas de la novela psicológica moderna. Por ello, con Séneca se se pasa del destino exterior al destino psicológico. Mientras que en la tragedia griega el individuo se enfrentaba a fuerzas exteriores constituidas por dioses, oráculos, destinos.y maldiciones familiares; en cambio, en Séneca, el centro dramático se desplaza hacia la psique. Séneca pone los primeros cimientos para que Racine convierta a Fedra en una de las grandes figuras de la tragedia psicológica europea. su personaje está construido sobre la imposibilidad de reconciliar deseo, moral e identidad. La tragedia de la Fedra de Racine, procedente de Séneca, es que no puede vivir con su deseo ni puede vivir sin él. En este caso, la gran aportación de Séneca es que transforma la tragedia del destino en una tragedia de la conciencia. En la Fedra senequista, el enemigo está dentro del personaje. Por un lado, conserva el mito antiguo; pero, por otro lado, comienza a convertirlo en psicología.

A lo largo de la historia de la literatura occidental se ha producido una transformación del mito de Fedra. A pesar de que no suele cambiar casi nada del argumento; sin embargo, las diferencias se hacen patentes en qué significa el deseo, de dónde procede la culpa, qué lugar ocupa el cuerpo y qué idea del sujeto humano hay detrás de cada versión. Desde la óptica del deseo, mientras que en Eurípides el deseo era impuesto por los dioses; en Séneca, es la pasión la que invade la conciencia. Posteriormente, en Racine, el deseo es convertido en culpa interior y, en Miguel de Unamuno, aparece como crisis de identidad y autenticidad.

No obstante, para centrarnos en las novedades de Séneca, la comparación más fecunda es con la tragedia clásica griega que en el mito de Fedra tenía como auténtica referencia al Hipólito de Eurípides donde el conflicto está enmarcado por una estructura religiosa objetiva. En el ámbito grieto, el deseo todavía pertenece al mundo de los dioses existiendo una causalidad exterior que organiza la tragedia. En este caso, la ofensa a Afrodita que hará que a través de la intervención divina se despierte la pasión de Fedra hacia su hijastro, lo que conducirá a la catástrofe. En la visión de la Grecia clásica el ser humano está sometido a fuerzas que no controla y que forman parte del orden del cosmos. Eurípides conserva una tensión entre responsabilidad y victimización interrogándose ¿Qué puede hacer un ser humano cuando las fuerzas divinas lo introducen en un conflicto imposible de solucionar? En cambio, en la Fedra de Séneca, los dioses retroceden y aparece el interior del ser humano. Séneca conserva el mito, pero modifica profundamente su centro de gravedad. A pesar de que Afrodita (Venus) continúa formando parte del universo simbólico de la tragedia; en cambio, el conflicto se desplaza hacia el enfrentamiento entre la razón y la pasión. según la antropología estoica de Séneca, el ser humano debería gobernarse mediante la razón. Séneca incide en la prioridad de nuestra razón para evitar dejarnos llevar por nuestras pasiones que pueden conducir a la catástrofe. Fedra fracasa en este tipo de autogobierno de las pasiones. Mientras que Eurípides se plantea ¿Qué ocurre cuando los dioses someten al individuo a una pasión destructiva?; en cambio, Séneca intenta responder ¿Qué ocurre cuando el individuo ya no puede gobernar aquello que ocurre dentro sí? Tomando como referencia a Eurípides y a Séneca, el destino se va desplazando del cosmos hacia la psique.

Es a través de Racine que la pasión se transforma en culpa. En este caso, la cultura del s. XVII introduce una sensibilidad diferente, ya que la pasión ya no es únicamente desorden racional, sino que se experimenta como culpa moral. La Fedra de Racine se contempla a sí misma como indigna de aquello que siente. Ya no basta con formular la idea de «No puede controlar mi pasión», sino que se profundiza con «No puedo aceptar ser la persona capaz de sentir estas pasiones». Por ello, se pasa del deseo como pérdida de la razón desde la óptica senequista a la escisión de la Fedra racineana que se encuentra dividida entre lo que desea y lo que cree que debería ser. Mientras que Séneca incide que la pasión puede hacer que el ser humano pueda perder el dominio de sí mismo; en cambio, en Racine la pasión interior de uno mismo puede hacer imposible que pueda vivir consigo mismo. Mientras que en Séneca incide incide en el autocontrol que estalla por los aires en el caso de Fedra; sin embargo, Racine destruye la autoimagen de Fedra que se encuentra rasgada por dentro al verse en la diatriba de elegir entre lo que desea o lo que cree que debería ser.

Los tres grandes referentes del mito de Fedra se apoyan en distintos pilares. Mientras que en Eurípides es la religión griega y la tragedia clásica griega; en cambio, en Séneca, es la filosofía estoica. Posteriormente, el contexto de Racine será la moral cristiana. A la vez hay una evolución sobre la idea de libertad, en Eurípides, la libertad humana está limitada por los dioses; en cambio, en Séneca, el individuo deberá ser libre mediante el dominio racional de sí. Con Racine, el sujeto descubre que no controla plenamente el deseo. Por ello, en Eurípides, Fedra padece el deseo; en Séneca, Fedra combate el deseo y, en Racine, Fedra se culpa por el deseo. Si se toma como referencia contemporánea la Phaedra´s love (1996) de Sarah Kane donde el deseo mismo ha dejado de garantizar alguna forma de sentido, entonces podemos observar que la historia occidental del mito de Fedra es la historia de la progresiva secularización en interiorización del deseo. Todo aquello que en Eurípides era explicado por los dioses quienes eran los que hacían desear al ser humano; en Séneca pasaba a la pasión cuya Fedra no podía gobernar su deseo; en Racine a la culpa en la cual su Fedra se declaraba culpable por desear al final desemboca en la Fedra de Sarah Kane que enfocándose en el personaje de Hipólito nos plantea: ¿Y si desear ya no bastara para sentir, amar o encontrar sentido?

 

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