La biblioteca de Babel y Pierre Menard, autor del Quijote: teoría y praxis literaria en Jorge Luis Borges

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Borges, al igual que Cervantes, supo combinar perfectamente la reflexión literaria a la vez que ejercía su creación narrativa. Relatos como la Biblioteca de Babel (1941) o Pierre Menard, autor del Quijote (1939) no solo se limitan a contar una historia, sino que, al mismo tiempo, reflexionan sobre qué es la literatura, cómo se lee, cómo se construye un texto y qué significa ser autor.

Dicha amalgama entre teoría y praxis se dan en relatos como Pierre Menard, autor del Quijote en el cual plantea una autentica teoría de la interpretación, La biblioteca de Babel en el cual transforma una cuestión abstracta – la relación entre lenguaje, totalidad y conocimiento – en un universo concreto, El jardín de senderos que se bifurcan (1941) en el cual es capaz de convertir una concepción del tiempo y de la narración en la estructura misma del relato y Tlön, Uqbar, Orbis Tertius (1940) donde partiendo de una teoría filosófica sobre el idealismo se acaba creando literalmente un mundo, en este caso, la ficción borgeana plantea que las ideas, los lenguajes y los sistemas de clasificación no solo describen la realidad; sino que pueden llegar a producirla.

Un procedimiento fundamental a la hora de trazar sus ficciones teóricas es mezclar deliberadamente cuento y ensayo empleando notas, referencias bibliográficas, cifras, reseñas, manuscritos encontrados o supuestos estudios académicos. En este caso, el escritor argentino imita las formas del discurso crítico para producir ficción. El lector perspicaz debe ser capaz de advertir dónde termina el dato real y dónde comienza la invención.

La forma del relato borgeano suele reproducir todo aquello sobre lo que el relato reflexiona. Es decir, no sólo se queda en la cuestión temática, sino que afecta a la formal. Un ejemplo paradigmático es El Aleph (1945) en el cual el narrador intenta enumerar simultáneamente una realidad infinita constituida por la tentativa de describirnos el punto del universo donde se contiene todo él; sin embargo, el fracaso se muestra a través de enumeraciones simultáneas del lenguaje escrito que es incapaz de plasmar la simultaneidad de la experiencia y la sucesividad de la escritura.

Borges formula gran parte de sus teorías literarias sin escribir tratados sistemáticos sobre ellas, consiguiéndolas dramatizarlas. Tanto sus personajes, bibliotecas, laberintos, espejos, enciclopedias y libros imaginarios son instrumentos mediante los cuales piensa la literatura. De este modo, el escritor argentino convierte la ficción narrativa en un laboratorio de teoría literaria; en lugar, de limitarse a explicar conceptos como autoría, lectura, intertextualidad, infinitud textual o multiplicidad narrativa, lo que lleva a cabo es construir ficciones cuya propia estructura pone dichos conceptos en funcionamiento.

La Biblioteca de Babel

En su relato La Biblioteca de Babel, Borges se cuelga en el traje y la piel de un bibliotecario que ha vivido toda su vida en la Biblioteca de Babel con el objeto de tratar cuestiones vinculadas con la literatura: los problemas planteados por la interpretación o interpretaciones de un texto literario, la idea de la literatura como un gran libro en el cual se recogen todas las obras de la humanidad e incluso los esbozos que no llegaron a concretarse, lo inabarcable que resulta para los límites humanos el hecho de pretender tener una visión TOTAL de la literatura universal e incluso llega a realizar un paralelismo entre la Biblioteca de Babel y el universo.

El narrador –un bibliotecario de la Biblioteca de Babel- nos confiesa que ha dedicado toda su vida a la búsqueda del catálogo de catálogos en la cual presuntamente se recopilarían todas las obras escritas por la humanidad. Lamentablemente, reconoce lo inútil de su búsqueda que únicamente ha desembocado en una hipótesis que no puede demostrarse de forma definitiva y que pasará a la historia como un teoría más que compartirá un lugar junto a todas aquellas que pretenden dar una razón sobre la esencia de la gran Biblioteca.

Según el bibliotecario, la biblioteca es ilimitada y periódica la cual cosa confirma que es inabarcable para cualquier ser humano, debido a sus limitaciones intelectuales y existenciales y, al mismo tiempo, que se renueva constantemente con las nuevas obras que la humanidad va escribiendo constantemente.

¿Pero que hubiera pasado si el bibliotecario hubiera encontrado el verdadero catálogo en el cual se incluyen todas las obras de la humanidad? En este caso, hubiera conocido el número inabarcable de volúmenes; sin embargo, no hubiese tenido tiempo suficiente para poder llegar a leer dichas obras. Sería un conocimiento, en cierto modo, inútil ya que de este modo tendríamos una visión superficial de la creación literaria universal. Ya que el ser humano es tiempo y en él es limitado, al individuo que quisiera tener una concepción universal de la literatura se vería obligado a seleccionar entre todas las obras escritas en todas las lenguas –vivas y muertas- y en todas las culturas –las existentes y desaparecidas-.

¿Pero cómo se puede llevar a cabo dicha selección, si las lecturas suelen ser un recorrido existencial donde influyen poderosamente factores tan subjetivos como el gusto, los intereses intelectuales de cada uno, la cultura donde ha nacido y la relación que ha mantenido con ella? Sin duda, todos estos condicionamientos son los grandes problemas de selección que se han encontrado los estudiosos que. pretendían hacer un manual de auténtica weltliteratur en la que tuviesen cabida las “mejores obras” de toda la humanidad sin excluir a ninguna por cuestiones extraliterarias.

El manual que más se acercara a una factible y válida guía de literatura universal requeriría una extensa y profunda colaboración entre estudiosos de diferentes lugares del mundo, cuando más variados mejor, cuyo criterio fuese una muestra de seguridad a la hora de acercarnos a las obras literarias que reúnen una mayor calidad literaria. De este modo, el lector o estudioso que pretendiese comenzar su camino sobre los senderos inabarcables y confusos –como la Biblioteca de Babel descrita por Borges- podría comenzarse a configurar una imagen propia de la literatura entendida como una manifestación cultural y creativa que ha alcanzado sus frutos en todas las civilizaciones humanas.

Dicho manual ideal es imposible de conseguir, ya que en la valoración literaria prima ante todo la subjetividad; pero su validez aumenta según el grado de criterio de la persona. Manual imposible, estamos de acuerdo en ello; pero no por ello innecesario, por eso, se hace imprescindible la aparición de manuales que se aproximen a la weltliteratur goethiana, porque si cualquier lector pretendiese abarcar el mayor número de obras literarias de todas las culturas sin una selección previa o sobre la marcha, su proyecto acabaría en quimera y, al mismo tiempo, llegaría a tener una concepción cada vez más confusa de la weltliteratur. El proyecto goethiano requiere la colaboración entre los estudiosos y escritores de toda la humanidad para acercarnos a comprender mínimamente la Torre de Babel que configura la literatura como creación universal de la HUMANIDAD.

En conclusión, La Biblioteca de Babel contiene todas las combinaciones posibles de signos y, por consiguiente, todos los libros concebibles. Borges transforma así una especulación abstracta acerca de las posibilidades combinatorias del lenguaje en una realidad narrativa concreta. La teoría se convierte literalmente en espacio plasmado en una Biblioteca imaginada que al mismo tiempo es universo, sistema lingüístico y metáfora de la literatura.

Sin embargo, la existencia de todos los libros posteriores no garantiza el conocimiento. Al contrario, la acumulación absoluta de información conduce a la incertidumbre, el extravío y la imposibilidad de distinguir lo verdadero de lo falso. Borges introduce con ello una paradoja fundamental: una totalidad textual que contiene todas las respuestas posibles puede resultar prácticamente ilegible. El conocimiento depende no solo de la existencia de información, sino de la capacidad de seleccionarla, interpretarla y establecer relaciones significativas entre sus elementos que deben ser los rasgos principales a la hora de dar forma a la weltliteratur goethiana.

Pierre Menard, autor del Quijote

En dicho relato, Borges nos da una visión de la literatura que se aleja de la impuesta por el crítico Saint-Pierre máximo representante del método histórico-biográfico que dominó los estudios literarios durante la 2ª mitad del s. XIX. Saint-Pierre consideraba imprescindible que a la hora de encarar un texto literario el lector conociese la vida del autor y las circunstancias históricas con el objeto de descifrar su verdadera intención. Esta forma de ver la literatura reclamaba la necesidad de una amplia documentación sin atender que cada texto literario es un artificio literario que guarda un significado propio o múltiples interpretaciones. A partir de los formalistas rusos, el texto literario se entenderá como un ser autónomo, por tanto, no es absolutamente imprescindible conocer la vida del autor ni las circunstancias históricas.

Borges no nos presenta tanto una nueva concepción de la literatura, sino más bien otra visión de la lectura. El autor queda en un segundo plano siendo sustituido por el peso específico que alcanza el texto mismo. No es tan importante lo que nos quiere comunicar, sino cómo se nos presenta el mensaje. Al mismo tiempo, se aparta de la idea de que un texto literario pueda interpretarse de una única forma que solía coincidir con la intención del autor. Frente a la interpretación unilateral, Borges apuesta por la continua renovación de las interpretaciones según se van realizando relecturas.

Es el lector quien en última instancia da sentido al texto. De este modo, los textos literarios se perpetúan y renuevan constantemente. Por eso, las obras clásicas no son consideradas momias literarias que han quedado como el canon a seguir por la imposición de la tradición académica sino que cualquier obra que merezca el sello de clásica será porque sus valores estéticos y espirituales mantienen un sentido para el lector contemporáneo. De esta forma, se rehuye de cualquier opinión dogmática en la crítica literaria. La valoración de una obra puede cambiar a lo largo de los tiempos cómo varían los valores éticos y estéticos en los diferentes contextos históricos y geográficos. ¿Cuál es la diferencia que hay entre los dos fragmentos idénticos del Quijote transcritos por Borges? Tal vez, la mentalidad que separa a un lector de principios del s. XVII de la de un lector de la 1ª mitad del s. XX. El texto es el mismo, en cambio, no el que da sentido al texto en su forma definitiva a partir de la lectura.

En definitiva, en Pierre Menard, autor del Quijote, el escritor bonaerense cuestiona de manera práctica la noción tradicional de originalidad. La reproducción literal de un texto no implica necesariamente la repetición de su significado, porque todo acto de lectura y escritura está condicionado por un contexto histórico y cultural diferentes. Por lo tanto, el relato demuestra así que la obra literaria no posee un sentido fijo e inmutable, ya que su significación se transforma con cada nueva lectura. De este modo, Borges desplaza el centro de gravedad de la literatura desde la intención del autor hacia la relación dinámica entre texto, contexto y lector. Con ello, Borges anticipa concepciones posteriores que cuestionarán la soberanía del autor y concederán mayor importancia a la intertextualidad y a la recepción. De este modo, la literatura deja de entenderse como creación surgida de una individualidad aislada y aparece como una red de reescrituras, apropiaciones, citas y reinterpretaciones.

Conclusiones

El análisis de Pierre Menard, autor del Quijote y La biblioteca de Babel permite comprobar que en la narrativa borgeana tanto la teoría y la praxis no constituyen ámbitos separados, sino dimensiones complementarias de una misma concepción de la literatura. En este caso, Borges no se limita a formular ideas acerca de la escritura, la lectura, la autoría o el lenguaje, sino que convierte dichas ideas en procedimientos narrativos. Por lo tanto, sus relatos funcionan como auténticos laboratorios de teoría literaria.

Ambos relatos coinciden así en desestabilizar la idea de que el significado reside de manera estable dentro del texto. Mientras que en Pierre Menard un mismo texto adquiere sentidos diferentes según las circunstancias de su producción y recepción; en cambio, en La Biblioteca de Babel, la existencia de innumerables textos demuestra que las palabras solo adquieren sentido mediante determinados sistemas de interpretación. En ambos casos, el escritor bonaerense presenta el significado como una construcción y, no tanto, como una propiedad absoluta de la escritura.

Desde la fusión entre teoría y praxis, los motivos recurrentes de Borges -la biblioteca, el laberinto, el libro infinito, la repetición y el espejo- dejan de ser simples elementos ornamentales y se convierten en representaciones de su propia teoría literaria.

La principal singularidad de Borges reside en que sus relatos no se limitan a contener una reflexión teórica, sino que obligan al lector a experimentar los problemas que plantean. La teoría no aparece explicada desde fuera de la ficción sino que se encarna en ella, tal y como realizó Cervantes en El Quijote en el escrutinio de la biblioteca del protagonista (I, cap. VI-VII) donde el cura y el barbero examinan los libros de caballerías y deciden cuáles salvar y cuáles quemar o en la aparición de Cide Hamete Benegeli (I, cap. VIII-XI) en el cual Cervantes interrumpe el relato y finge encontrar un. Manuscrito árabe que continúa la historia.

Ambos relatos borgeanos conducen a una misma conclusión que apunta al hecho de que la literatura no debe entenderse como un conjunto cerrado de obras originales y autónomas, sino como un sistema abierto de textos que se leen, se reproducen, se transforman y adquieren nuevos significados constantemente. Es decir, la obra literaria deja de ser un objeto estable para convertirse en una relación entre escrituras, contextos y lectores. Por lo tanto, la literatura constituye una biblioteca infinita en la que escribir significa siempre volver a leer y donde cada nueva lectura tiene la capacidad de producir una obra diferente. De ahí que la relectura de los relatos borgeanos sean como los senderos que se bifurcan hasta el infinito, ya que integran a la vez tanto teoría como praxis.

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