Conocimiento científico: ¿bien común o ganancias privadas?
Pública A pesar de que en la visión actual de la investigación científica se tiene en cuenta de que la labor científica se encuentra constituida por una colaboración en equipo en el que, con frecuencia, dicha cooperación abarca departamentos de disciplinas distintas y, al mismo tiempo, de considerar que el hecho de dar validez a un descubrimiento científico requiere la evaluación ajena a través de la revisión de los pares, todavía en los medios de comunicación predomina la visión clásica de la ciencia en la cual los grandes logros científicos se atribuyen a individuos concretos que son calificados como “genios científicos” cuando el descubrimiento en cuestión supone un cambio de paradigma.
En el artículo ¿Hay todavía genios científicos? la periodista Marta Ricart vuelve a recurrir a la figura de Albert Einstein para reflexionar sobre la concepción de genialidad en la ciencia basada más en la singularidad y en la investigación en solitario que en una percepción social científica que se comenzó a configurar a través de la normativa de Robert K. Merton. ¡En dicho artículo se considera que el “genio” es el máximo nivel de creatividad científica al ser capaz de aportar un logro científico que cambia las reglas del juego. Entre otros referentes, Ricart hace alusión al científico Isaac Newton, a pesar de que el investigador británico subrayó en vida que sus logros vinieron dados porque fue capaz de encaramarse a hombros de gigantes. Con ello, Newton quería expresar que su genialidad no residía sólo en su propia mente, sino que sus descubrimientos se habían conseguido apoyándose en obras e inteligencias de científicos del pasado. Se ha de tener en cuenta que dicha afirmación se dio en un periodo amateur de la ciencia (principios del s. XVII – finales del s. XVII) donde la labor científica se caracterizaba todavía por ser una empresa individual, la especialización era una rareza y los intercambios de conocimiento científicos se llevaban a cabo a través de epístolas (Aibar, 2023).
A partir del periodo académico de la ciencia (finales s. XVIII hasta la 2ª GM) a través de las universidades se produjo una progresiva profesionalización de la ciencia a la vez que dejaba a un lado la visión de la disciplina científica como un átomo aislado del resto de las disciplinas del saber. De la concepción individualista de la ciencia pasaremos a una percepción social del fenómeno científico el cual siempre debe ser abordado partiendo de su contexto social y cultural. En este caso, la Doctora en Política Científica Pilar Rico-Castro en su artículo Ciencia, un bien público privatizado por grandes editoriales comerciales defiende la ciencia como bien público, ante la tendencia a la privatización dominante de hoy en día, debido al influjo de la mentalidad neoliberal. Rico- Castro considera que la República de la Ciencia debe encontrarse regida por las normas mertonianas que apuntan todas ellas a una configuración de colectividad, ya sea a partir del comunalismo (la ciencia es conocimiento público, libre y, por tanto, se debe encontrar a disposición de todos), el universalismo (las fuentes privilegiadas de conocimiento no dependen de parámetros como la nacionalidad, la raza, el sexo o la religión), el desinterés (los científicos deben de trabajar en beneficio de la propia ciencia dejando de banda otros tipos de intereses) y el escepticismo (los científicos no deben aceptar nada sin cuestionarlo de forma crítica). Por eso, cualquier hallazgo científico necesita la aplicación de la revisión por pares para lograr su validez y reconocimiento científico. Es decir, debe ser evaluado por otros científicos a través de un proceso que debe reunir paridad, pluralidad y anonimato mediante una revisión donde no se conozcan ni el nombre del descubridor ni el de los árbitros científicos (Aibar, 2023). De este modo, la ciencia se comporta como una institución social, ya que se encuentra configurada por científicos que se rigen por unas determinadas pautas (Aibar, 2023). Y con ello, se desvanece la imagen del científico solitario que se mueve por sus propias reglas.
Pilar Rico-Castro pone de manifiesto la distancia existente entre la visión ideal de la ciencia en la que aparece como un bien público enfocada a beneficiar a la sociedad en su conjunto a la búsqueda de prosperidad y bienestar de la humanidad frente a la cruda realidad actual en la cual el modelo de comunicación vigente y los intereses comerciales de las grandes editoriales la han convertido en un bien privativo, siendo cada vez más asediada por la empresas privadas únicamente interesadas en conseguir grandes réditos económicos, Resulta paradójico, tal y como apunta Pilar Rico-Castro, que a pesar de la revolución digital y las TIC, no ha habido cambios en la difusión del conocimiento científico que se sigue produciendo casi exclusivamente a partir del artículo científico que, siguiendo la senda neoliberal, se ha visto invadido por editoriales como Elsevier, Springer y Wiley Blackwell que se mueven más por la ganancia económica que por la difusión pública del conocimiento científico (Aibar, 2018). De este modo, el sector comercial de la edición académica factura decenas de miles de millones de euros al año consiguiendo unos márgenes de explotación superiores al 30 %, lo que subraya la creciente subordinación de la ciencia a intereses privados (Aibar, 2018), primando las empresas y grandes corporaciones por encima del bien común.
A través del paradigma neoliberal, se ha introducido la lógica del mercado en el ámbito científico (Aibar, 2018). De la colaboración científica se ha pasado a la ley de la competencia, provocando con ello la ruptura del equilibrio entre ciencia pública y privada que predominó en gran parte del s. XX. Debido al hecho de supremacía de la competencia, la ciencia se ha transformado en un coto vedado que no permite el acceso libre ni a sus contenidos ni a sus resultados. Incluso, con frecuencia, se aplica la premisa neoliberal de gastos públicos y beneficios privados, aprovechándose de los presupuestos I+D estatales empresas privadas científicas y tecnológicas para desarrollar investigaciones cuyos resultados les aporta enormes ganancias que no regresan al erario estatal. Con ello, se demuestra que la ciencia no es que sólo se encuentre condicionada por la política, sino que más bien “la ciencia es política ejercida por otros medios” como subraya Bruno Latour.
Si se tienen en cuenta ambos artículos analizados, se pueden extraer de ellos dos visiones antagónicas de la ciencia ya sea en su configuración, percepción y aplicaciones respectivas. Mientras que en la mentalidad de Pilar Rico-Castro predomina una percepción colaboradora entre los científicos apuntando a una visión colectiva de la ciencia cuyos logros se deben aplicar a la mejora de la sociedad en su conjunto; en cambio, Marta Ricart con la concepción del genio científico parece apuntar a una ciencia solitaria que avanza a través de los destellos individuales de científicos capaces de cambiar el paradigma del pensamiento científico mediante sus ideas. Sorprende que entre los posibles genios científicos del s. XXI, Ricart incluya a Steve Jobs (Apple) , Mark Zuckerberg (Facebook), Bill Gates (Microsoft), Larre Page y Sergey Brin (Google) más vinculados con la revolución económica y social de las TIC que con el avance científico en sí ¿Son genios científicos por sus méritos objetivos? o más bien ¿Son imposiciones a la sociedad a través de la herramienta globalizadora de ingente información en que se puede convertir Internet si se emplea para tergiversar la realidad?
A través de la figura de Albert Einstein, se configuró la invención del científico mediático sin tener en cuenta que su primera esposa Mileva Marić, a través de sus conocimientos matemáticos, contribuyó decisivamente a la descripción del movimiento desordenado de las moléculas, clave en la ley del efecto fotoeléctrico por el cual el científico alemán recibió el premio Nobel de Física en 1921. Por tanto, a estas alturas es inconcebible que tanto la labor científica como la disciplina científica en sí sea enfocada como si tuviese una autonomía propia respecto a otras disciplinas del saber como las humanidades o las cuestiones políticas y sociales. No sólo la ciencia está condicionada por cuestiones sociales, sino que es social desde su misma raíz (Aibar, 2006).
Tal y como apunta la Dra. en Bioética Itziar de Lecuona, la ciencia debe estar al servicio del ciudadano enfocada a la mejora y al bienestar de la sociedad. Para ello es necesario legislarla con el objeto de evitar que se aplique a fines partidistas en un entorno económico dominado por el neoliberalismo. Desde las cuestiones bioéticas que abarcan temas como el aborto, la eutanasia, la comunicación científica, la investigación biomédica o la explotación de los datos personales por parte de las grandes tecnológicas se hacen evidentes que dichas posibles problemáticas vinculadas con la ciencia y la tecnología nos incumben a todos los ciudadanos, ya que sus repercusiones son cruciales en aspectos básicos de nuestra vida cotidiana. Por consiguiente, tanto la configuración, percepción y enfoque de la ciencia debe repercutir en una mejora social a través de un acceso libre del conocimiento científico y una sustitución de la mentalidad de competencia por una marcada por la colaboración, dejando de alimentar la figura del genio científico capaz de hacer avanzar la ciencia por sí solo, que tanto cultivan los medios de comunicación de masas.
Bibliografía:
Aibar, E. (2006). «El estudio social de la ciencia: de la sociología de la ciencia a la sociología del conocimiento científico». En: Aibar, E. (coord.). Ciencia, Tecnología y Sociedad. Materiales didácticos (pp. 36-97). Barcelona: EDIUOC.
Aibar, E. (2018). «La transformación neoliberal de la ciencia contemporánea: de la comercialización del conocimiento a la producción de la ignorancia». En A. Cuevas, O. Torres, R. López-Orellana & D. Labrador (eds.). Cultura científica y cultura tecnológica. Salamanca: Ediciones Universidad de Salamanca.
Aibar, Eduard (ed.), Jaume Sastre, Jaume Valentines i Núria Vallès. (2023). Ciencia, tecnología y sociedad. Guía de aprendizaje. FUOC.
de Lecuona, I., (2022 noviembre). «Entrevista a la Dra. Itziar de Lecuona». Boletín Bioeticar Asociación Civil, vol. II, N°6. https://www.bioeticar.com.ar/boletin6.html ISSN 2953-3775
Ricart, M. (28 julio 2019). «¿Hay todavía genios científicos?.» La Vanguardia. Magazine [en línea] https://www.lavanguardia.com/magazine/experiencias/hay-todavia-genios-cientificos.html
Rico-Castro, P. (31 mayo 2023). «Ciencia, un bien privatizado por grandes editoriales comerciales». SINC (Ciencia contada en español) [en línea] https://www.agenciasinc.es/Opinion/Ciencia-un-bien-publico-privatizado-por-grandes-editoriales-comerciales
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