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La renovación del humanismo: una cuestión de supervivencia (Border, de Al Abbasi)

Pública

A través del posthumanismo, la concepción sobre la humanidad ha dejado de ser una categoría esencial, fija y universal, con el objetivo de desmontar el antropocentrismo del humanismo clásico cuya máxima expresión era el Hombre de Vitruvio de Leonardo da Vinci. Según la mentalidad posthumanista, el dibujo de Da Vinci sitúa al hombre en el centro geométrico del universo representando el ideal humanista de que “el hombre es la medida de todas las cosas”. Frente a dicha centralización de la humanidad; en cambio, la corriente posthumanista otorga al hombre una condición mutable, relacional y situada en el flujo constante de interacciones con la tecnología, la naturaleza y otras especies.

En la actualidad, se considera que la humanidad ya no se percibe como un concepto universal inmutable, sino que se tiene conciencia de que la visión sobre lo humano varía según las culturas, las épocas y los contextos históricos (Ventura et al. 2018). Desde la óptica occidental, la percepción sobre lo humano estuvo marcada por el etnocentrismo y el antropocentrismo que condujeron a una separación radical entre la Naturaleza y la Cultura, así como entre lo humano y lo no humano. En este caso, el hombre occidental blanco era colocado en el epicentro de toda la cosmovisión humana. Dicha perspectiva estaba marcada por un acentuado matiz político, ya que se empleaba como justificación del dominio de la raza blanca que ejercía su poder en forma de colonialismo en otros territorios habitados por otras razas. Por tanto, el humanismo clásico no sólo marcó una distancia entre el ser humano frente a los animales y el resto de seres de la naturaleza, sino que también configuró fronteras entre las distintas razas humanas algunas de las cuales fueron consideradas como infrahumanas en distintos momentos de la historia como fue el caso de la raza judía por parte de los nazis o los numerosos casos de explotación colonialista llevados a cabo en el s. XIX por la expansión del sistema capitalista. Todo ello, subraya cómo la humanidad ha funcionado como herramienta de inclusión o exclusión dependiendo de los intereses del poder (1).

Todo el discurso discriminatorio y egocéntrico del humanismo occidental ha conducido a la necesidad de una redefinición y concepción de lo humano. Para lograrlo, se ha llevado a cabo un enfoque comparativo y multidisciplinar en que han entrado en juego la colaboración entre disciplinas tan diversas como la antropología cultural, la etnología, la etnohistoria, la biología, la filosofía, entre otras. En este caso, una de las primeras cuestiones planteadas en dicha búsqueda de una nueva concepción de lo humano se centró en dilucidar si la humanidad era una categoría o, en cambio, una condición. En este giro de concienciación respecto a lo humano se exploraron cuestiones como ¿Desde dónde hemos pensado la cultura, la sociedad y la propia humanidad? ¿Cómo se ha construido la categoría de lo “humano”? ¿Hay algún límite real entre la Humanidad y la Naturaleza? Dichas interrogaciones se abordarán a partir del análisis de la película Border (2018) de Al Abbasi teniendo a la vez en cuenta conceptos claves del Glosario posthumanista dirigido por Braidotti y Hlavajova (2).

Antes de encarar las cuestiones planteadas en la película Border, es fundamental encarar de dónde proviene la corriente crítica posthumanista la cual encuentra sus raíces en el antihumanismo, el postestructuralismo y el posmodernismo (Martí y Enguix 2022). A través de dichas fuentes, irá avanzando el curso posthumanista que comenzará a plantearse cuestiones fundamentales como ¿Qué es lo humano? ¿Qué diferencia al hombre de los otros entes? ¿Dónde empieza la Naturaleza y dónde acaba la Cultura? En cierto modo, el posthumanismo se enfocará en pulverizar dichas fronteras artificiales creadas por el humanismo clásico, oponiéndose a la sociología clásica que consideraba que solo el humano tenia agencia, es decir, la capacidad de influir, de modificar, y a la vez que dicha cualidad era de carácter intencional (Martí 2021); sin embargo, la sociología posthumanista, liderada por Anthony Giddens (3) considerará que cualquier cuerpo tiene capacidad para vehicular agencias, incluyendo en ello tanto a animales, plantas, objetos como ideas (Martí y Enguix 2022).

El posthumanismo, bajo el influjo de Deleuze, considerará la necesidad de configurar nuevos conceptos a través de los cuales afrontar nuevas realidades (Martí y Enguix 2022). Dicha corriente es consciente de lo inevitable e imprescindible que es una reformulación conceptual al considerar que no hay nada fijo en una realidad marcada por múltiples matices y renovados fenómenos. A partir de dicha percepción, el posthumanismo comenzará a cuestionar y poner en duda la forma en que concebimos y pensamos lo que es humano (Martí 2021). En primer lugar, el posthumanismo rechazará el dualismo cartesiano el cual debe superarse, ya que el pensamiento dicotómico no tiene en cuenta los numerosos matices que encierra la realidad. Mientras que Descartes llevó a cabo una separación radical entre el Hombre y la Naturaleza; en cambio, la corriente posthumanista defiende que hay relaciones entre lo humano y el resto de la creación, entre la Naturaleza y la Cultura. Desde dicha perspectiva, se vendría abajo concepciones dicotómicas como la que se ha dado entre Civilización y Barbarie que ha sido explotada en profundidad para el análisis de la narrativa latinoamericana (4).

¿A qué conducirá la superación del dualismo cartesiano con el que se originó la chispa del pensamiento occidental moderno? Por un lado, a tener en cuenta de que los dualismos suelen ignorar lo que hay entre los dos polos borrando de un plumazo todos los matices que se puedan dar. Por otro lado, a tomar conciencia de que el pensamiento binario suele poner uno de los polos por encima de otro (Martí 2021). En el caso, del humanismo clásico coloca al ser humano por encima de cualquier manifestación de la naturaleza. Respecto a ello, se ha de tener en cuenta la consideración de Rosi Braidotti la cual afirma que “no se trata de eliminar la diferencia, se trata de hacer una lectura positiva y afirmativa de la diferencia”. Por ello, el objetivo del posthumanismo es desencializar, poniendo el foco no en qué son las cosas sino cuáles son los efectos dentro de esta escala de grises que no tenía cabida en el pensamiento dualista.

Para encarar una nueva realidad y a la vez hacerla perceptible es imprescindible configurar un nuevo lenguaje, tal y como ha llevado a cabo la corriente posthumanista a través de su Glosario Posthumanista (2018) coordinado por Braidotti y Hlavajova. Dicha corriente no es sólo una disciplina investigadora sino que es a la vez una ontología que pretende mostrar cómo somos en el mundo, una epistemológica ya que es una teoría del conocimiento y, por último, alcanza un talante tanto ético como político con su conciencia ecologista (Martí 2021). En su epicentro no se enfoca tanto en los fenómenos en sí sino en las relaciones que se dan entre ellos, ya que el posthumanismo considera que “no estamos en el mundo, sino que somos el mundo” (Martí 2021). Dentro de “ser en el mundo” las nuevas configuraciones de lo humano deben siempre de tener en cuenta las relaciones con la tecnología, animales, ambientes y todo tipo de ecosistemas.

El pensamiento posthumanista se ha reflejado cada vez con más intensidad en la corriente científica y artística de hoy en día con películas como Border (2018) de Ali Alabasi que expone una búsqueda en la renovación de lo humano, ya que en su tema central se interroga cómo se cuestiona la condición humana y su relación con la Naturaleza. De este modo, conecta con las transhumanities que proponen nuevas lecturas mediante la transformación de las disciplinas humanísticas bajo la perspectiva posthumanista con la pretensión de una exploración de nuevas formas de existencia más allá de lo humano entendido como centro y medida de todo (Braidotti y Hlavajova 2018).

La reflexión desarrollada en Border viene dada desde una perspectiva alejada del humanismo clásico, ya que la protagonista, Tina, es una especie de trol que al inicio de la película no tiene conciencia de su origen no humano, a pesar de ello muestra una postura moral dominada por la empatía que supera la de la gran parte de los seres humanos de su comunidad. Dicha situación conduce a pensar ¿dónde se pone el límite de lo humano? Ante dicha interrogación, se produce un cuestionamiento de lo que se considera “normalidad” humana. En este caso, desde la “otredad” representada por Tina, marcada tanto por sus particularidades físicas como por la percepción de su cualidad olfativa para detectar sentimientos como el remordimiento, el miedo o la maldad, lleva al espectador a plantearse cuestiones básicas como ¿dónde se encuentra la cualidad de lo humano? ¿En lo físico o en lo moral? En su forma de proceder ya sea ayudando a sus vecinos cuando después de una dura jornada de trabajo decide llevar al hospital a una vecina que se encuentra embarazada, ya sea en la forma cómo respeta y se comunica con los demás miembros del bosque, la protagonista muestra un elevado grado de calidad moral. Dicha sensibilidad moral contrasta, en cambio, con la bajeza moral de humanos de su entorno que, entre otras atrocidades, se dedicarán a abusar de bebés. Por tanto, es Tina quien demuestra un mayor humanismo entendido como valor ético; no así, Vore, el trol que revelará el origen de Tina, el cual se encontrará dominado por pulsiones de venganza ante la muerte de sus padres provocada por experimentos humanos que le condujo a pasar su infancia entre orfanatos, así como por el hecho de haber recibido un trato marginal por ser considerado diferente.

Desde la presentación inicial de Tina ya se muestra su respeto a su entorno natural al colocar un insecto en una rama con una enorme delicadeza. Dicha actitud abierta y comunicativa ante los animales que le rodean se mantendrá en su relación con el bosque y con las criaturas que lo habitan. Tina demuestra de forma progresiva una mayor conexión con la Naturaleza que con la sociedad en la que se ve obligada a convivir. En este caso, se da una visión de la Naturaleza no como algo salvaje a dominar, como si se tratase de una dualidad antagónica entre Civilización y Barbarie, sino como un espacio de verdad y autenticidad. Dicha comunicación con su entorno natural será compartida por su pareja Vore con el cual ambos recorrerán desnudos el bosque estableciendo una conexión especial con todas sus criaturas. De este modo, Tina se encontrará más a gusto en lo natural que en lo social. Por tanto, la película muestra cómo la civilización humana ha roto un vínculo esencial con la Naturaleza, reemplazándolo por normas artificiales. Con ello, se conecta con lo expuesto por Freud en El malestar de la cultura que consideraba que la civilización había permitido la convivencia social a través de reprimir pulsiones básicas del individuo, de ahí, que se produjera neurosis en el sujeto al ver coartada su naturaleza primigenia con el objeto de hacer posible la convivencia entre los individuos.

Con ello nos adentramos en la relación que se ha establecido entre Naturaleza y Cultura conduciéndonos a la siguiente coyuntura ¿son términos enfrentados que se excluyen el uno al otro? O, en cambio, ¿pueden ser compatibles e integrarse? En el film, el vínculo entre Naturaleza y Cultura no aparece como una oposición maniquea, sino como un conflicto interno y social que atraviesa a Tina. En Border se cuestiona la oposición del humanismo clásico donde se consideraba que lo “natural” era inferior y primitivo; en cambio, lo “cultural” era lo moral o civilizado. En asuntos como el abuso de bebés, se subraya que la verdadera violencia puede estar en la cultura; no, en la naturaleza. Desde una perspectiva posthumanista, la Naturaleza y la Cultura no son presentados como dos polos separados, sino como fuerzas en tensión dentro del individuo ya que, por un lado, la cultura puede alienar y reprimir y, por otro lado, la Naturaleza puede ser una vía hacia la verdad, aunque, a veces, resulte perturbadora.

En este vínculo entre la Naturaleza y la Cultura se muestran dos perspectivas distintas mientras que Tina intenta construir una ética propia, combinando su naturaleza con valores aprendidos de su entorno cultural; en cambio, Vore defiende una vuelta a lo instintivo y natural de forma radical, ya que se encuentra movido por la venganza y el odio contra la raza humana. Si en un principio, el encuentro entre Tina y Vore provoca en la protagonista un reconocimiento de su naturaleza primigenia, así como una mayor hermandad con todos los seres y elementos del bosque compartiendo dicha complicidad con su pareja Vore; en cambio, la protagonista se irá alejando de él cuando compruebe que la ética de Vore deja bastante que desear, ya que ha optado por hacer todo el mal posible a los humanos como respuesta a todo lo que sufrió en su infancia.

Tina está profundamente conectada con lo natural ya que posee una sensibilidad casi animal, su cuerpo y su identidad biológica la sitúan fuera de lo que se considera convencionalmente humano. Su figura representa lo instintivo, lo salvaje y lo animal. Desde la perspectiva posthumanista, lo animal no se entiende como lo opuesto al humano sino que ha sido empleado como una categoría construida que ha servido históricamente para definir y jerarquizar lo humano (Braidotti y Hlavajova 2018). En el humanismo clásico, se había llevado a cabo una división artificial y jerárquica donde lo humano se vinculaba con lo racional en un estatus superior y, en cambio, lo animal con lo instintivo y con un rango inferior (5). Tina en su comunicación directa con la Naturaleza lleva a cabo una continuidad biológica, afectiva y cognitiva que procede de su parte animal. Desde dicho punto de vista, lo animal abre una ética más amplia, ya que no se centra únicamente en humanos. Por tanto, los animales no son objetos pasivos sino agentes con capacidad de afectar y ser afectados (Martí 2021).

Ali Abbasi no sólo muestra la parte idílica de la naturaleza sino también su ambigüedad, incluyendo tanto lo auténtico como lo monstruoso. Dicho lado oscuro viene dado tanto por la inclusión en la trama de la figura de Vore como por el hecho del abuso sobre los bebés. Todo ello, nos conduce a una pregunta clave: ¿la moral es algo inherentemente humano o es una imposición cultural? ¿Qué se puede calificar como verdaderamente monstruoso? Desde el humanismo clásico, lo monstruoso se asocia con todo aquello que es rechazado por la humanidad; sin embargo, en el entorno de Tina, son precisamente los seres humanos quienes comenten los actos más monstruosos si se juzga desde una vertiente ética. La monstruosidad muestra su rostro más crudo cuando Vore confiesa a Tina que se dedica a ayudar a los pedófilos investigados a encontrar bebés para que comentan sus atrocidades que graban en vídeo. Debido a ello, se produce una auténtica tragedia interior para Tina, ya que su pareja, la cual le descubrió su auténtica naturaleza biológica, guardaba un lado monstruoso que ya sospechó en su primer encuentro en el control de aduanas a través del olfato de Tina.

Border redefine tanto lo monstruoso como la humanidad. Mientras que lo monstruoso deja de ser una cuestión de forma para pasar a ser una construcción social; en cambio, la humanidad deja de ser una condición biológica para convertirse en una cuestión moral. En verdad, lo monstruoso no es parecer diferente, sino actuar sin empatía. Desde dicha perspectiva, el verdadero monstruo no es Tina, sino las personas que carecen de empatía en su relación con su entorno. En este caso, la protagonista muestra una mayor empatía, cuidado y sentido de la justicia que gran parte de sus conciudadanos. Por tanto, lo que se declara como “monstruoso” o “inhumano” es una convención de lo que rechaza cada cultura. En cambio desde la perspectiva posthumanista, el “monstruo” o lo “inhumano” no se entiende como algo aterrador o anormal, sino como aquello que desborda, desafía o rompe los límites de la concepción que se considera humano desde el perfil del humanismo clásico En los parámetros del antropocentrismo, lo animal y lo hibrido suelen clasificarse como “inhumano” (Braidotti y Hlavajova, 2018). Sin embargo, en el pensamiento posthumanista, lo “inhumano” no se ve únicamente como una amenaza, sino como una fuente de transformación, una forma de superar el antropocentrismo y una vía para imaginar nuevas formas de existencia ¿Qué revela la calificación de monstruoso desde una convección dominante del humanismo clásico? Por un lado, excluye muchas formas de vida y subjetividad y, por otro lado, dicho concepto se construye dejando fuera lo “otro”. Por tanto, lo calificado como “monstruoso” acaba encerrando un rechazo de lo que es diferente o de todo aquello que conduce a enfrentarse al abismo de uno mismo.

Con la aparición de Vore se produce un conflicto interno en Tina: ¿Debe continuar integrada en la sociedad humana o aceptar su diferencia? Desde el posthumanismo, se cuestiona la idea fija de lo “humano” al considerar que lo humano no es una esencia, sino una construcción social ¿Se puede considerar que lo humano se encuentra en un estrado superior? ¿Cuál ha sido la repercusión para el planeta el hecho de que la humanidad lo haya dominado como especie hegemónica? Debido a las consecuencias nefastas provocadas por la explotación humana, se ha propuesto el concepto de antropoceno para referirse a la época geológica en la que la acción humana se ha convertido en una fuerza dominante capaz de alterar los procesos fundamentales del planeta en sectores como el clima, los ecosistemas, los ciclos bioquímicos y la biodiversidad (Parikka 2018). Dicha realidad constatada con el cambio climático conduce a replantear la posición del ser humano en la Tierra ya que la crisis ecológica exige pensar en relaciones complejas entre humanos, tecnología, animales y sistemas planetarios. En este caso, el respeto ético y la empatía que muestra Tina hacia la Naturaleza se ha de considerar como un ejemplo a seguir por parte de la humanidad que ha explotado de forma masiva los recursos planetarios siguiendo las directrices del sistema capitalista. Para su propia supervivencia, el ser humano debe ser consciente de que es vital cambiar su vínculo con el ecosistema planetario, ya que la situación actual conduce a un proceso irreversible que provocará la imposibilidad de la vida en el planeta Tierra. Es fundamental que el ser humano entienda que la Naturaleza no es un fondo pasivo que se encuentra a manos de la explotación económica llevada a cabo por el hombre y, al mismo tiempo, el hecho de que los elementos materiales (ríos, piedras, cuerpos, residuos y clima) tienen agencia. Para ello, la humanidad debe de reconocer la existencia de toda una red de relaciones entre humanos y no humanos, adentrándose en percibir y comprender cómo interactúan humanos, animales, objetos y entornos. A través del concepto Material Ecocriticismo se denota un giro clave a la hora de concienciarse de cómo la materia misma participa en la producción de sentido (6) (Iovino y Oppermann 2018).

El posthumanismo apuesta por eliminar todo pensamiento que se basa en dualismos antagonistas, ya que el dualismo es una forma de simplificar una realidad que en el fondo presenta más matices. En la relación de pareja que se da entre Tina y Vore pretende poner en entredicho la concepción binaria tradicional entre lo masculino y lo femenino. El director lo hace en la explicita relación sexual que se dan entre ambos, ya que en ella trastoca los roles sexuales de una mentalidad tradicional, donde lo femenino se asociaba con la vagina y lo masculino con el pene. En este caso, es Tina quien fecunda la vagina de Vore que dará luz a un Hiisit. De nuevo, Ali Abbasi nos enfrenta a la ruptura con una concepción tradicional que el espectador habitual suele tener asumida, con el objeto de que pulverizándole los esquemas de su pensamiento pueda visualizar más posibilidades que las que ofrece la mentalidad binaria.

Si se analiza el pensamiento moderno de Occidente, se sacará la conclusión que el dualismo forma parte de nuestra mirada ontológica de la realidad (Martí 2021). Dicha dualidad se ha aplicado para separar la mente y la materia, otorgando a cada una de ellas un rol distinto, ya que mientras la mente es la que conoce; en cambio, la materia constituye la que es conocida. Con ello se establece una rígida separación entre el observador y lo observado como si fuesen realidades totalmente independientes (Martí 2021).

El hecho de entender la realidad a partir de sólidas oposiciones binarias incluye un grado de valoración entre los dos conceptos antagónicos tomados como referencia. En el caso de la mentalidad cartesiana, la superioridad de la mente sobre la materia que caracterizará al humanismo antropocéntrico. Al mismo tiempo, este tipo de dualismo suele ocultar todo lo que se encuentra entre los dos polos de las dicotomías que se establecen.

Nuestra forma de percibir la realidad desde el prisma occidental ha consistido en simplificar una realidad compleja creando dicotomías como la de “hombre” y “mujer” o la separación entre lo “humano” y lo “animal”. Dicho pensamiento dicotómico es puesto en tela de juicio en Border ya que frente a la supuesta uniformidad dicotómica del pensamiento occidental, opone la hibridez donde las fronteras entre los conceptos se diluyen. A través de lo híbrido se combate la visión maniquea del dualismo. Desde la mentalidad posthumanista, la hibridez no es una anomalía; sino que concibe que la propia realidad es híbrida por naturaleza (Martí 2021). Por eso, el hecho de haber empleado una ontología dualista ha hecho que el mundo sea observado como un otro objetivado y despersonalizado. Un ejemplo de ello, es la oposición binaria que ha caracterizado el dualismo entre Cultura y Naturaleza que ha supuesto el predominio de una relación de dominación, subyugación y expropiación entre el Sujeto y el Objeto. Desde dicha visión conflictiva, la Naturaleza se ha reducido a materia prima para la humanidad. Sin embargo, la mentalidad ecocrítica exige un giro de timón a la hora de establecer una nueva relación con la Naturaleza para preservar nuestra propia existencia. Se ha de combatir la “ontología de la dominación“ predominante desde la explosión de la Revolución Industrial la cual ha conducido a una explotación exacerbada del medioambiente y a un colonialismo que se ha ejercido sobre otros seres humanos y territorios. Dicha epistemología de la modernidad sustentada en la distinción entre Naturaleza y Cultura se pretendió imponer como universal a través del dominio político-económico occidental (Latour 1993).

Dicha separación entre Naturaleza y Cultura se viene abajo a través de conceptos como el Antropoceno donde se tiene en cuenta que los seres humanos, a lo largo de su existencia, han modificado y continúan variando las condiciones geológicas del planeta desde su propia aparición en la era del Pleistoceno. Una separación que viene marcada por un profundo antropocentrismo que se desarrolló en Europa, especialmente, a partir de la Ilustración. Por tanto, tal y como subraya Marshall Sahlins en La ilusión occidental de la naturaleza humana: “La civilización occidental se ha construido a partir de una idea equivocada y perversa de la naturaleza humana”. En este caso, se hace imprescindible una nueva dimensión del humanismo que tenga en cuenta las complejas e innumerables interrelaciones entre flujos energéticos que adquiere forma de infinitas maneras dentro del constructo constituido por el continuo de la Naturaleza y la Cultura que Donna Haraway denomina “naturacultura”(7) y, en su caso, se encuentra representada a través de la figura del cíborg.

En definitiva, tanto en la Naturaleza como en la Cultura todo se encuentra interconectado, tal y como se muestra a través de la mirada de Tina que vive siempre con sus sentidos abiertos y en contacto con su entorno natural. Debido a la situación actual de alarma ecológica en nuestro planeta, es vital para la humanidad una nueva forma de concienciación que nos permita corregir los errores de la mentalidad dual cartesiana y antropocéntrica que se ha encontrado marcada por un interés de dominación que justificase el colonialismo tanto a la Naturaleza como a otras razas para el desarrollo del sistema capitalista actual que nos ha conducido a una enorme degradación de los ecosistemas debido a una explotación exacerbada. Dicha forma excluyente y jerarquizada del pensamiento occidental debe ser sustituida por una ética ecológica que establezca una nueva mentalidad que permita un nuevo código de conducta frente a todo nuestro entorno natural y, al mismo tiempo, abandone todos los valores que estrictamente se han basado en una ganancia económica. De nuestra renovada forma de percibir y relacionarlos con nuestro entorno natural que forma parte de nosotros mismos dependerá nuestra futura supervivencia como especie.

Notas al pie:

(1) Dicha idea se encuentra expuesta en el pensamiento de filósofos como Giorgio Agamben, Michel Foucault, Hannah Arendt o Herbert Marcuse, entre otros.

(2) En este caso, nos centramos en los siguientes conceptos: Monster/The Inhuman, Antropocene, Transhumanites/Posthumanism, Animal y (Material) Ecocriticism.

(3) Anthony Giddens (1938) sociólogo británico conocido por la teoría de la estructuración, que une agencia individual y estructura social.

(4) La ecocrítica ve la clásica oposición entre Civilización y Barbarie como una construcción ideológica profundamente ligada al antropocentrismo y al proceso colonial. Dicha oposición no es neutral, sino que constituye la subordinación tanto de culturas como de ecosistemas, al presentar la civilización como el camino a seguir a la hora de dominar una naturaleza que es presentada como hostil para la comunidad humana.

(5) Dicha dualidad entre o racional y lo animal ya se daba en la filosofía platónica. Para Platón, el alma racional buscaba el conocimiento del mundo inteligible, mientras que el cuerpo se asociaba con la parte animal. Platón veía el cuerpo como una prisión del alma, limitando su capacidad de contemplar las ideas verdaderas.

(6) De este modo, la materia adquiere valor como agente narrativo ya que es vista como portadora de historias (stories matter). Se abre la posibilidad de nuevas interpretaciones, ya que se considera que un paisaje contaminado puede contar la historia del capitalismo industrial.

(7) Dicha propuesta teórica busca derribar la dicotomía tradicional que separa la “naturaleza” (lo biológico, lo dado) de la “cultura” (lo humano, lo construido).

 

Bibliografía:
Abbasi, Ali. (Dir). Border (Gräns). Suecia – Dinamarca. Meta Film Stockholm, 2018. Movistar Plus +.
Braidotti, Rosi y Hlavajova, Maria. Posthuman Glossary. Londres: Bloombury Academic, 2018.

Freud, S. El malestar de la cultura. Amorrotu, 1992.
Latour, Bruno. Nunca hemos sido modernos. Madrid: Debate, 1993.
Martí i Pérez, Josep. Naturaleza y cultura: un entresijo que viene de lejos. FUOC. s.f.
Martí i Pérez, Josep y Enguix, Begonia [en vídeo]. El posthumanismo. FUOC, 2023.
Sanhins, Marshall. La ilusión occidental de la naturaleza humana. Barcelona: Virus, 2025.
Stolcke, Verna. “Prólogo”. En: Ventura i Oller, Montserrat; et al. Humanidad. Categoría o condición. Un viaje antropológico. Barcelona: Edicions Bellatera, 2018. P. 11-12.
Ventura i Oller, Montserrat et at. “Humanidad antropología de un concepto”. En: Ventura i Oller, Montserrat et al. Humanidad. Categoría o condición. Un viaje antropológico. Barcelona: Edicions Bellaterra, 2018, p. 13-37.

 

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