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¿Qué diferencias hay entre La Ilíada y La Odisea?

Pública

La Ilíada y La Odisea se encuentran vinculadas a la figura de Homero que las escribió en el s. VIII a.C. Ambas obras pertenecen al mismo universo heroico y mitológico; sin embargo, presentan mundos distintos. En La Ilíada se relata un episodio de la Guerra de Troya, la cólera de Aquiles, que gravita sobre el conflicto bélico, la muerte y el honor público. Frente a ello, La Odisea narra el regreso de Odiseo a Ítaca enfocando su temática sobre la identidad, la familia y la supervivencia. Por lo tanto, ambas obras a pesar de que compartan personajes y la cosmovisión micénica plantean distintas preguntas. En La Iliada, se intenta mostrar ¿Cómo debe morir un héroe? Una muerte heroica en la guerra otorgará al individuo una fama inmortal. Dicha premisa se pondrá en duda en La Odisea, ya que cuando Odiseo visite el Hades, Aquiles le confesará que prefiere ser el último de los hombres antes que el primero en el Reino de los Muertos. De este modo, La Odisea traslada la cuestión a ¿Cómo puede un héroe volver a vivir entre los hombres cuando regresa a su localidad natal? Las desventuras de Odiseo y las problemáticas por recuperar el trono de Ítaca junto a su esposa Penélope será el camino mostrado por Homero en su narración.

La Ilíada se encuentra enfocada en Troya, ya que narra un episodio del conflictos entre troyanos y aqueos que ya se alargada hasta casi una década por el rapto de Helena. Toda la narración se sitúa en un espacio geográfico que comprende el campamento, las murallas, el campo de batalla, la asamblea, el combate y, finalmente, la muerte fuera del hogar. En cambio, en La Odisea cobra una importancia prioritaria el viaje, lo que abre el espacio a la narración. Odiseo atraviesa mares, islas y pueblos diferentes, debido a la necesidad de recuperar su trono en su isla natal. Para ello, Odiseo tendrá que poner en práctica toda su astucia que será el principal rasgo de su carácter como ya se mostró en la propia Guerra de Troya ideando el caballo de Troya que les permitió introducirse en dicha ciudad. Dicha cualidad contrasta con la de Aquiles que es el centro de La Ilíada cuyas principales atributos son la fuerza, el valor y la superioridad en combate. No obstante, la cólera será la que le lleve a una muerte en combate.

Respecto al tema de la muerte, tanto La Ilíada como La Odisea dan dos respuestas diferentes ante la mortalidad. En primer lugar, en La Ilíada, Aquiles acepta morir para que permanezca su nombre a lo largo de la Historia. Enlaza directamente con el motivo griego de la «bella muerte» (kalos thánatos) o la muerte célebre (eukleés thánatos). Para los antiguos griegos, el alma común que viajaba al Hades se convertía en una sombra vaga, inconsistente y sin rostro. La única manera real de vencer la finitud humana y alcanzar una forma de inmortalidad era a través del kleós áphthiton (la gloria imperecedera). En este caso, morir de forma valerosa en el campo de batalla garantizaba que las hazañas del héroe fueran cantadas por los poetas y recordadas por las generaciones futuras. Morir joven en combate, como se da con Aquiles o Héctor, transfiguraba el cuerpo del guerrero. En lugar de un cadáver consumido por los años, el héroe que caía de forma gloriosa era recordado eternamente en la plenitud de su belleza y vigor físico, convirtiendo el trauma de la muerte violenta en un ideal estético y moral. Frente a todo esto parece replicar La Odisea, ya que su protagonista lucha por permanecer vivo y recuperar su nombre. Ante todo, lo más importante es estar vivo tal y como expresa Aquiles en su conversación con Odiseo.

La narración de La Ilíada se encuentra dominada por un mundo fundamentalmente masculino y guerrero; en cambio, La Odisea concede más peso estructural al espacio doméstico y, por lo tanto, entra en juego los personajes femeninos que alcanzan un enorme peso específico como es el caso de Penélope, Circe, Calipso, Nausícaa, Euriclea y Atenea. Respecto a la cuestión familiar, ambas obras entre sí presentan un movimiento narrativo inverso ya que en La Ilíada a pesar de que se inicia ya in media res respecto a la Guerra de Troya antes se ha producido el desmembramiento familiar de todos los guerreros aqueos para poder acudir a la guerra que ha desembocado en destrucción; sin embargo, en La Odisea se produce el proceso inverso ya que de la familia desintegrada pasamos a la reconstrucción llevada a cabo por Odiseo en su regreso a Ítaca cuando es capaz de recuperar el trono junto a su hijo Telémaco.

Debido a que La Ilíada se asienta en un espacio bélico es lógico que predominen los guerreros, el ejército, las armas y los combates en una narración que se ajusta a la épica bélica; sin embargo, en La Odisea encontramos cíclopes, gigantes, hechiceras, monstruos masivos, sirenas, viajes al Hades que se acercan más a un relato de aventuras donde predomina lo maravilloso. Respecto a la cuestión temporal, La Illíada comienza ya en el décimo año de guerra y se centra únicamente en uno de los episodios de dicho conflicto; en cambio, La Odisea guarda una relación más compleja con el tiempo. En la propia narración del regreso de Odiseo se pasa del presente al pasado y de nuevo al presente en su regreso a Ítaca. La Odisea se encuentra constituido por 24 cantos en los que se pueden distinguir tres grandes bloques narrativos. El Canto I constituye el prólogo y el planteamiento que se inicia diez años después de la caída de Troya. Odiseo se encuentra retenido por la diosa Calipso. Mientras que en Ítaca el palacio de Odiseo está ocupado por los pretendientes. Odiseo ha sido incapaz de regresar a su isla de origen. En el Olimpo, Atenea decide ayudar tanto a Odiseo como a su hijo Telémaco. El 1º bloque se encuentra constituido por la Telemaquia (cantos I-IV) que es el viaje de Telémaco para conseguir noticias de su padre. La 2ª parte se encuentra constituida por las aventuras de Odiseo y se divide en dos bloques que abarcan del canto V al XII. En los cantos del V – VIII que se desarrollan en el presente se nos informa del cautiverio de Calipso a los feacios. Durante el canto VIII, el aedo Demódoco canta episodios de la Guerra de Troya, entre ellos, el episodio del caballo de Troya. Odiseo rompe a llorar y cuenta su propia historia entre los cantos IX y XII, de este modo, nos trasladamos al pasado donde Odiseo se convierte en narrador de sus propias aventuras. Odiseo retrocede casi diez años y cuenta lo sucedido desde su salida de Troya. Ya desde el canto XIII hasta el XXIV retorna al presente, centrándose en el retorno de Odiseo a Ítaca. Dicha parte se encuentra dividida en tres bloques  constituidos por el ocultamiento y la preparación de Odiseo para volver a Ítaca y recuperar su trono (cantos XIII-XVI), los reconocimientos y la tensión con los pretendientes (cantos XVII-XX) y, finalmente, la venganza (cantos XXI-XXII) con la recuperación violenta del palacio. En el canto XXIII se produce el reconocimiento definitivo de Penélope y el último canto se centra en la restauración del orden donde Atenea interviene para establecer la paz entre Odiseo y los familiares de los pretendientes que clamaban venganza. Por lo tanto, la Odisea mantiene una relación más compleja con el tiempo, lo que le da un carácter más novelesco.

Respecto a los personajes protagonistas, mientras que en La Ilíada Aquiles sabe perfectamente quien es. Su conflicto únicamente es decidir cómo actuar de acuerdo con su identidad heroica cuando llegue el momento. A pesar de que abandona momentáneamente la lucha por la afrenta de Agamenón quien le quitó a su esclava Briseida, volverá a Troya para vengar la muerte de Patroclo de ahí que tenga que vengarlo dando muerte a Héctor. En cambio, en La Odisea el protagonista debe continuamente ocultarse y recuperar quién es. Odiseo va tomando múltiples personalidades para salvar con ingenio todas las dificultades, ya desde declararse como «Nadie» ante Polifemo, hasta ser un náufrago desconocido o un mendigo en su regreso inicial a Ítaca. Al final con la recuperación de su trono, vuelve a ser Odiseo nuevamente.

Mientras La Ilíada se pregunta ¿Qué vale una vida cuando sabemos que vamos a morir? En este caso, el sentido se encuentra en la defensa del honor, en conseguir la gloria y en anclarse en la memoria de los hombres. En cambio, La Odisea se interroga por ¿Qué queda de nuestra identidad después de haber cambiado, sufrido y estado lejos de la patria durante años? Ahora el sentido se halla en un regreso en el que se produzca el reconocimiento y la reconstrucción del hogar. Dicha realidad está asociada con el concepto griego de Nóstos (regreso) que hace referencia al retorno de un guerrero después de una guerra. No es sólo un regreso geográfico, sino que debe recuperar su patria, su casa, su esposa, su hijo, su autoridad, su nombre y su identidad. Volver a integrarse en el mundo que anteriormente a su marcha le pertenecía. Es decir, la recuperación de su Okros concepto griego que incluye la idea de hogar asociada a la familia, la propiedad, el patrimonio, los servidores y la continuidad familiar. En este caso, el principal objetivo de Odiseo es recuperar su Okros lo que permitirá recobrar su Tiné (honor o reconocimiento social que corresponde a la posición y excelencia de una persona) y preservar su Kléos que hace referencia a la gloria y fama que permanece después de una acción heroica especialmente la que circula mediante el relato y el canto, tal y como le otorga la propia conservación del libro de Homero hasta nuestros días.

En definitiva, La Ilíada y La Odisea representan dos concepciones complementarias del heroísmo y de la condición humana en el mundo griego. Mientras que La Ilíada es fundamentalmente la epopeya de la guerra, el honor, la gloria y la conciencia de la muerte; en cambio, La Odisea constituye la epopeya del regreso, la supervivencia, la inteligencia y la recuperación de la identidad. Aquiles encarna el héroe que acepta sacrificar su vida para alcanza una fama inmortal (kléos); en cambio, Odiseo representa al hombre que, después de experimentar el sufrimiento y los límites de la gloria, aspira a recuperar su hogar (nóstos) y su lugar entre los seres humanos. Si La Ilíada muestra cómo la búsqueda del honor puede del honor puede conducir a la destrucción de los vínculos humanos; sin embargo, La Odisea narra el esfuerzo de reconstruirlos. La Ilíada convierte la muerte en el horizonte inevitable de la grande heroica; La Odisea reivindica el valor de la vida mortal, la memoria, la familia y la pertenencia. En última instancia, Homero parece plantear dos preguntas esenciales y contrapuestas. En La Ilíada  se interroga ¿Por qué se merece la pena morir? y en La Odisea ¿Por qué merece la pena vivir? De este modo, los dos poemas constituyen una reflexión conjunta sobre la existencia humana donde, por un lado, la gloria puede preservar nuestro nombre después de la muerte y, por otro lado, son los vínculos afectivos, la experiencia y el reconocimiento de los otros los que otorgan sentido a nuestra vida.

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