Esclavitud y Revolución: la distancia abismal entre la teoría y la praxis
Pública Karl Marx siempre estuvo atento al abismo existente entre los ideales revolucionarios (teoría) y el hecho de llevarlos a cabo en su integridad para lograr transformarlos en realidad histórica (praxis). Para concienciar sobre dicha situación, tuvo como referencia histórica la mayoría de las revoluciones que se produjeron en toda Europa a partir de la Revolución Francesa y, a la vez, apuntó a la necesidad de eliminar la inmensa brecha entre teoría y praxis con el objeto de que la utopía comunista cuajase en una plenitud real.
Entre los referentes del pasado en los cuales se hacía evidente que la realidad histórica no se había alcanzado del todo, destacaba el de la Declaración de los Derechos Humanos del Hombre fechada el 26 de junio de 1789; pero cuyos principios no se habían aplicado íntegramente en la Europa de la época del Manifiesto comunista (1848). A la vez, la inmensa sima existente entre la aprobación de las leyes abolicionistas y la continuación de la trata de esclavos era una muestra sintomática de la disparidad entre la ideología ya hecha ley y su puesta en práctica para su pleno cumplimiento. De este modo, resulta paradójico que sea precisamente en la 1ª mitad del s. XIX cuando se produzca el apogeo del sistema esclavista (1) justo después de que años atrás explotasen las Revoluciones de EEUU y Francia que precisamente habían abogado por la igualdad entre los ciudadanos.
Cabría preguntarse cuáles fueron las causas por las que se produjo un auge de la trata de esclavos justo en el momento en el que se producía la extensión de ideas liberales que abogaban por una igualdad legal (2). En primer lugar, se ha de tener en cuenta que cuando una nueva ideología irrumpe con fuerza, oponiéndose al pensamiento tradicional, en la mayoría de las veces hay un período de inestabilidad e indefinición en el cual se produce un vaivén hasta que alcanza la legitimidad absoluta y se aplica en su integridad (Bayly, 2010), así ocurrió tanto en la transición del Antiguo Régimen al Nuevo Régimen, la cual tardó décadas en asentarse en su totalidad en los países europeos, como también en la práctica de la legalidad abolicionista que tuvo que enfrentarse contra la mentalidad tradicional de una sociedad esclavista como la de los estados sureños de EEUU. En los inicios de las leyes abolicionistas, tanto en Francia como en los estados sureños, los sistemas legales tradicionales no sólo no quedaron obsoletos, sino que el poder legislativo tradicional se reinventó con el objeto de justificar la esclavitud y con ello mantenerla viva, al ser una pieza fundamental en su economía, ya fuese de ámbito tradicional como el cultivo de grandes plantaciones propia de los estados sureños, ya fuese de ámbito capitalista que, de este modo en sus colonias, se beneficiaba de mano de obra gratuita logrando una de sus metas: reducir al máximo los costes de producción.(3).
¿A qué tradición se aferraban los esclavistas para justificar su antigua legalidad frente a la prohibición de la esclavitud surgida con las ideas del Nuevo Régimen? En los países de tradición occidental, los esclavistas escarbaron en la tradición clásica poniendo como referencia a la sociedad de la Grecia Clásica y apoyándose en una autoridad como Aristóteles el cual justificaba la esclavitud dentro del contexto de su época, mientras que en el apartado legislativo se aferraban al derecho romano (Bayly, 2010). En otras zonas como el Oriente Próximo y Asia, la permisividad de la esclavitud adquiría un talante religioso como en el caso del Islam, que la legitimaba entre los prisioneros de guerra, o el Budismo con su doctrina del Karma (Bayly, 2010).
El caso más paradójico en el abismo existente entre la igualdad legislativa y la práctica de la esclavitud sin duda correspondió a los EEUU ¿Por qué siendo EEUU el referente de la modernidad con su Constitución cuya convivencia social se basaba en la igualdad vio aumentar el número de esclavos en los estados del Sur de 700.000 en 1790 a casi 4 millones en 1860? (4) Para comprenderlo en profundidad, se ha de tener en cuenta que en los estados sureños (5), la esclavitud constituía el auténtico motor de una economía basada en su mayoría en una agricultura de grandes plantaciones de monocultivo destinados a la exportación. De este modo, a través de la esclavitud se obtenía la mano de obra necesaria, la cual escaseaba, para el avance de una economía capitalista global que demandaba cada vez más el aumento de la producción ante un mercado internacional en constante expansión. Por ello, historiadores como Robert Fogel y Stanley Engerman (6) insistieron en el hecho de que la esclavitud persistió en los estados sureños debido a que sus extensas plantaciones de monocultivo se adaptaron mejor a la producción en constante aumento que exigía el mercado global capitalista, siendo mucho más productivas que la forma de cosechar de las reducidas plantaciones de los estados del Norte de los EEUU limitadas al consumo del mercado interior.
Otra causa de la pervivencia de la esclavitud en EEUU la debemos bosquejar en el peso específico de la mentalidad tradicional de los estados sureños que también dejó su huella en el marco jurídico de la revolución de los EEUU en el cual se garantizaba únicamente la libertad de los hombres blancos, lo que hacía que la población afroamericana no fuera considerada legalmente ciudadanos de pleno derecho. Dicha mentalidad retrógrada en los estamentos sureños se negó a desaparecer del todo aferrada a un pasado idílico cuyo discurso, alentado por la clase gobernante, idealizaba el orden jerárquico anterior entre el amo y los esclavos (7). Esta ideología anclada en el pasado chocaría con la visión de progreso de los estados norteños desembocando en la Guerra de Secesión (1861-1865).
Si tanto en la Revolución estadounidense como en la francesa no tuvieron efectos prácticos la idea de igualdad respecto a un fenómeno como la esclavitud ¿Qué revoluciones posteriores tuvieron un talante profundamente antiesclavista? (8) Sin duda, la principal referencia en dicho aspecto corresponde a la revolución producida en la colonia francesa de Saint-Domingue (1791-1804) que acabará con la proclamación de la independencia haitiana como la 1 ª República negra y el 1º país en abolir el sistema de esclavitud. Tal y como señala Jürgen Osterhammel (9) en el germen de la revolución haitiana se amalgamaron tres revoluciones de distinto talante que incluyeron la de los grandes blancos en su intento de destronar a los funcionarios reales, la lucha de la gens de couluer de acabar con la dominación de los blancos y, por último, el levantamiento de la población esclava, que quintuplicaba a los otros dos sectores (10), por lograr su libertad. Bien se puede afirmar que en el caso de la revolución haitiana se cumplió plenamente la praxis teniendo en cuenta las premisas abolicionistas las cuales condujeron a la pulverización de todo un sistema social basado en castas siendo sustituido por el marco de una sociedad igualitaria. Después de dicho logro ¿qué impacto real tuvo la revolución de Haití en los países de su entono regional? (11).
A pesar de que en sus inicios el triunfo de la Revolución de Haití provocó decenas de levantamientos de esclavos en EEUU, Cuba, Jamaica, las Antillas francesas y Brasil, convirtiéndose en la gran referencia en la lucha contra las sociedades esclavistas; en cambio, nunca se llegó a consolidar en otros territorios, ya que los gobiernos coloniales endurecieron sus medidas de control ante posibles brotes revolucionarios (12). Debido a ello, en el balance inicial de la revolución haitiana su triunfo no sólo adelantó en su momento la abolición de la esclavitud en las colonias francesas, sino que más bien la atrasó hasta el punto de que no se haría oficial en la legislación francesa hasta 1848. Dicha situación deja patente la brecha temporal entre la primera vez que se anunció la teórica abolición de la esclavitud de la mano del gobierno jacobino en 1794 y su puesta en práctica definitiva con la llegada de la II República francesa en 1848. Dicho desfase cronológico entre teoría y praxis también ocurrió en Gran Bretaña considerada la cuna del abolicionismo cuyos primeros brotes se datan de 1787 a través de la denuncia de los cuáqueros cuyos esfuerzos permitió que su movimiento se hiciese un hueco en el Parlamento Británico en 1807 hasta lograr en 1834 la aprobación definitiva de la abolición de la esclavitud en el Imperio Británico, al menos, de forma oficial.
Dicha brecha temporal entre el marco teórico y la praxis legislativa tanto en Francia como en Gran Bretaña demuestra que la esclavitud pervivió en marcos constitucionales de tendencia universalista e incluso una vez abolida adquirió otras formas vinculadas la mayoría de las veces con la política de explotación colonial ¿De qué forma pervivieron situaciones esclavistas en sociedades que habían abolido la esclavitud? (13) Por ejemplo, en EEUU, después de la Guerra de Secesión, el hecho de que la libertad jurídica lograda por los esclavos negros no se viera acompañada de unas condiciones sociales que les permitiese una emancipación económica, les condujo a aceptar condiciones similares a su anterior estado de esclavitud (14). Al mismo tiempo, la explotación colonial combinada con la expansión de la economía capitalista a la búsqueda de mano de obra prácticamente gratuita condujo a 4 millones de malayos, cingaleses, chinos y japoneses a ser explotados en condiciones esclavistas en trabajos vinculados con obras públicas, extensas plantaciones y extracciones mineras (Bayly, 2010). Dicho fenómeno surgido tras la abolición del comercio de esclavos fue conocido como el de los culíes el cual se extendió durante todo el s. XIX e incluso, en la India, su contratación no estuvo abolida hasta 1917.
La brecha entre la teoría y la praxis también hizo acto de aparición en la desaparición de la legislación feudal que se dio en los primeros momentos de la Revolución Francesa y que luego se extendió por Europa en las posteriores revoluciones decimonónicas como fue el caso de la de 1848 la cual supuso la abolición de la servidumbre en el Imperio de los Habsburgo; sin embargo, todo ello no supuso el final de la explotación del campesinado que llegó a unos extremos intolerables en las plantaciones del Imperio Ruso. A pesar de que en 1861 Alejandro II firmó la abolición definitiva de la condición servil, las situaciones paupérrimas del campesino ruso continuaron perviviendo siendo una de las causas que desembocó en los enfrentamientos de la Revolución Rusa de 1905 (15).
Sin duda, fue en la práctica de la explotación colonial donde se hizo más evidente la contradicción entre las metrópolis regidas por la idea de igualdad y democracia y, en cambio, unos territorios colonizados los cuales eran explotados sin tener en cuenta la nueva legislación. Un caso sintomático de dicho horror se produjo en el Estado libre del Congo, colonia personal del rey Leopoldo II de Bélgica entre 1885 y 1908. Durante 1891 y 1906 las compañías privadas, con la excusa de una labor civilizadora, gestionaron dichos territorios sin apenas interferencia judicial. El resultado fue la explotación, hasta límites insospechados, de los nativos para recolectar el caucho a bajo precio y maximizar beneficios. Debido a ello se produjo un descenso de la población nativa de hasta 10 millones de personas (16). Con ello, se volvía a demostrar la ambigüedad existente entre los límites que separaba la Civilización de la Barbarie, tema tan recurrente en la realidad histórica y literaria de Latinoamérica, como si fuese un grabado goyesco que nos recuerda que los sueños de la razón también produce monstruos.
A pesar del desfase evidente que existió entre la teoría revolucionaria y la abolición práctica de la esclavitud, en la época de Karl Marx y durante todo el s. XIX, que dejó patente el abismo existente entre teoría y praxis, se ha de reconocer que los ideales revolucionarios y abolicionistas guiaron el camino que condujo a la conciencia necesaria para transformar progresivamente la eliminación de la esclavitud en realidad histórica, logrando la condena legal y persecución moral de la esclavitud como un hecho irrefutable; no obstante, se ha de tener en cuenta de que no ha desaparecido del todo, ya que todavía a día de hoy afecta a unos 50 millones de persona en todo el mundo, según datos de la Organización Internacional del Trabajo (OIT). En la actualidad, la esclavitud no está permitida legalmente en ningún país; pero, sin embargo, se camufla bajo redes delictivas, presiones económicas extremas y la falta de regulación en cadenas de suministro de productos de consumo diario. Todavía existe una gran brecha entre teoría y praxis.
Notas al pie:
(1) Bayly, C.A. “El reverdecer de la esclavitud”. En: Bayly, C.A. El nacimiento del mundo moderno, 1780-1914. Madrid: Siglo XXI, 2010, p. 472-481. ISBN 9788432313257. p. 472.
(2) La pregunta central del ensayo se encuentra constituida: ¿Por qué en un momento de extensión de las ideas liberales renació la esclavitud en determinadas regiones del mundo?
(3) Hobsbawn, Eric. La era del capital 1848-1875. Barcelona: Crítica, 1998. ISBN 84-7423-873-0
(4) Bayly, C.A. “El reverdecer de la esclavitud”, p. 476
(5) Vinculada con la pregunta: ¿Cómo pudo sobrevivir la esclavitud en manos constitucionales de tendencia universalista como EEUU?
(6) Fogel, R y Engerman S. Time on the Cross: The economics of American Negro Slavery (wih a New Afterword), ed. W.W. Norton & co, 1989 ISBN: 0393306208
(7) Bayly, C.A. “El reverdecer de la esclavitud”, p. 477.
(8) Cuestión básica para comprobar el abismo entre la teoría y la praxis respecto a la cuestión de la esclavitud.
(9) Osterhammel, Jürgen. “Revoluciones. De Filadelfia a San Petersburgo pasando por Nankín”. En: Osterhammel, J: La transformación del mundo. Una historia global del siglo XIX. Barcelona: Crítica, 2015, p. 730-810. ISBN 9788498928693, p. 751-752.
(10) Datos Richardson, 1992; 166: colonos blancos 30.000; libertos negros y mulatos 28.000 y esclavos negros 452.000.
(11) Se encuentra tratada con detalle en la novela El siglo de las luces (1962), de Alejo Carpentier.
(12) Osterhammel, Jürgen. “Revoluciones. De Filadelfia a San Petersburgo pasando por Nankín”, p.755.
(13) Asociada con la cuestión: ¿Sobrevivieron de otras formas de vinculación a la tierra o de trabajo no libre (servidumbre, reparto de indios, etc.) en los regímenes constitucionales?
(14) Osterhammel, Jürgen. “Revoluciones. De Filadelfia a San Petersburgo pasando por Nankín”, p.789-790.
(15) Bayly, C.A. “Los campesinos que se libraron”. En Bayly, C. A. El nacimiento del mundo moderno, 1780-1914. Madrid: Siglo XXI, 2010, p. 488-489. ISBN 9788432313257.
(16) Hotchschild A. King Leopold´s Ghost: A Story of Greed, Terror and Heroism in Colonial Africa. 2006, pp.225 ISB 978-1-74329-160-3
Bibliografía
Bayly, C. A. “El reverdecer de la esclavitud”. En: Bayly, C. A. El nacimiento del mundo moderno, 1780-1914. Madrid: Siglo XXI, 2010, p. 472-481. ISBN 9788432313257.
Bayly, C. A. “El campesino y el trabajador rural vistos como siervos”. En: Bayly, C. A. El nacimiento del mundo moderno, 1780-1914. Madrid: Siglo XXI, 2010, p. 481-488. ISBN 9788432313257.
Bayly, C. A. “Los campesinos que se libraron”. En: Bayly, C. A. El nacimiento del mundo moderno, 1780-1914. Madrid: Siglo XXI, 2010, p. 488-489. ISBN 9788432313257.
Hobsbawn, Eric. La era de la Revolución, 1789-1848. Barcelona: Crítica, 1998, ISBN 84-7423-855-2.
Hobsbawn, Eric. La era del capital, 1848-1875. Barcelona: Crítica, 1998, ISBN 84-7423-873-0.
Osterhammel, Jürgen. “Revoluciones. De Filadelfia a San Petersburgo pasando por Nankín”. En: Osterhammel, Jürgen. La transformación del mundo. Una historia global del siglo XIX. Barcelona: Crítica, 2015, p. 730-810. ISBN 9788498928693.
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