Principios naturalistas en los Pazos de Ulloa (Emilia Pardo Bazán)

Pública

1.- Introducción

La definición del Naturalismo como movimiento literario originó múltiples discusiones entre los críticos literarios de la 2ª mitad del s. XIX. Entre las diferentes opiniones sobre la escuela surgida a partir de los textos teóricos de Zola , sobresaldrá la visión de Clarín que entendió el Naturalismo como una “escuela literaria que nos muestra un posible sendero estético a través del cual reproducir artísticamente el fluir de la vida”, alejándose de los críticos que lo redujeron a una mera traslación al ámbito literario de las premisas científicas expuestas por Claude Bernard en su Introduction à l´ etude de la médecine experiméntale, donde se divulgaban los grandes éxitos de las ciencias positivas apoyadas en la observación y en la experimentación.

La crítica literaria que subordinaba la novela naturalista al pensamiento positivista se hacía eco de las ideas expuestas por Zola en Le roman experimental en la cual establecía una estrecha relación entre su obra artística y el pensamiento positivista. Según Zola, la novela naturalista debía estar vinculada a una finalidad científica ya que su función primordial estaba supeditada a desentrañar la psicología del ser humano y, al mismo tiempo, debía analizar las relaciones que se establecían entre el individuo y su medio social. De esta forma, el novelista francés otorgaba al género novelístico un papel paralelo al realizado por la antropología y la sociología. Este pensamiento se halla en desacuerdo con las ideas de Leopoldo Alas Clarín y Emilia Pardo Bazán que entendían que cualquier creación artística debía estar regida por una finalidad meramente estética, desvinculándose de la función demostrativa a la cual estaba condenada la novela naturalista respecto a los yugos científicos. Teniendo en cuenta dicha premisa, se invierte la relación establecida entre la ciencia y la literatura ya que, de este modo, son los pensamientos científicos los que se subordinan a la creación literaria. El novelista apoyándose en la observación y en la experimentación debe ser capaz de crear un universo novelístico que transmita al lector una sensación de encontrarse frente a un mundo autónomo reflejo de la morfología de la vida. Por eso, esta monografía pretende demostrar, en primer lugar, que Pardo Bazán ha sido capaz de construir una atmósfera novelística donde se muestra el “train-train” de la vida y, en segundo lugar, el dominio de los intereses estéticos sobre los meramente científicos. Para conseguirlo, Pardo Bazán se ha apoyado en principios naturalistas con los cuales ha configurado las relaciones que se establecen entre los personajes y los medios ambientales donde transcurre la ficción novelística, los caracteres de los personajes que se ciñen a una lógica interna de los antecedentes insertados en el relato, la creación de una sociedad rural y otra urbana donde deambulan múltiples personajes y unas descripciones que guardan unas funciones determinadas en la novela. Asimismo, he hecho especial hincapié en el empleo de técnicas descriptivas como la animalización y el dato físico que tiene en cuenta la clasificación psicológica realizada por Heymans. Por último, he resaltado la incidencia del conocimiento científico que se ha utilizado con el objeto de constituir los caracteres de los personajes y, al mismo tiempo, he destacado la aparición de referencias directas asociadas con la ciencia en las opiniones del narrador o de algún personaje como el doctor Máximo Juncal.

2.- Monografía

El primer detalle que permite asociar Los Pazos de Ulloa (1886) con la narrativa naturalista consiste en la descripción pormenorizada de los medios ambientales donde se desarrolla la acción narrativa. Su intención de plasmar la relación de los principales protagonistas con su entorno social se observará en sus esfuerzos por reflejar con enorme precisión la sociedad gallega tanto en su ámbito rural (Ulloa) como en el urbano (Santiago de Compostela). En este caso, la escritora gallega se ha basado en la observación, uno de los principales métodos de la estética naturalista, con la intención de extraer los rasgos caracterizadores de una realidad que conocía perfectamente, poniéndolos al servicio de la ficción literaria.

En Los Pazos de Ulloa cobra una función básica la naturaleza salvaje del entorno, puesto que su influencia sobre los personajes es preponderante a la hora de constituir su forma de ser. De esta forma, aplica el pensamiento darwinista que trata sobre la adaptación e influencia del medio sobre los individuos y las especies. La naturaleza deja de ser un mero marco narrativo para irse convirtiendo progresivamente en un personaje que tendrá una incidencia decisiva sobre todos los demás. Por ejemplo, el medio ambiente hace su propia selección dividiendo a los entes de ficción en los que se ajustan a la figura del hombre identificado con la tierra bárbara y primitiva, caracterizado por la fuerte constitución y su falta de moral, y en aquellos que se asocian al ser humano débil marcado por su pobre contextura física (Julián y Nucha).
Pardo Bazán, apoyándose en las perspectivas de los personajes que se encuentran en un medio hostil a su educación y sensibilidad, acentúa el clima de violencia y brutalidad que reina en Ulloa. La visión negativa del párroco Julián aparece apuntada desde el inicio de la novela, ya que su llegada a la localidad rural se muestra a través de una descripción que se centra en resaltar una atmósfera siniestra en la cual predominan las ruinas y el abandono. De este modo, nos sitúa en un mundo narrativo que se halla en plena decadencia y putrefacción cuya máxima expresión se manifestará en el estado deplorable y desolador en el que se halla la mansión del Marqués:

“Aquella vasta extensión de terreno debía haber sido en otro tiempo cultivado con primor y engalanada con los adornos de la jardinería simétrica y geométrica cuya moda nos vino de Francia. De todo lo cual apenas quedaban vestigios: las armas de la casa, trazadas con mirto en el suelo, eran ahora intricado matorral de bojes, donde ni la vista más lince distinguiría rastro de los lobos, pinos, torres almenadas, roeles y otros emblemas que campeaban en el preclaro blasón de los Ulloas;(…)”.

El desorden reinante en el exterior del pazo estará en plena consonancia con la dejadez y el abandono de su interior como observamos en el estado caótico en el que se encuentran los archivos de los Ulloas a través de los cuales el narrador nos informará de los antepasados del marqués con el objeto de configurar la personalidad de dicho personaje. Respecto al estado deplorable de los archivos, cabe destacar su paralelismo con la situación en la que se encuentra el desván de la casa del Señor de la Lage. Al mismo tiempo, la novelista introducirá numerosos objetos con la intención, por un lado, de hacer respirar al lector la atmósfera de decadencia sufrida por el linaje de los Ulloas y, por otro lado, se convertirán en rasgos caracterizadores de los personajes como se observa en el primer encuentro entre Julián y el Marqués, donde su escopeta sirve para reforzar la impresión de corpulencia y brutalidad del segundo:

“Protegían sus piernas recias polainas de cuero, abrochadas con hebillaje hasta el muslo; sobre la ingle derecha flotaba la red de bramante de un repleto morral, y en el hombro izquierdo descansaba una escopeta moderna, de dos cañones.”

La descripción urbana actúa como contraste frente a la sociedad salvaje de Ulloa. Pardo Bazán sustenta su visión de la ciudad compostelana en tres pilares constituidos por la casa del señor de la Lage, el casino y el espacio exterior (alameda o paseos, calles y monumentos,…). En las novelas naturalistas y realistas de la época, el casino se convirtió en el lugar predilecto para reflejar la vida social, puesto que en España fue un espacio de encuentro público en el cual se comentaban los últimos sucesos y escándalos. Su función en la novela es informarnos sobre cuestiones íntimas vinculadas con la familia del señor de la Lage. A través de sus clientes, conoceremos datos tan importantes como las cualidades físicas de sus hijas, sus relaciones sentimentales y la posible herencia de cada una de ellas. En este caso, las habladurías del casino se convertirán en un factor vital cuando D. Pedro se decida por Nucha en el instante de contraer matrimonio. De esta forma, Pardo Bazán refleja el condicionamiento de la presión social sobre el individuo, estableciendo una interrelación entre la forma de actuar de los personajes y los límites que les van marcando las convenciones sociales. Por otro lado, la introducción del ambiente urbano sirve para invertir las situaciones que habían vivido los personajes ya que, en este caso, será el Marqués el que se tenga que enfrentar con un medio ambiental al cual no estaba acostumbrado. Su falta de adaptación se plasmará en su decisión de retornar a Ulloa cuya sociedad conectaba mejor con su forma de ser. De nuevo, el narrador se apoyará en la perspectiva del personaje inadaptado a la hora de realizar las descripciones del entorno social donde ha situado la narración.

La configuración del medio social tanto en la vida urbana como en la rural se realiza a través de descripciones que nos recuerdan a los cuadros de costumbres practicados, sobre todo, en la literatura de la 1ª mitad del s. XIX, adelantándose a la importancia que cobrará la observación en el ámbito narrativo del realismo y del naturalismo. En este caso, sobresale la escena vinculada con la descripción de la festividad del patrón de Naya, donde con unas pinceladas precisas consigue captar el ambiente festivo característico de una zona rural de Galicia. Asimismo, Pardo Bazán apoyándose en la voz narrativa del narrador inserta en el relato el paralelismo existente entre la precisión descriptiva del escritor costumbrista y el realismo de la escuela pictórica flamenca:

“Si se encontrase allí algún maestro de la escuela pictórica flamenca, de los que han derramado la poesía del arte sobre la prosa de la vida doméstica y material (…) ¡cuán digna de su pincel encontraría la escena de rozagante apetito, de expansión del estómago, de carrillos hinchados y tragos de mosto despabilados al vuelo, que allí se representó entre bromas y risotadas!.”

Por otro lado, dicha reunión festiva permite al narrador introducir personajes (el doctor Máximo Juncal, el notario y juez de Cebre, el señorito de Limioso, el sobrino del cura de Boán y el cacique Barbacana) que, por un lado, irán configurando la sociedad de los Pazos de Ulloa y, por otro lado, tendrán una función decisiva en los episodios dedicados exclusivamente a las elecciones electorales, donde la novelista se insertará plenamente en la situación política teniendo en cuenta el contexto histórico en el cual se desarrolla la ficción novelística. Será frecuente la referencia a determinados acontecimientos históricos entre los cuales sobresale el comentario realizado por el narrador sobre la expulsión sufrida por Isabel II a consecuencia de la revolución liberal de 1868 con la cual empezaría el “sexenio revolucionario” que conduciría a un enfrentamiento aferrador entre carlistas, unionistas y republicanos. El cambio producido en la situación política llevará al cacique conservador Barbacana a apoyar a los carlistas y a su contrincante Trampeta a abrazar ideas liberales, aunque el único interés de ambos vendrá dado por su ambición de conseguir el control político de su localidad. Al mismo tiempo, expone la postura tomada por los representantes eclesiásticos en el marco de la Revolución de 1868 mostrando la irrupción del clero en la vida política al temer un recrudecimiento de la desamortización como había ocurrido en el gobierno de Mendizábal (1837).

El intento de recrear la atmósfera social de la Galicia rural conducirá a tratar inevitablemente el tema del caciquismo con el objeto de denunciar la corrupción política en la tierra natal de la escritora, donde todavía pervivía una mentalidad feudal como se observa en la actitud del Marqués respecto a los campesinos de la zona. Así pues, Pardo Bazán logra engarzar a la perfección el hecho histórico con el mundo de ficción recreado en la novela consiguiendo una configuración extremadamente exacta de la ambientación de la época. De este modo, conecta plenamente con la idea clariniana sobre el naturalismo entendido como una escuela literaria caracterizada por una preocupación apremiante por la realidad, lo que obliga al novelista a ceñirse al tiempo histórico acotado por el relato y a ser coherente a la hora de reflejar la forma a través de la cual los acontecimientos históricos repercuten sobre la personalidad de los personajes. En este caso, resulta lógico que el Marqués de Ulloa apoye a Barbacana ya que su mentalidad aristocrática conectaba perfectamente con los ideales defendidos por los carlistas. Su marcada conciencia de clase ya se había expuesto como el principal motivo a la hora de tomar la decisión de abandonar Santiago de Compostela y regresar a sus dominios, puesto que el Marqués no aceptaba la nivelación social que supondría quedarse a vivir en casa del señor de la Lage. Del mismo modo, su mentalidad tradicionalista había quedado patente cuando eligió a Nucha como esposa, debido a que no había mantenido relaciones con ningún hombre. Su concepción de la honra ya hace previsible su reacción final cuando se le insinúe la posible relación amorosa entre Julián y Nucha:

“La hembra destinada a llevar el nombre esclarecido de Moscoso y a perpetuarlo legítimamente había de ser limpia como un espejo (…). Entendía don Pedro el honor conyugal a la manera calderoniana, española neta, indulgentísima para el esposo e impecable para la esposa.”

Con el tema de la honra, Pardo Bazán se introduce en la moral farisea que domina a casi todos los personajes de su novela. Únicamente quedarán a salvo Julián y Nucha caracterizados por una extremada sensibilidad que contrasta con la brutalidad de la sociedad de los Pazos. Esta afinidad de carácter hará que en su relación se acreciente un vínculo cada vez más estrecho según vaya progresando la acción. En este caso, el narrador se apoyará en la clasificación realizada por Heymans a la hora de describir las cualidades síquicas de ambos que se ajustan al temperamento linfático-nervioso. Por tanto, Pardo Bazán emplea el conocimiento científico con la finalidad de configurar ambas personalidades, apoyándose en el dato físico que sirve para reflejarnos tanto su textura anatómica como su funcionalidad fisiológica. De esta forma, establece una interrelación entre el espíritu y la moral ya que su afinidad síquica se corresponde con la integridad moral de ambos. Este hecho hace que se encuentren totalmente marginados en una sociedad caracterizada por individuos totalmente amorales. Finalmente, la integridad humana de ambos será vencida por la presión social que los condenará por un adulterio que no han cometido:

“A Julián le ayudaba en su triunfo, amén de la gracia de Dios que él solicitaba muy de veras, la endeblez de su temperamento linfático-nervioso, puramente femenino, sin ardores ni rebeldías, propenso a la ternura, dulce y benigno como las propias malvas (…)”

El doctor Máximo Juncal será el personaje que defina el talante linfático-nervioso de Nucha cuando la examine antes del parto. En todos los juicios valorativos realizados por el doctor se vislumbra la influencia del pensamiento científico de la época. A través del narrador, se informará al lector de su lectura de El origen de las especies de Darwin. Igualmente, el pensamiento darwinista estará presente en el momento que enjuicie la labor del ama o describa la fortaleza de las aldeanas que contrasta con la debilidad de las mujeres educadas en las ciudades.

Los otros dos personajes entre los cuales se establece una relación estrecha son Perucho y la hija de Nucha los cuales simbolizan el instinto caracterizado por la inocencia; en cambio, los demás personajes son un reflejo instintivo de la Naturaleza salvaje de los Pazos. El máximo exponente será Primitivo cuyo dominio total sobre la comarca simboliza el control absoluto del medio natural sobre los individuos. Pardo Bazán recurre a la animalización, rasgo característico de la novela naturalista la cual pretendía reflejar la “bestia humana”, como recurso descriptivo para subrayar la relación existente entre el físico de los personajes y su forma de comportarse. Este rasgo caracterizador de los personajes de Ulloa aparecerá en toda su plenitud cuando el narrador nos muestre la brutalidad del Marqués, la carnalidad de Sabel, el instinto felino de Primitivo o el aspecto siniestro del arcipreste y su hermana:

“(…) con la lentitud y el balanceo con que caminan los osos puestos en dos pies, una pareja de dos seres humanos monstruosa, deforme, que lo parecía más viéndola así reunida el Arcipreste y su hermana.”

Por un lado, la animalización va estrechamente ligada con la ausencia de sentimientos propios del ser civilizado; sin embargo, otras veces, las actitudes infrahumanas vendrán dadas por el instinto de supervivencia que conecta con la idea darwinista de la lucha por la vida. En este caso, el instinto hace acto de presencia debido a que las necesidades fisiológicas del ser humano lo arrastran a tomar una conducta propia de los animales. Un claro ejemplo se encuentra constituido por la escena donde Perucho se une a los perros que estaban devorando la comida lanzada por Sabel. Asimismo, la animalización alcanzará tal importancia en el relato que incluso será empleada a la hora de nombrar determinados objetos o elementos aparecidos en el relato. En este caso, destaca la mansión del Marqués que será identificada con una huronera.
La caracterización de los personajes también tendrá en cuenta los factores de la herencia genética asociados directamente con la teoría evolucionista de Darwin que hacía especial hincapié en la transmisión de rasgos hereditarios entre los miembros de una misma especie o estirpe. Esto se hace patente en la insistencia del narrador por subrayar el parecido físico entre Sabel y Perucho o entre el Marqués de Ulloa y el Señor de la Lage:

“Viéndoles juntos, se observaba extraordinario parecido entre el señor de la Lage y su sobrino carnal: la misma naturaleza prócer, las mismas proporciones amplias, la misma abundancia de hueso y fibra, la misma barba fuerte y copiosa.”

La mentalidad científica alcanzará su máxima expresión con la figura del doctor Máximo Juncal. Su personalidad corresponde a la del individuo que intenta buscar una explicación científica a todos los fenómenos naturales que suceden a su alrededor. Según el doctor, la realidad se halla regida por un sistema de leyes que puede ser descifrado a través de la ciencia. Su automatismo científico se hará presente en el momento que justifique la fortaleza del ama de cría encargada de cuidar a la hija de Nucha, basándose en el pensamiento de Taine que establece una relación estrecha entre la raza y la zona geográfica. Con este personaje, Pardo Bazán pretende criticar tanto a los novelistas como a los individuos que consideran la posibilidad de encerrar en un sistema filosófico la realidad inabarcable. De esta forma, incide en su ataque dirigido al naturalismo ortodoxo expuesto en “La cuestión palpitante”. Por otro lado, el doctor Máximo Juncal empezará a tener un peso específico en la novela cuando Nucha caiga enferma. El tratamiento narrativo dado a la evolución de la enfermedad coincide con el de las novelas de Zola las cuales están plagadas de personajes marcados por enfermedades físicas y síquicas, adentrándose plenamente en el estudio de los casos patológicos. En todo momento, el narrador realizará continuas referencias sobre las repercusiones de su enfermedad neurótica tanto en el ámbito físico como en el psíquico. La influencia naturalista se muestra, sobre todo, en la enorme cantidad de detalles caracterizados por una precisión entomológica y la aparición de tecnicismos correspondientes al ámbito de la medicina.

Pardo Bazán tendrá en cuenta la evolución en la sicología de los personajes según vaya transcurriendo la acción narrativa, ciñéndose a la lógica interna que irán marcando los diferentes acontecimientos de la novela. De esta forma, se alejará de los personajes prototípicos que no sufrían ningún cambio en su personalidad durante toda la narración. Tanto la novela realista como la naturalista incidirán en la progresión en la personalidad de los entes de ficción con la finalidad de plasmar con mayor exactitud la evolución en la forma de ser de los individuos. En “Los Pazos de Ulloa”, la progresión del estado anímico del párroco Julián será narrada con todo lujo de detalles al pasar de su esperanza inicial en conseguir civilizar y llevar la moral cristiana a la casa del marqués al desengaño final que será consecuencia de su derrota frente a la condición salvaje del entorno de Ulloa. Dicha progresión no se producirá de una forma lineal debido a que habrá momentos en los cuales creerá haber conseguido llevar la decencia a la mansión del Marqués, sobre todo, cuando regrese a Ulloa y se encuentre con una atmósfera donde aparentemente reina el orden. Asimismo, en su regreso a Ulloa en el último capítulo, el narrador incidirá con sumo detalle en los cambios físicos que han sufrido los personajes en estos últimos años. Por tanto, Pardo Bazán se interesará por remarcar la evolución sicológica y los cambios en el aspecto físico de los personajes.

Zola hablará del “temperamento” con la finalidad de referirse a la necesidad de un estilo que debía aspirar a la búsqueda de un lenguaje que reflejase con suma fidelidad la realidad lingüística de los personajes la cual estaba subordinada a su condición social y al ambiente donde se desarrolla la acción narrativa. En este caso, Pardo Bazán seguirá la premisa zolesca como se observa en la introducción de numerosos galleguismos (diaño, pucho, rivieirana, ferrados, pazos,…), préstamos, expresiones o variantes ideológicas exclusivas de la zona gallega consiguiendo dar al relato un valor más genuino. Al mismo tiempo, destaca la presencia de vulgarismos, distorsiones sintácticas, prótesis vocálicas que serán recurrentes en los personajes de la novela caracterizados por un escaso nivel cultural. Así pues, el intento de reflejar la sociedad rural gallega hará imprescindible un tratamiento específico del lenguaje que se debía atener obligatoriamente a la situación lingüística de la zona geográfica del relato.

Según Clarín, la posible relación existente entre la ciencia y la novela naturalista se hallaría en su objetivo de mostrar el fluir de la vida con una cierta objetividad. El principal rasgo narrativo que delata dicho propósito será la utilización del narrador omnisciente con el cual se trataba de borrar cualquier huella ideológica del autor. Por tanto, los novelistas naturalistas debían dejar a un lado sus convenciones morales y existenciales en su objeto de reflejar su entorno social de la forma más exacta posible. Sin embargo, en los “Pazos de Ulloa”, los comentarios y el tratamiento que da el narrador a los personajes de Julián y de Nucha sacan a la luz la ideología cristiana de la novelista gallega. Este detalle sirve para demostrar que su vínculo con la escuela naturalista tiene que ver, principalmente, con el plano estético; pero, no con el ideológico ya que no comparte el fatalismo naturalista de Zola y sus seguidores.

3.- Conclusión

Pardo Bazán ha empleado principios naturalistas subordinándolos a la creación artística. La simbología dominante en el último capítulo de la novela y el lirismo de ciertas descripciones en las cuales muestra la belleza del paisaje gallego, nos revelan la importancia que ha concedido al factor estético. Su concepción de la novela se aleja de la visión propia de los defensores del naturalismo ortodoxo que entendieron este movimiento literario como el terreno más propicio para poder explorar la conciencia del individuo con una meta meramente científica. Sin embargo, Pardo Bazán concibe que cualquier creación artística debe ser juzgada únicamente por valores estéticos optando por el realismo que otorgaba mayor permisividad creativa al artista. Por tanto, el juicio valorativo de Los Pazos de Ulloa no se debe centrar en sus rasgos naturalistas, sino en su interés artístico.

4.- Bibliografía
– Alas “Clarín”, Leopoldo, Selección de ensayos, Madrid, Círculo de Amigos de la Historia, 1974, 1ª.
– Pardo Bazán, Emilia, La cuestión palpitante, Santiago de Compostela, Anthropos, 1989.
– Pardo Bazán, Emilia, Los Pazos de Ulloa, Madrid, Castalia, 1999, 2ª ed.
– Zola, Émile, El naturalismo, Barcelona, Península, 1989, traducción de Jaume Fuster.

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