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La descolonización de Argelia: una realidad histórica huidiza de la dualidad antagónica

Pública

Con frecuencia el fenómeno de la descolonización masiva ocurrido después de la 2ª GM se ha tendido a reducirlo a un enfrentamiento dual entre la metrópolis colonizadora y los autóctonos independentistas que luchaban por la libertad dentro del contexto histórico de la Guerra Fría que, a su vez, se vio abreviada a un conflicto bipolar entre dos ideologías antagónicas representadas por las dos Superpotencias surgidas de la 2ª GM constituidas por los EEUU y la URSS. Sin embargo, un acercamiento detallado al proceso de descolonización de Argelia hace añicos ambas dicotomías con las que se ha querido sintetizar en exceso el Orden Mundial surgido desde la posguerra de la 2ª GM hasta la desintegración de la URSS.

La reducción del proceso de descolonización a un enfrentamiento entre un bando constituido por la metrópolis que aspira a mantener su colonia y el otro bando formado por los colonos nacionalistas que luchan por lograr su independencia no tiene cabida en la Guerra de Argelia (1954 – 1962), ya que en dicho conflicto se enfrentaron tres frentes que a su vez guardaban en su seno mismo ideologías enfrentadas. Para entender mejor dicha singularidad, se ha de tener en cuenta que desde 1848 Argelia era considerada jurídicamente territorio francés. Por ello, los colonos franceses en Argelia (pied-noirs) eran incapaces de disociar la Argelia francesa en dos estados distintos y, por lo tanto, no aspirarán a crear un estado propio, como se dio en la mayoría de los procesos de descolonización de la época (Stora, 2004). A la vez, la debilidad demográfica de los pied-noirs respecto a la población autóctona condujo a que fuese siempre indispensable la protección del ejército francés para apaciguar las revueltas nativas. A lo largo de la Guerra de Argelia, por tanto, entrarán en acción tres frentes constituidos por la República Francesa, la Argelia francesa y los nacionalistas argelinos cuya relación entre los distintos bandos irá variando conforme se vayan desarrollando los acontecimientos (Stora, 2004).

Según fue avanzando la Guerra de Argelia, la República Francesa varió su posición inicial marcada, en sus inicios, por aferrarse a mantener a toda costa la joya de su imperio colonial, lo que le condujo a un apoyo masivo a los pied-noirs al considerar Argelia territorio francés. No obstante, ya desde el principio, surgieron voces críticas desde dentro de Francia comandadas por intelectuales como Jean-Paul Sartre. En mayo de 1957 se producirá la caída del gobierno de Guy Mollet a causa de las presiones de partidos de derecha (entre ellos gaullistas y pujadistas) junto al rechazo de los comunistas franceses. La paralización política francesa agravada por el conflicto colonial argelino condujo a la presidencia al General De Gaulle quien convocó un referéndum el 28 de septiembre de 1958 que supuso el inicio de la V República Francesa. A partir de entonces, De Gaulle llevó a cabo un giro político respecto a la cuestión argelina ya que optó por la negociación en vez de continuar el conflicto bélico, lo cual fue visto como una traición a los ojos de los pied-noirs. A partir de entonces, los argelinos franceses se convirtieron en el bando enemigo de la República Francesa aplicando acciones terroristas contra los propios franceses a través de organizaciones como la Organisation armée secrète (OAS) y el Frente Nacional Francés (FNF) (Stora, 2004).

A partir de 1960 la suerte de la guerra se jugará en las negociaciones secretas entre el General De Gaulle y el líder nacionalista Mohamed Zamoun. Mientras la izquierda francesa y los universitarios multiplicaban su solidaridad con la causa argelina, De Gaulle entablaba diálogo con el Gobierno Provisional de la República Argelina (GPRA). Todo ello conducirá a De Gaulle a anunciar la convocatoria de un referéndum sobre la autodeterminación de Argelia para noviembre de 1960 (Stora, 2004), debido a ello se producirá la ruptura definitiva con los pied-noirs. Como respuesta, los argelinos franceses constituirán el Frente de la Argelia Francesa (FAF). De este modo, el conflicto de la Guerra de Argelia encaraba su tramo final con el inicio de las negociaciones de Évian el 7 de abril de 1961. Como resultado de ello, el 21 de abril se produjo el putsch de los generales considerado el último intento de los franceses argelinos por mantener su autoridad; sin embargo, se vendrá a bajo tras la denuncia de dicho complot por parte de De Gaulle. El 9 de septiembre de 1961 se llevará a cabo por parte de la OAS un atentado fallido contra el Presidente de la República Francesa. Por fin, el 7 de marzo de 1962 se iniciará la Conferencia de Évian que desembocará en el Referéndum sobre la independencia de Argelia celebrado el 1 de julio de 1962 donde el sí a la independencia fue apoyado por el 91´88 % de los votantes, lo que condujo a su declaración oficial el 5 de julio de 1962 por parte del GPRA (Stora, 2004).

Con la llegada de la independencia de Argelia salieron a la luz las grietas existentes en el bando independentista. A través de la propaganda, el Frente de Liberación Nacional había hecho creer a la opinión pública internacional que eran los únicos representantes de los intereses del pueblo argelino (Rivas, 2010). Sin embargo, la realidad era bien diferente ya que no sólo había distintos grupos ideológicos dentro del movimiento independentista argelino, sino que el propio FLN presentaba tres facciones distintas constituidas por el grupo de Tlemcen en torno a la figura de Ben Bella del cual formaba parte el ejército de la frontera comandado por Houari Boumédiènne, futuro presidente de Argelia entre 1965 y 1978, el grupo de Ouzou en torno a Boudaf y Belkaum Krim que recibía apoyo del Gobierno Provisional de la República de Argelia (GPKA) y, por último, los jefes de wilaya 4 que se consideraban la única autoridad en la capital, Argel (Meynier, 2004). Fue precisamente la marcha sobre Argel la que puso fin a la crisis política del FLN y ayudó a instalarse en el poder a los militares guiados por Ben Bella en 1963.

Resulta paradójico que el imperialismo de la nación en la que surgió la Revolución Francesa estuviese marcado por una esterilidad política que impidió que sus colonias alcanzasen un sistema plenamente democrático después de la descolonización, como sí ocurrió en gran parte de las colonias británicas (Algora, 2009). En el caso de la evolución de Argelia después de su independencia, se transmitió el enorme peso específico del poder militar que caracterizó a la administración colonial francesa, tal y como lo demuestra la instauración de un partido único encabezado por Ben Bella el cual fue derrocado por el militar Boumédiènne a través de un golpe de estado que le permitió ocupar la presidencia hasta el 1978. construyendo las bases del socialismo islámico y nacionalizando la explotación de los recursos más importante del país. En 1978 un nuevo golpe de estado comandado por el Coronel Chadli Bendjedid pondrá de manifiesto otra vez la importancia del ejército en la política argelina hasta el punto de desembocar en una Guerra Civil (1991 – 2002), tras las elecciones canceladas de 1991.

La independencia de Argelia entra de pleno en la 2ª etapa de la descolonización (1955-1975) acaecida después de la 2ª GM. El inicio de dicho proceso de descolonización coincidió con la Conferencia de Bandung (1955) considerada clave para el advenimiento del Tercer Mundo como fuerza política que rompería con la dinámica dual y bipolar entre las dos Superpotencias (Watson, 2009). Dicha conferencia acabaría por subrayar el respeto por la soberanía y la integridad territorial de todas las naciones. En ella, el FNL comenzaría su estrategia diplomática que sería clave para el triunfo de los independentistas argelinos frente al ejército francés y los cuerpos armados de los pied-noirs que contaban con una mayor infraestructura militar. El FLN encargado de los asuntos exteriores, comandado por Aït Ahmed, estableció contactos con los distintos gobiernos árabes para que llevaran su causa a las Naciones Unidas. En este caso, el apoyo de la ONU en favor del FLN fue clave para ejercer presión sobre Francia (Mazower 2018, 343). A la vez, el FLN acometió un papel importante en el surgimiento y desarrollo del movimiento de los Países No Alineados hasta el punto de que el GPRA participaría activamente en la Iª Conferencia de Países No Alineados celebrada en Belgrado en 1961 (Algora, 2009, 630). Después de lograr la independencia, el gobierno argelino siguió colaborando con cubanos, chinos y yugoslavos en el frente de la no alineación y, asimismo, con países africanos en la descolonización del África subsahariana.

La descolonización dio lugar a un mundo más heterogéneo derivando en la multiplicación de organizaciones internacionales que buscaban la defensa de sus intereses comunes como fue el caso de la Liga Árabe o la Organización para la Unidad Africana (OUA) de las que llegó a formar parte Argelia. A partir de la progresiva consecución de la independencia de las colonias comenzó el proceso que pretendía liberar a la ONU de las garras de las dos Superpotencias que habían intentado emplear dicha organización como organismo de control para sus intereses particulares, sobretodo, EEUU siendo la URSS su eterno opositor, dedicándose a vetar cualquier iniciativa que considerase que fortalecía a la ideología capitalista (Mazower, 2018). En este caso, Argelia se esforzó por intensificar el peso específico de los Países No Alineados en el Orden Mundial, pretendiendo resquebrajar el sistema dual de la Guerra Fría dando voz y voto a todas las nuevas naciones surgidas de la descolonización, así como las que pretendían evitar moverse bajo las directrices ya fuesen de los EEUU o la URSS. En su aparición la organización de los Países No Alineados contaba con 21 países llegando a aumentar su cifra hasta más de 100 países en 1991 justo el año del colapso de la URSS. Dicho dato indica cómo aumentó la complejidad de las relaciones internacionales las cuales ya no se podían reducir a la bipolaridad del inicio de la Guerra Fría. Entre los principios de los Países No Alineados destacaban apoyar los movimientos de liberación nacional y el hecho de evitar a toda costa de formar parte de una alianza unilateral con una de las dos Superpotencias (Algora, 2009).

¿Cuáles fueron las repercusiones del inicio de la Guerra de Argelia a mediados de los años 50 del s. XX? El conflicto tuvo ecos tanto nacionales como internacionales. Respecto a la República Francesa, le llevó a conceder la independencia a sus protectorados de Marruecos (1955) y Túnez (1956), ya que el país galo no podía cubrir todos los frentes abiertos, sobretodo, a partir del mazazo recibido por la pérdida de Indochina en 1954, a la vez le condujo a la intervención francesa junto a los británicos en el Canal de Suez (1956) con el objeto de cortar las provisiones que recibía Argelia, comenzó la aceleración de la descolonización del África subsahariana y abrió un enfrentamiento interno dentro del bloque de la OTAN entre los EEUU y Francia.

Siempre se han subrayado las grietas que existían en el bloque soviético que se iniciaron cuando la Yugoslavia de Tito decidió romper con la URSS de Stalin en 1947. Dichas fracturas aumentaron con la Revolución Húngara de 1956 y con el progresivo distanciamiento entre la China de Mao y la URSS de Jrushchov. Sin embargo, habitualmente se ha tendido a difuminar los enfrentamientos internos que se dieron entre los países que formaban parte de la OTAN, en este caso, entre el estado francés y los EEUU debido al doble juego diplomático de los estadounidense que, por un lado, financiaban a Francia para que se pudiese costear los gastos derivados de su guerra contra Argelia y, por otro lado, con su discurso anticolonialista pretendían impedir que los nacionalistas argelinos entrasen en la órbita soviética (Algora, 2009). Debido a ello, la Guerra de Argelia vino a poner de manifiesto que la Francia liderada por el General De Gaulle aspiraba a una Europa comandada por el estado francés que constituyese un bloque independiente tanto de EEUU como de la URSS (Keylor, 2006). Dichas desavenencias acabarían con la salida de Francia de la OTAN en 1965 a la vez que el país galo llevaría una política dirigida a reforzar cada vez más los organismos que apuntaban a la configuración de la CEE que ha desembocado en la UE actual la cual continúa batallando por alcanzar una voz propia dentro de la esfera internacional actual en la cual Europa sigue bailando al ritmo marcado por los estadounidenses en muchos aspectos de las relaciones internacionales.

Tanto los EEUU como la URSS no intervinieron directamente en la Guerra de Argelia, aunque ambos eran conscientes de la importancia estratégica y económica del Norte de África donde Argelia constituía una pieza clave. En este caso, mientras EEUU hacía un doble juego entre la financiación de sus países aliados que poseían colonias y el empleo de un discurso anticolonialista; en cambio, la URSS intentaba sumar a la causa comunista a los nuevos países surgidos de los procesos de descolonización, apoyándose en las ideas de Lenin que vinculaban el colonialismo al sistema capitalista. En este caso, cabe aclarar que el carácter revolucionario del FLN respondía más a su concepción anticolonialista que a la idea de una revolución obrera. Por ello, el principal organismo independentista argelino estuvo lejos de adoptar las ideas marxistas a la vez que nunca formó parte del movimiento comunista internacional; en cambio, sí que adaptó con eficacia el método de guerra revolucionaria instituido por Mao Tse-Tung (Rivas, 2010). El FLN optó por preparar actos terroristas en las grandes ciudades para alcanzar una mayor repercusión tanto en Francia como en su propio territorio, al mismo tiempo, que a través de una potente propaganda se dedicó a internacionalizar el conflicto franco-argelino. Sus mayores victorias vinieron dadas en la escena internacional (Rivas, 2010), hasta tal punto que la presión diplomática internacional condujo a la claudicación de la República Francesa.

En definitiva, si escarbamos en una realidad histórica en concreto como es, en este caso, el proceso de descolonización de Argelia descubrimos que los parámetros de dualidad que se han asociado con el Orden Mundial de la Guerra Fría, así como la dicotomía colonizador – colonizado cae por su propio peso ya que si profundizamos en las circunstancias y en los hechos la realidad histórica siempre escapa de antagonismos duales, así que el historiador debe ser capaz de visualizar siempre las infinitas gamas de grises que van del blanco al negro. En este caso, los tonos grisáceos de la Guerra de Algeria son capaces de resquebrajar la división simplista entre metrópolis y territorio colonizado como bloques monolíticos, así como una dualidad antagonista global de la Guerra Fría que fue un discurso reduccionista ya que, por un lado, hubo desavenencias en los propios bloques comandados por las dos Superpotencias, así como una realidad política y diplomática mucho más compleja de las que vinieron a dar testimonio los países no alienados en los que Argelia llevó a cabo una función destacada.

Bibliografía:
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Keylor, [William R]. 2006. “Cap. 10. Detente and Multipolarity, 1962 – 1975”. En: [William R]. The Twentieth-Century World and Beyond. New York: Oxford University Press, 2006. p. 295-322. ISBN 9780195168433.
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Stora, [Benjamin]. (2004). Historie de la guerre d´Algérie, 1954 – 1962. París: La Découverte. ISBN 978-2707142931.
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