¿A través de la subjetividad inherente a la memoria se puede extraer conclusiones históricas?
Pública El concepto de memoria histórica esconde tras de sí un oxímoron ya que, si por un lado, reúne en su seno a la Memoria caracterizada por ser individual y marcada por la subjetividad del testigo directo; en cambio, por otro lado, se asocia con la Historia vinculada con la colectividad a la vez que aspira a un cierto grado de objetividad. A pesar de ello, se ha de tener siempre presente que cualquier texto historiográfico o creación artística que intente una recreación histórica no puede escapar del prisma de la subjetividad que se manifiesta de forma inherente en distintos apartados de su configuración.
Tanto en el texto Reinventar la esclavitud, garantizar la libertad: de Saint-Dominique a Santiago a Nueva Orleáns, 1803-1809 de Rebeca Scott perteneciente a la vertiente microhistórica, como la adaptación cinematográfica de las memorias de Solomon Northup 12 años de esclavitud realizada por el director Steve McQueen y el guionista John Ridley sacan a luz la manera de cómo se filtra y se construye la subjetividad de sus autores a la hora de tratar con un material que en su origen constituye o pretende ser un testimonio directo y cercano de la experiencia de la esclavitud durante el s. XIX.
La problemática de la subjetividad tanto en el texto microhistórico de Scott como en la adaptación fílmica de McQueen parece sumergirse de lleno en la polémica que se da entre dos formas de ver y encarar la Historia, ya sea mediante la macrohistoria o a través de la microhistoria. En el caso de la macrohistoria, dicha vertiente está a favor de que la disciplina histórica busque el distanciamiento de la memoria con el objeto de configurar una visión sistemática y global de los acontecimientos históricos; sin embargo, la microhistoria, tal y como se muestra en el texto de Scott, se interesa antes por los individuos y por rescatar su memoria directa (la de Rosalie y sus hijos) que por la generalización en clases sociales (Man, 2013). Dicho distanciamiento macrohistórico sí se practica en el capítulo Antebellum Slavery: Organization, Control, Paternalism incluido en el libro American Slavery 1619-1877, de Peter Kolchin.
¿Cuáles son los rasgos microhistóricos en el texto de Scott? ¿Cómo afecta ello a la subjetividad de su artículo historiográfico? Scott nos pretende dar un testimonio humano y cercano del tema de la esclavitud de principios del s. XIX. Para ello, focaliza en la experiencia vital de Rosalie de nation Poulard que se convertirá en el eje de referencia a través del cual se mostrará la problemática de la esclavitud de Santo Domingo a Nueva Orleáns.
¿Qué estrategias narrativas emplea Scott para lograr una mayor inmersión del lector en la cuestión de la esclavitud? En primer lugar, la voz de la narradora emplea la 1ª persona del plural con el objeto de lograr una mayor involucración del lector en la materia tratada a la vez que va insertando en el relato la voz directa de distintos individuos rescatada de documentos históricos o de archivos locales, como es el caso del general Leclers en sus cartas dirigidas a Napoleón (1), el testimonio del oficial naval francés Louis Roquete al mando de la goleta la Nouvelle Societé o del gobernador de Santiago de Cuba, Sebastián Kindelán. Al mismo tiempo, interpela al lector a partir de preguntas que pretenden que nos pongamos en la situación padecida por los individuos históricos que van apareciendo en el relato, preguntándose cómo pudo responder Rosalie cuando se obligó a los refugiados de Santo Domingo a que abandonasen Cuba.
Con el objeto de evitar las generalizaciones macrohistóricas, la narradora se esfuerza por otorgar identidad a cada persona que ha participado en los acontecimientos narrados poniendo hincapié especialmente en el nombre de los esclavos (Josepha, Felicité, Ariete) que habitualmente eran privados de una identidad, así como llevando a cabo una presentación biográfica de Michel Vincent pareja sentimental de Rosalie. De este modo, lo individual gana terreno a lo colectivo intentando evitar el anonimato y a la vez dando prevalencia a lo personal en un tratamiento sobre la esclavitud donde tenía un peso específico clave la legalidad identitaria a la hora de dirimir si una persona de color era considerada libre o esclava.
Desde las limitaciones que supone la recuperación histórica de vidas pasadas, Scott no oculta la fragmentación de los datos debido a la insuficiente información la cual cosa le lleva a hacer posibles conjeturas indicando que se puede “plantear una hipótesis interesante” o interpela al lector para que se imagine una situación determinada como si se tratase de material novelístico. De este modo, nos adentramos en la narratividad microhistórica que apostará por un estilo más fluido y literario que los anteriores estudios macrohistóricos que tendían a ser más analíticos y de una neutralidad más científica (Man, 2013), como es el caso del capítulo de Kolchin donde predominan los datos y un estilo neutro de escritura así como las interpolaciones continuas de argumentos de autoridad.
La narradora debido al interés de la microhistoria por el testigo directo da entrada en el texto a las voces de Rosalie, de su pareja y de sus hijos, así como de otros testimonios de diferentes rangos sociales abarcando con ello los máximos puntos de vista posibles. De este modo, se recoge no sólo el testimonio de las personas que padecieron a causa de la esclavitud sino también su entorno y las perspectivas de las distintas autoridades. Desde dicho perspectivismo se atenúa la excesiva subjetividad de focalizar en la experiencia de un único individuo.
La focalización temporal de la microhistoria tiende a periodos históricos reducidos y concretos (Man, 2013) como es el caso del texto de Scott que abarca la problemática de la esclavitud en el Caribe de 1803 a 1809. No obstante, su última referencia es de 1835 cuando nombra la partida de bautizo del nieto de Rosalie. Dichas especificaciones se dan también en el espacio geográfico hasta el punto de dividir su texto dependiendo la localización concreta (Santiago, New Orleans) y recurriendo a documentos que formarían parte de la historia local como son las partidas de matrimonio o de bautizo. Todo ello responde a su afán de particularizar la experiencia de la esclavitud en individuos concretos con el objeto de que el lector pueda meterse en la piel de dichas personas que sufrieron el regreso a la esclavitud una vez que habían alcanzado la libertad, o bien padecieron los avatares sufridos en su odisea por escapar de las guerras sufridas en la zona del Caribe con el objetivo de mantener su libertad.
No obstante, con la intención de evitar la excesiva fragmentación y el relativismo en el que puede caer la microhistoria, Scott lleva a cabo una introducción del marco histórico donde se desarrolla la vida de Rosalie de nation Poulard, haciendo referencia a la Revolución Francesa que abolió la esclavitud en 1791 y la posterior invasión británica de Santo Domingo hasta 1798 que se tuvo que retirar tras la victoria de los revolucionarios abolicionistas. Con ello, se coloca el marco narrativo necesario para que la relatora pueda introducirse en los datos más singulares e individuales del texto microhistórico.
El interés por lo particular, la vivencia personal y el testimonio directo de la microhistoria conducirá a la recuperación del género de las memorias como material histórico de primera mano (Man, 2013) convirtiéndose asimismo en uno de los pilares de la memoria histórica. No obstante,¿hasta qué punto puede servir como material historiográfico válido? Su excesiva subjetividad ¿puede desvirtuar las conclusiones históricas? Y si unas memorias se emplean como fuente de una creación artística, ¿hasta qué grado la recreación artística tiene validez histórica a pesar de que se base en hechos reales?
El inicio de la adaptación cinematográfica de las memorias 12 años de esclavitud se encuentra constituido por un subtítulo que subraya que todos los hechos mostrados en el film están basados en sucesos reales. Sin embargo, el espectador debe ser consciente de que la subjetividad se filtra ya en la misma selección llevada a cabo por el director que debe trasladar el texto literario o historiográfico a lenguaje cinematográfico y, al mismo tiempo, de que el punto de vista del autor determina el enfoque del material originario amoldándolo a sus respectivos intereses.
Antes que nada se ha de tener en cuenta ¿cuántas subjetividades se amalgaman en la adaptación cinematográfica de McQueen? En primer lugar, es necesario te ner presente que el libro está escrito por el editor David Wilson basándose en la narración oral que le proporcionó Solomon Northup quien fue el testigo directo de los hechos narrados. A ello, hay que unirle ¿cuál ha sido el interés de McQueen a la hora de encarar la adaptación? A través del relato de Northup, el director británico pretende denunciar la crueldad de la esclavitud en los estados sureños de EEUU a mediados del s. XIX. Para ello, apuesta por mostrar la violencia de forma bastante explícita con un doble objetivo, por un lado, lograr la inmersión del espectador con el objeto de que pueda sentir el sufrimiento que padecieron las personas esclavizadas y, al mismo tiempo, incidir en la crueldad de amos y capataces los cuales creían poseer todos los derechos sobre los afroamericanos esclavos al ser considerados como propiedad propia, llegando a su máxima expresión en la secuencia de los latigazos a Patsey a los que se ve obligado perpetrar el propio Solomon a partir de las coacciones de su amo.
McQueen apuesta por una estética naturalista buscando recrear hasta el más mínimo detalle sin escapar de lo más sórdido y cruel (Kaisary, 2017) una prueba de ello es el plano detalle de la espalda de Patsey como si se tratase de una fotografía hiperrealista de body art. En este caso, su estética naturalista incide demasiado en la cuestión de los sentimientos sin estimular el espíritu crítico que llevaría a plantearse las causas por las cuales se seguía manteniendo este feroz sistema esclavista en los estados sureños.
A pesar de que la esclavitud fue una problemática que afectó a toda la comunidad afroamericana, McQueen decide centrar su atención en los padecimientos de Solomon como si fuera una mónada sin entender la etnia afroamericana como una comunidad. Aun cuando su actitud denunciadora, McQueen no hace otra cosa que amoldarse a la tradición de Hollywood del héroe individual (Kellner, 2014). De este modo, el director británico es incapaz de ahondar en las causas y efectos de la explotación esclavista ni tampoco sabe aprovechar los aspectos más sugerentes de la historia vivida por Solomon, hundiéndose en una perspectiva excesivamente microhistórica. Por ello, a la versión de McQueen le falta una visión macrohistórica para que su película no quede reducida a la simple denuncia. Opta por retratar la esclavitud con evidente visceralidad, como una manifestación pura del mal sin ahondar en los mecanismos del sistema político y económico de los estados sureños (Kellner, 2014).
Respecto a los amos y capataces, cabe destacar que la configuración más elaborada sea la de Epps marcado por un sadismo excesivo que no se da en el relato original de Northup. Es decir, no sólo hace una selección sino que transforma u obvia el material original, como es en el caso de la introducción de las memorias donde Northup explica cuáles son sus antepasados y su posición social en Saratoga como ciudadano libre. En cambio, McQueen se decide por iniciar el relato con Solomon/Platt ya esclavizado y con posterioridad va intercalando flashbacks que rescatan su vida pasada en familia que contrastan con la situación de penuria del presente narrativo. Por tanto, realiza una reordenación del material que se ajusta al interés de McQueen por incidir en las penurias de Solomon dejando a un lado el esfuerzo tanto de su familia como de vecinos de Saratoga que dedicaron su tiempo a buscar a su desaparecido conciudadano, tal y como se narra en el libro (Kaisary, 2017). En este caso, se encontrará una mayor fidelidad al material originario en la adaptación televisiva Odisea de Solomon Northup (1984) de Gordon Parks.
La subjetividad del director se filtra en los planos esteticistas que no corresponden con la cruda realidad tratada. Una belleza que no debería tener cabida dentro del sufrimiento mostrado. Con ello parece recuperarse la denuncia del artículo De la abyección (1961) de Jacques Rivette (2) donde criticaba el excesivo esteticismo de un travelling de la película Kapò (1960) de G. Pontecorvo (3) que trataba sobre el Holocausto. En esta categoría de esteticismo inapropiado entraría un paisaje deslumbrante con barcos realizado por ordenador, el sudor y las lágrimas cayendo de manera oportuna mientras contemplamos el sufrimiento de Solomon o incluso en el uso de la banda sonora en la que se mezclan los gritos de horror de los esclavos con los sonidos relajantes de la naturaleza de los paisajes sureños. Quizá hubiese sido más adecuado haber empleado una estética feísta que se alejase de los planos excesivamente bellos para la situación desesperada que está sufriendo Platt. Es el caso del plano detalle de la quema de la carta que queda demasiado impoluta y bella para la situación desesperada que está viviendo el personaje.
El hecho de incidir en los aspectos más crueles de la esclavitud conduce a McQueen a emplear la elongación temporal alargando el plano más allá de las necesidades narrativas como es el caso de la primera paliza que recibe Solomon en la celda, la prolongada secuencia de los latigazos a Patsey o en el intento de ahorcamiento del protagonista que además subraya con un plano detalle a los pies de Platt que lucha por mantener un mínimo contacto con el suelo para poder sobrevivir ante la indiferencia del resto de la comunidad de color, surgida de la coacción y
posibles represalias del capataz por si mostrasen solidaridad respecto a Platt.
Todo se encuentra condicionado a una denuncia de una sociedad esclavista en la que la ley no responde a la igualdad ni a la fraternidad de los ideales surgidos en la Revolución Francesa, sino que fomenta la explotación de los hombres como si viviesen en realidades paralelas, en un plano-contraplano de oposición que queda subrayado en las tres presentaciones de los nuevos esclavos ante su nuevo amo o capataz respectivo, marcando así el abismo de derechos que existían entre blancos y negros en el nuevo territorio al cual habían sido trasladados. Son universos distintos de derechos a pesar de que compartan la misma sociedad.
De ahí que surja la denuncia de que la condición de libertad venía dada más por una cuestión de legalidad que por la propia condición existencial, tal y como se subraya en el parlamento de Samuel Bass, trabajador libre norteño, que atenderá a la petición de Platt de avisar a su familia de Saratoga para que demuestre a través de documentación el hecho de que se trataba de un hombre libre antes de su secuestro.
En definitiva, se ha de ser consciente de que la subjetividad es inherente a cualquier relato ya sea historiográfico como artístico. Dentro de dichas subjetividades que se dan en su propia configuración a lo único que puede aspirar el historiador es a alcanzar una objetividad dialéctica que respecto a la memoria histórica se podría lograr con una síntesis o un debate entre los diferentes y múltiples puntos de vista de los testimonios aportados sobre un mismo acontecimiento histórico (Aurell, 2021). En este caso, es la Historia la que debe otorgar a la Memoria un sentido. La memoria es un instrumento, un ingrediente, una parte de la historia, pero no debe vincularse con la totalidad de la historia. Todo ello conduce a que el conocimiento histórico reclame una colaboración estrecha entre la marcrohistoria y la microhistoria con el objetivo de alcanzar una visión lo más completa posible en la cual se tenga en cuenta tanto lo más particular como lo más general a la vez que aspire a un estudio profundo de los hechos desde los máximos puntos de vista posibles con la finalidad de alcanzar una objetividad dialéctica, teniendo siempre presente que en todo estudio histórico o representación artística de “hechos reales” o de “testimonios directos” hay detrás matices de subjetividad a partir de los cuales se construye el relato mediante el cual nos llegan los ecos del pasado.
Nota al pie:
(1) Paul Roussier (ed.): Lettres du Général Leclerc, Commandant en Chef de l’Armée de Saint-Domingue en 1802, Société de l´Histoire des Colonies Françaises et Librairie Ernest Leroux, París, 1937, pp. 200, 201, 255.
(2) Rivette, J. (Junio 1961). De la abyección (Kapò, de Gillo Pontecorvo). Cahiers du cinéma, nº 120.
(3) Pontecorvo, G. (1960). Kapò. [Película] Cineriz.
Bibliografía
Aurell, J. (2021). Subjetividad. [En línea] FUOC, Karavan Films. Disponible en: https:// materials.campus.uoc.edu/cdocent/PID_00284964/
Kaisary, P. (2017). “The slave narrative and filmic aesthetics: Steve McQueen, Solomon Northup and colonial violence”. Mellus, vol. 42, nº 2, p. 94-114.
Kellner, D. (2014). “The Horrors of Slavery and Crisis of Humanity in Amistad and 12 Years a Slave”. Fotocinema: Revista científica de cine y fotografía. Universidad de California, Los Ángeles,
nº 8, p. 5-38.
Kolchin. P. (1993). “Antebellum, Slavery: Organization, Control, Paternalism”. En Kolchin, P. American Slavery 1619-1877. Penguin, p. 93-111.
Man, R. (Invierno 2013). “La microhistoria como referente teórico-metodológico. Un recorrido por sus vertientes y debates conceptuales”. HAO, Universidad Nacional de Rosario, nº 30, p. 167-173.
Northup, S. (2013). 12 años de esclavitud. Debolsillo, Barcelona.
McQueen, S. (Director) (2013). 12 años de esclavitud [Película]. New Regency Productions, River Road Entertainment, Plan B Entert.
Scott, R. (2009). “Reinventar la esclavitud, garantizar la libertad: de Saint-Domingue a Santiago a Nueva Orleáns, 1803-1809”.[En línea], Caminos, (52), p. 2-13. Disponible en: https://revista.ecaminos.org/reinventar-la-esclavitud-garantizar-la-libertad-de
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