Medio siglo de lexicografía española (1930-1980)
Pública Las cuestiones asociadas con la definición lexicográfica han sido las más debatidas a la hora de abordar la configuración de los diccionarios semiológicos monolingües en lengua española durante todo el s. XX. Por eso, no es extraño que Manuel Seco dedique una serie de referencias al ámbito de las definiciones en su artículo Medio siglo de lexicografía española (1930-1980) (1), incluido en su recopilación Estudios de lexicografía española (1987), en el cual se detiene a levantar acta sobre los principales diccionarios monolingües que fueron publicados en el intervalo de tiempo indicado en el título, con el objeto de subrayar los logros conseguidos y las carencias que todavía subsisten en nuestra lexicografía.
Sin duda el DRAE ha continuado siendo el gran referente de los diferentes proyectos lexicográficos en lengua española. No obstante, centra su atención en una serie de diccionarios “alternativos” constituidos por la Enciclopedia del idioma de Martín Alonso (3 vols., 1958), el Diccionario ideológico de la lengua española de Julio Casares (1ª ed., 1959) y el Vox, diccionario general ilustrado de la lengua española (1ª ed., 1945) que buscaron paliar todas las insuficiencias del DRAE planteando otras alternativas en el momento de buscar definiciones más precisas, de eliminar voces arcaicas y de incorporar voces nuevas aparecidas por los cambios sociales e históricos o por las innovaciones científicas y tecnológicas. A pesar de resaltar los nuevos planteamientos sugeridos por los diccionarios anteriormente citados, Manuel Seco dedica un apéndice especial al Diccionario de uso del español (2 vols., 1966-67) en el cual se detiene a enumerar los logros alcanzados por María Moliner. En primer lugar, resalta la integración en un mismo lema del proceso onomasiológico, introducido en la lexicografía española por Julio Casares (2), y el semasiológico. En segundo lugar, hace hincapié en sus esfuerzos por hacer una distinción entre las palabras y acepciones usuales y las no empleadas habitualmente, con el objetivo de que el usuario tenga información sobre las voces que todavía mantienen una vigencia destacada en el español de su época. Asimismo, incide en la inclusión de información vinculada con construcciones sintácticas tan importantes para los estudiantes extranjeros que pretenden profundizar en el correcto dominio del español. Y, finalmente, centra sus mayores elogios en el novedoso tratamiento que dedicó a la revisión de las definiciones tradicionales y en el sistema ideado para separarse de la clasificación mantenida por la RAE desde su creación.
Al hablar de la tarea emprendida por María Moliner en el ámbito de la definición, subraya su empeño por alejarse de la definición sinonímica tan característica en ciertas entradas del DRAE cuya consulta se convertía en un auténtico círculo vicioso que conducía a un auténtico callejón sin salida que no resolvía la duda de los lectores. La intención de María Moliner, tal cómo apunta en el prólogo del DUE, es eliminar el procedimiento maniqueo de explicar una palabra por otra a la que se supone equivalente y más conocida del lector. Dicha forma de proceder hace que el lector vaya saltando de una entrada a otra sin llegar nunca a descifrar el verdadero significado de la palabra consultada. El proceso se convierte en un auténtico pez que se muerde la cola tal cómo demuestra Manuel Seco al hacer referencia a las definiciones que DRAE ofrece sobre “amparar”, “favorecer”, “proteger”, “ayudar” y “auxiliar”. Si, en cambio, consultamos dichos términos en el DUE observaremos cómo la lexicógrafa ha ido recogiendo todos los matices y las subacepciones que han ido apareciendo hasta la actualidad. En este caso, María Moliner ha tenido en cuenta que la lengua es un auténtico organismo vivo que va sufriendo transformaciones y variaciones derivadas de su uso, sobre todo, en el aspecto léxico que es donde con mayor rapidez hace mella los cambios lingüísticos. Por eso, si se desea que un diccionario se convierta en una obra de consulta válida para la mayoría de los hablantes debe recoger progresivamente las nuevas voces y, al mismo tiempo, redactar las definiciones empleando una lengua acorde con su tiempo.
Su novedad también hace acto de aparición en la invención de una minuciosa jerarquización lógica de los conceptos siguiendo la huella dejada por Julio Casares. En el prólogo del DUE, manifiesta su pretensión de alejarse del procedimiento sinonímico empleado por el DRAE el cual se había convertido en la única referencia válida para todas las obras lexicográficas y enciclopédicas de su época.
Otro aspecto destacable del DUE es la aparición de ejemplos inventados que sirven para ilustrar y completar las definiciones, comprender el lema en el contexto, indicar registros estilísticos y mostrar aspectos gramaticales. Con ello, incide en el uso correcto de las entradas léxicas teniendo en cuenta los diferentes registros en el que pueden aparecer y atiende a las relaciones sintagmáticas que habían sido marginadas por el DRAE.
Nota al pie:
(1) Publicado en el diario El País (Madrid), 29 de mayo de 1981, con el título María Moliner: una obra, no un nombre.
(2) DILE.
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