El tratado de Versalles: el trayecto alemán hacia la 2ª Guerra Mundial

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Resulta paradójico que “la Guerra que acabaría con todas las guerras”, según el presidente estadounidense W. Wilson, concluyese construyendo “una paz que acabaría con la paz”, tal y como declaró el Káiser alemán Guillermo II en su exilio (Kegley y Blanton, 2011, 73). Después de finalizar la 1ª GM se tomó conciencia por 1ª vez a escala de las relaciones internacionales de que la guerra era el gran problema central (Kegley y Blanton, 2011, 71) y, por tanto, se debía construir un nuevo orden internacional que alcanzase una paz perpetua que finiquitase para siempre cualquier conflicto bélico.

La simiente de dicho nuevo orden internacional procedía de los 14 puntos de W. Wilson siendo sus pilares los tratados de Paz de París y la Sociedad de Naciones como organismo central a la hora de tratar cualquier tipo de conflicto internacional. Bien se podría decir visto los resultados posteriores que el sueño de la Razón produce monstruos, ya que la utopía de paz perpetua a la que se anhelaba alcanzar acabó convirtiéndose en un interludio hacia la 2ª GM, debido a que los problemas sin resolver de la 1ª GM y de los tratados de Paz de París como el de Versalles fueron los detonantes que llevaron de nuevo a un descenso a los infiernos al continente europeo de la mano de la Alemania nazi y los fascismos de los años 20 y 30 del s. XX.

¿Cuáles fueron las causas de que la utopía de la paz perpetua acabase suponiendo la casi aniquilación de Europa en el peor conflicto mundial sufrido en la Historia de la Humanidad?, ¿Por qué Alemania se lanzó a una guerra de aniquilación total?, ¿Qué errores se cometieron en la configuración del nuevo orden mundial que iba a postergar en un principio a la guerra a un olvido absoluto? Para comprender dicha derivación al caos absoluto partiendo de premisas pacifistas de la mentalidad liberal, sería interesante enfocarlo desde el punto de vista alemán para llegar a conocer su situación frente al Tratado de Versalles que se convirtió en la referencia central de los demás tratados de París formados por el de Saint – Germain, el de Neuvilly y de Sévres entre los más destacados vinculados a los perdedores de la 1ª GM.

El gran error de los Tratados de París es que no supo integrar a los países que perdieron la contienda. En el Tratado de Versalles la humillación hacia Alemania colocó la 1ª piedra de toque que conduciría a la 2ª GM (Kegley y Blanton, 2011, 74). De este modo, se observa una diferencia palpable con el Congreso de Viena (1814 – 1815) hacia la derrotada Francia la cual fue considerada básica para aplicar el equilibrio de poderes que debería regir a la Europa de después de la Revolución Francesa y, por tanto, no decidieron hundirla del todo tanto en el aspecto político, territorial como económico siendo readmitida en el concierto europeo en 1818. Sin embargo, en el Tratado de Versalles se dio el choque entre las aspiraciones de Francia que pretendía un control férreo sobre Alemania y los principios universalistas proclamados por Wilson en sus 14 puntos anunciados el 8/1/1918 (Kegley y Blanton, 2001, 73). Por tanto, entrechocaron dos posturas distintas entre los ganadores de la 1ª GM, por un lado, la de EEUU y GB que se esforzaban por cómo integrar Alemania después de la Gran Guerra y, por otro lado, el Estado francés centrado en evitar cualquier recuperación plena de Alemania, ya que su fortalecimiento podría suponer una nueva invasión del territorio francés.

Las medidas que solicitó el gobierno francés respecto a Alemania fueron la limitación del armamento y de las fuerzas armadas, la desmilitarización de Renania y, a su vez, su ocupación militar (Neila, 2009, 398). Francia consideraba totalmente necesario declarar a Alemania como la responsable moral de la guerra con las consiguientes cláusulas financieras de indemnización que aspiraba a que fuesen draconianas. Desde el primer momento, el país galo se centró en la ejecución íntegra de todas las cláusulas acordadas en Versalles, ya que desde la perspectiva francesa mientras que Francia había visto mermada de forma considerable sus fuerzas naturales; en cambio, Alemania conservaba prácticamente intactos su potencial industrial y sus infraestructuras económicas, lo que permitió a Berlín desde 1922 restablecer su capacidad productiva industrial anterior a 1914 (Martínez, 2009, 350).

Frente a dicha actitud recalcitrante de Francia respecto al cumplimiento íntegro del Tratado de Versalles; en cambio ¿Por qué EEUU y GB deseaban una rápida recuperación de la economía alemana? Por un lado, por el peso específico tradicional del mercado alemán en el ámbito europeo sobretodo a partir de 1871 y, por otro lado, para impedir las crisis sociales de la República de Weimar con la amenaza constante de una revolución comunista (Martínez, 2009, 351). Al mismo tiempo, cabe sumar una 3ª razón surgida de la desconfianza respecto a Francia, ya que temían que se adueñase de Europa, si no tenía un competidor dentro del continente. Por ello, los EEUU pretendieron reflotar la economía alemana a través del Plan Dawes (1924 – 1929) y el Plan Young que se vendría abajo tras el crack del 29. La crisis económica de principios de los años 30 que sumió a Alemania en la más absoluta ruina tras la retirada de los préstamos estadounidense derivaría en el ascenso de Hitler al poder.

Entre las consecuencias del Tratado de Versalles respecto a Alemania destacaron la pérdida del 13 % del Reich incluida todas sus colonias, Alsacia y Lorena, Posmania, partes de Prusia y Memel, así como la reducción del ejército alemán a 100.000 soldados y 4.000 oficiales, la entrega de buena parte de su flota y, por último, unas fuertes indemnizaciones económicas (Neila, 2009, 337) ¿Cuál será la actitud del nuevo gobierno alemán de la República de Weimar ante dicho Tratado? ¿Cómo reaccionó la sociedad alemana? Los alemanes nunca aceptaron la responsabilidad unilateral de la guerra (Neila, 2009, 343). La política exterior alemana una vez proclamado el Tratado de Versalles se vio marcada por una política revisionista que adquirió dos estrategias. Por un lado, una política de resistencia -Widerstandpolitik- cuya máxima expresión fue Hitler con su intención de derrocar todas las cláusulas de dicho tratado y, por otro lado, una política más flexible de ejecución la cual aspiraba a una revisión de las cláusulas más duras (Neila, 2009, 343). La animadversión de la sociedad alemana hacia el Tratado de Versalles aumentaba cuando la situación económica se volvía complicada alcanzando su cenit en el inicio de los años 30, ya que el crack del 29 supuso que EEUU retirase todo el capital destinado a créditos de ayuda para hacer reflotar la economía alemana.

En el periodo de entreguerras, Alemania sufrió un auténtico vaivén en el aspecto económico. A las elevadas sanciones económicas, se unió en 1922 la masiva emisión de papel moneda destinada al sostenimiento de la resistencia alemana frente a las tropas franco-belga que invadieron el Ruhr, creando una inflación descontrolada que hundió el valor del marco alemán, lo que provocó la ruina de la clase media que vio dilapidados todos sus ahorros (Martínez, 2009, 352).

A través del Plan Dawes, diseñado por EEUU y entrado en vigor el 9/4/1924, aparecería en juego la presencia del dólar lo que lograría alcanzar una breve etapa marcada por la estabilidad, el impulso pacifista y la prosperidad económica hasta 1929. De este modo, se entraba en un periodo de cooperación donde Alemania aceptaba formar parte de la Sociedad de Naciones, reconocía sus fronteras con Francia y Bélgica y hasta firmaba un acuerdo comercial franco – alemán en agosto de 1927. Todo ello se vino abajo con el crack del 29 cuando justo antes se había proyectado un nuevo plan económico que pretendía dar el último impulso final para que Alemania alcanzase su estabilidad económica.

La crisis galopante volvió a reincidir en un rechazo masivo de la sociedad alemana al nuevo orden mundial, tal y como se manifiesta con el ascenso de los nazis al poder. Con el recrudecimiento de la depresión económica, Hitler comenzó a atraerse el apoyo de las masas a la vez que aumentaba el voto radical ya fuese de derechas (los nazis) como de izquierdas (el KPD) (Bullock, 1994, 523). Una vez los nazis consolidados en el poder, el 30/1/1934 firmaban una nueva ley relativa a la construcción del nuevo Reich con la que se ponía fin a la estructura federativa de Bismarck (Bullock, 1994, 524). A partir de entonces, la política exterior de la Alemania nazi se concentrará en destruir los acuerdos del Tratado de Versalles. Ya no sólo será en forma de protesta sino mediante acciones directas. De este modo, en 1933, Alemania decide abandonar la Sociedad de Naciones al vetarles la ampliación del ejército y la construcción de armamento. Con ello se alejaba del organismo sobre el cual pivotaba el nuevo orden mundial, poniendo rumbo a un conflicto venidero.

En 1935 se instaura de nuevo el Servicio Militar Obligatorio y se crea una fuerza aérea militar, la Lutwaffe. A la vez la región de Sarre vuelve a dominio alemán mediante un plebiscito, tal y como estaba estipulado en el Tratado de Versalles. En 1936 Alemania militariza de nuevo la Renania a la vez que firma el Eje Roma – Berlín uniendo en sus relaciones internacionales a los dos principales movimientos fascistas europeos. A partir de entonces, Hitler se lanzará a recuperar todo el territorio alemán que fue expropiado en el Tratado de Versalles. Por ejemplo, el artículo 80 de dicho Tratado prohibía el Anschluss, es decir, la unificación de Alemania con Austria (Neila, 2009, 339). Sin embargo, en marzo de 1938, Hitler lleva a cabo la invasión del territorio austriaco y la posterior unificación de Alemania con Austria. Tras ello, en octubre de 1938, reclamará los Sudetes donde vivían 3 millones de alemanes. A través del Pacto de Múnich, Alemania logrará su anexión dejando para marzo de 1939 la invasión del resto de Checoslovaquia que transformará en el Protectorado de Bohemia y Moravia. Acto seguido, ocupará Memel que pertenecía a Lituania. Sin duda, Hitler iba siguiendo los dictámenes del Tratado de Versalles para derrocarlos sin tener en cuenta a la Sociedad de Naciones a la vez que se negaba a seguir pagando las indemnizaciones que habían ahogado la recuperación económica de Alemania (Bullock, 1994).

Tras el inesperado pacto Ribbentrop -Molotov entre Alemania y la URSS, quedaban todas las puertas abiertas a un nuevo conflicto mundial que estalló con la invasión de Polonia por parte de los nazis poniendo fin a un periodo de paz que siempre estuvo en el alambre, y con ello se vislumbraba el fracaso de una Sociedad de Naciones que comenzó a resultar ineficiente ya desde el principio cuando el Congreso de los EEUU se negó a formar parte de ella, cortando así los planes de su presidente Wilson que había expuesto en sus 14 puntos los cuales pretendían alcanzar la paz perpetua priorizando el parlamentarismo liberal y dando prioridad a las nacionalidades frente a los imperios. A ello se deben sumar los Tratados de Paz de París que crearon más tensión y desconfianza entre los países enfrentados en la Gran Guerra en vez de lograr un entendimiento que dilapidase cualquier posibilidad de conflicto bélico en un futuro.

Si el inicio de la 1ª GM hacía añicos el concierto europeo que se pretendió establecer en el Congreso de Viena (1814-1815) con un equilibrio de poder entre las principales potencias del continente con el objeto de evitar conflictos armados a gran escala, al final de la Gran Guerra se proyectó un nuevo orden mundial que debería suponer la finiquitación de los conflictos bélicos a través de un sistema regido por un liberalismo capitalista que apoyaba el derecho de las naciones frente a los imperios con la intención de alcanzar la paz perpetua. Sin embargo, dicho camino hacia la utópica paz universal desembocaría en la 2ª GM hasta el punto de que historiadores como Hobsbawm ven la chispa originaria que hizo estallarla en el ascenso de los fascismos que respondían a las condiciones que fueron sometidos los países perdedores en los Tratados de Paz de París, como se ha visto en la trayectoria de Alemania durante todo el periodo de entreguerras.

Con la perspectiva del tiempo histórico, se ve con claridad que tanto la paz de Brest – Litovsk como los Tratados de Paz de Paris y los 14 puntos de Wilson que configuraron la Sociedad de Naciones acabaron en un rotundo fracaso. En el caso de la paz firmada entre Alemania y la Rusia bolchevique el 3/3/1918 estuvo marcada por un elevado coste exigido por los alemanes a los bolcheviques, ya que lo que anteriormente era el Imperio Ruso perdió un 1/3 de su población anterior al conflicto mundial, 1/3 de sus tierras cultivables y el 75 % de sus zonas industriales, dejando tras su paso una zona territorial que estará marcada por la inestabilidad política durante todo el periodo de entreguerras a pesar de que el propio Tratado de Brest-Litovsk quedase anulado por el Armisticio de Compiègne firmado el 11/11/1918 tras la derrota de Alemania. Tanto en la paz de Brest-Litovsk como en los Tratados de París, sobretodo, el de Versalles estuvo marcado más por el revanchismo que por la integración, lo que supuso que se produjese justo el efecto contrario que se buscaba si el objetivo era alcanzar la paz perpetua. No sólo no logró su efecto de lograr una estabilidad en Europa, sino que más bien fue la causante de los desequilibrios que condujeron a la 2ª GM sin que el organismo de la Sociedad de Naciones pudiese evitar la hecatombe que condujo a Europa a los límites de su extinción.

Por lo tanto, toda la estructura edificada por el idealismo liberal sintetizado en los 14 puntos de Wilson (1) que debería concretarse en la construcción de la Sociedad de Naciones con el fortalecimiento del derecho internacional, la resolución de las reclamaciones territoriales sobre la base de la autodeterminación y la promoción tanto de la democracia, del desarme como del libre comercio (Kegley y Blanton, 2011, 72 – 73) se vino abajo por el ansia de revanchismo y humillación de las cláusulas punitivas que configuraban los Tratados de Paz de París.

Notas al pie:
(1) Los catorces puntos presentados por el presidente de los EEUU Woodrow Wilson en el Congreso el 8 de enero de 1918 fueron:
1.- Diplomacia abierta: eliminación de los tratados secretos y celebración pública de los acuerdos internacionales.
2.- Libertad de navegación: libre circulación por los mares, tanto en tiempo de paz como de guerra, salvo cuando una acción internacional acordada exigiese lo contrario.
3.- Libertad de comercio: eliminación, en la medida de lo posible, de las barreras económicas y establecimiento de condiciones comerciales iguales entre las naciones.
4.- Reducción de armamentos: los Estados debían limitar sus fuerzas militares al mínimo compatible con su seguridad interna.
5.- Revisión imparcial de las cuestiones coloniales: los intereses de las poblaciones colonizadas debían tenerse en cuenta junto con las reivindicaciones de las potencias coloniales.
6.- Evacuación de Rusia: retirada de las tropas extranjeras del territorio ruso y respeto al derecho de Rusia a determinar libremente su propio sistema político.
7.- Restauración de Bélgica: evacuación y reconstrucción de Bélgica, cuya neutralidad había sido violada por Alemania.
8.- Devolución de Alsacia y Lorena a Francia: restauración de los territorios perdidos por Francia frente a Alemania en 1871.
9.- Rectificación de las fronteras italianas: establecimiento de las fronteras de Italia siguiendo, en lo posible, criterios de nacionalidad.
10.- Autonomía para los pueblos del Imperio austrohúngaro: las distintas nacionalidades que componían Austria-Hungría debían disponer de posibilidades de desarrollo autónomo.
11.- Restauración de los Estados balcánicos: evacuación de Rumanía, Serbia y Montenegro; restitución de los territorios ocupados y establecimiento de fronteras balcánicas atendiendo a las nacionalidades. Serbia debía disponer además de acceso al mar.
12.- Reorganización del Imperio otomano: soberanía garantizada para las regiones de población turca, pero autonomía para las demás nacionalidades sometidas al Imperio. Los Dardanelos debían permanecer abiertos a la navegación internacional.
13.- Creación de un Estado polaco independiente: Polonia debía constituirse como Estado soberano y disponer de un acceso seguro al mar.
14.- Creación de una asociación internacional de naciones: establecimiento de una organización destinada a garantizar la independencia política y la integridad territorial de todos los Estados. De aquí surgió la Sociedad de Naciones.

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