La desintegración de Yugoslavia: efecto dominó del fin de la Guerra Fría
Pública En la desintegración de Yugoslavia durante la década de los 90 del s.XX se congregaron una serie factores tanto internos como históricos que la convertían en un auténtico polvorín que estalló definitivamente con la disolución de la URSS y la caída de todo el bloque comunista que constituyó el final del Orden Internacional vinculado con la Guerra Fría.
Yugoslavia constituía una pieza importante en el tablero geopolítico de la Guerra Fría, ya que desde 1948 se desvinculó del comunismo soviético buscando una vía propia a la hora dedesarrollar el socialismo. Con ello, Yugoslavia se encontró en tierra de nadie entre los dos bloques bipolares formados por EEUU y la URSS surgidos después de la 2ª GM. Su dirigente Josip Broz Tito fue un actor principal a la hora de configurar el bloque de los Países No Alineados que comenzarían a tener presencia pública a partir de las descolonizaciones de los años 50 del s. XX suponiendo un organismo fundamental para orientar la política de los países del Tercer Mundo que pretendían alejarse de la zona de influencia tanto del capitalismo como del comunismo de la órbita soviética. Por eso, el efecto dominó que produjo la caída de todo el bloque del Este supuso una onda expansiva que alimentó el resurgimiento de los nacionalismos en las repúblicas yugoslavas frente al hundimiento de la ideología comunista que los había mantenido unidos de la mano de Tito. Al mismo tiempo, el hundimiento del tablero de la Guerra Fría descolocó la función internacional que cumplía Yugoslavia que se quedó sin el lugar en el mundo que ocupaba anteriormente como posible 3ª vía frente a la bipolarización. Por último, el hecho de que se disolviese el imperio soviético y con él la amenaza de una posible invasión para la Antigua Yugoslavia afectó a que se perdieran los fundamentos de la coexistencia pacífica y su integridad estatal original.
¿Qué lugar podía ocupar Yugoslavia en un Nuevo Orden Mundial? La reestructuración hacia un mundo dominado plenamente por los EEUU le dejaba sin razón de ser en el ámbito geopolítico. No obstante, el hecho de una guerra en pleno corazón de Europa suponía una amenaza para una CEE que pretendía consolidarse en búsqueda de estabilidad para seguir avanzando en su proyecto de unificación económica.
Además de la caída del tablero geopolítico de la Guerra Fría, ¿qué otros factores ontribuyeron el estallido de la guerra de Yugoslavia en 1991? Un golpe contundente a la unidad del país fue la muerte de Tito en 1980 cuyo carisma, desde su liderazgo con los partisanos, permitió mantener unidas a las distintas repúblicas en un proyecto en común (Cox, 2020). A partir de su muerte, los años 80 del s. XX fueron una auténtica autopista hacia el conflicto bélico en la que fueron sumándose el acrecentamiento de la crisis económica la cual también había afectado duramente a la URSS y a sus países satélites y el auge del discurso nacionalista serbio a partir de Slobodan Milosevic que en 1987 comenzó una crítica radical de la constitución federal ideada por Tito en 1974 en la que concedió una mayor autonomía a Kosovo y Vojvodina. El dirigente serbio era de la idea de que “una Yugoslavia fuerte implica una Serbia débil”. A partir del nacionalismo se comenzó a prender la mecha al polvorín histórico, debido a la enorme diversidad de etnias, religiones y culturas que concentraba Yugoslavia (Taibo, 2018). Respecto a la diversidad religiosa se encontraban los católicos (Croacia y Eslovenia), ortodoxos (Serbia) y musulmanes (Bosnia) que a la vez compartían una evolución histórica muy diferente, ya que tanto los territorios eslovenos como croatas habían pertenecido desde el s. XII y XIII, respectivamente, al imperio astro-húngaro mientras que tanto Serbia como Bosnia formaron durante largo tiempo parte del Imperio Otomano o como el caso de Macedonia hasta 1913. Los Balcanes se convirtieron durante siglos en una zona fronteriza entre dos imperios: el astro-húngaro y el otomano.
En el s. XX comenzaron a aumentarse los conflictos internos con la 1ª Guerra Balcánica (1912 – 1913) en la cual la Liga Balcánica se enfrentó contra el Imperio Otomano derivando a una 2ª Guerra Balcánica (1913) en la cual Serbia se enfrentó a una coalición formada por Grecia, Bulgaria y Turquía. El final de la 1ª GM supuso la disolución del imperio astro-húngaro constituyéndose el país de los eslavos del Sur que en 1929 configuraría la futura Yugoslavia.
En la Guerra de Yugoslavia (1991 – 1999) salieron a relucir cuentas pendientes de la 2 GM que fueron utilizadas tanto por el nacionalismo croata como serbio para subir la tensión, reviviendo los enfrentamientos y afrentas de los ustachas croatas contra los chetniks serbios. En el conflicto civil dentro de la 2 GM también se encontraban los partisanos de la órbita comunista, comandados por Tito y, por otro lado, otro grupo constituido por los musulmanes. A pesar de ello, en 1945 después de la expulsión de los nazis, surge la 2ª Yugoslavia constituida por las Repúblicas de Bosnia-Herzegovina, Croacia, Eslovenia, Macedonia, Montenegro y Serbia. La política de Tito optó por más cooperación entre las repúblicas y menos nacionalismo (Taibo, 2018). En este caso, en la guerra de Yugoslavia, los nacionalismos devoraron a la ideología (Romero y Romero, 2016) y, con ello, se produjo un efecto contrario a la globalización neoliberal que iría implantando EEUU durante la década de los 90 del s. XX la cual tendía a la globalización transnacional frente al nacionalismo que se vinculó con el populismo.
Tal y como se señaló anteriormente, en la escala de tensión prebélica tuvo un papel significativo la política nacionalista exacerbada de Milosevic que en su plan político contaba, en primer lugar, con alcanzar un control político pleno de Serbia, restaurar el control de Kosovo y Vojvodina, revisar la Constitución de 1974 para volver a un mayor centralismo del poder y una última fase de lemas reformistas y democráticos aparentes con el objeto de reactivar la economía y a la vez tranquilizar a las potencias occidentales. Entre sus medidas agresivas destacaron la abolición de los estatutos que desde 1974 conferían a Kosovo y Vojvodina la condición de potencias autónomas y la difusión enfermiza de una propaganda con un discurso incendiario en defensa de los intereses de los serbios que vivían en otras repúblicas (Taibo, 2018).
Ante dicha actitud hostil de Serbia, las demás repúblicas constituidas por Bosnia – Herzegovina, Croacia, Eslovenia y Macedonia pretendieron reconvertir el estado federal en una confederación de Estados independientes ¿Cuál fue la actitud de EEUU y la CE en dicho momento? Ambos respaldaron la posición del gobierno serbio, ya que rechazaban cualquier perspectiva de nuevos estados en aplicación estricta del Acta Final de la Conferencia de Helsinki (1973) a la vez que no deseaban sumar más inestabilidad en los Balcanes, ya que se estaban reconstruyendo los países que formaron parte de la órbita soviética a los que quería introducir dentro de mercado capitalista. No obstante, se llevaron a cabo referéndum de autodeterminación en Eslovenia (1990), Croacia y Macedonia (1991) y Bosnia – Herzegovina (1992). Ante ello, el líder serbio tomó las siguientes medidas: respecto a Eslovenia, después de un intento leve y fracasado de intervención militar en tierras eslovenas reconoció de facto una posible independencia; en segundo lugar, se
esmeró por controlar militarmente todos aquellos territorios de las distintas repúblicas en la que había una presencia significativa de Serbios y, en tercer lugar, resucitó la idea de la Gran Serbia poniendo las bases para el estallido bélico inminente.
Otra particularidad problemática de Yugoslavia, que hizo irreversible el estallido del conflicto bélico, consistía en que las fronteras de sus repúblicas rara vez dibujaban comunidades homogéneas siendo un problema que ya había salido a relucir con la desintegración del imperio astro-húngaro en el final de la 1ª Guerra Mundial. En este caso, había una presencia significativa de serbios en dos regiones de Croacia (Eslavonia y Krajina) y en Bosnia – Herzegovina en la cual se congregaban las tres comunidades con más peso notorio (musulmanes o bosniacos 44 %, serbios 31 % y croatas 17 %). Otra zona clave del conflicto yugoslavo donde se originó los primeros escarceos bélicos fue en el área autónoma de Kosovo que contaba con un 90 % albano-kosovares.
En mayo de 1991, Belgrado estableció obstáculos para que Stipe Merié, croata, se convirtiese en presidente yugoslavo dentro del proceso rotativo establecido después de la muerte de Tito. En junio de 1991, se producía la declaración de independencia de Croacia que conllevaría la revuelta de las tropas serbias ¿Cuál fue la respuesta internacional a la hora de afrontar la guerra serbo-croata? Del apoyo inicial a Serbia antes del conflicto, se pasará a su condena tanto de la ONU como de la CE una vez que comiencen las hostilidades. En este caso, la ONU instaurará sanciones económicas contra Serbia y Montenegro, un embargo general relativo a la venta de armas tanto a Serbia como Croacia y un despliegue de los cascos azules. Tras el hecho de que Croacia quedase partida en dos con Krajina y buena parte de Eslavonia en manos de Serbia, Zagreb optó por un agresivo rearme militar que le permitiría en años posteriores recuperar Krajina (agosto 1995) y Eslavonia oriental (1998) expulsando de su territorio a todas las demás etnias. Alemania será el primer país en reconocer a Croacia y Eslovenia y, seguidamente, CE, Austria, Canadá, Suecia, Suiza y los países del viejo bloque soviético. En enero de 1992 se producirá un alto fuego.
No obstante, la guerra de Yugoslavia tendría su continuación cuando Bosnia – Herzegovina proclamase su independencia el 1-3-1992 como república independiente y multiétnica. El levantamiento inicial vino dado por los serbo-bosnios que llegaron a ocupar un 70 % del territorio, debido a la ayuda del ejército serbio. En dicho conflicto (1992-1995), se produjeron numerosos episodios de limpieza étnica por parte de serbo-bosnios y de croatas residentes en Bosnia, en los que salió a relucir la inoperancia de la “comunidad internacional”, sobretodo, la de los cascos azules de la ONU que debían garantizar la seguridad de localidades bosnias como Bihac, Goradze, Sarajevo, Srebrenica, Tuzla y Zepa. Especialmente, sangrante resultó el genocidio de Srebrenica (julio 1995) donde una pequeña unidad del ejército holandés que operaba bajo el mandato de UNPROFOR1 no detuvo ni ofreció resistencia alguna al Ejército de la República de Srpska que junto a paramilitares griegos deportaron a más de 20.000 personas y masacraron a 8000 varones
bosniacos constituyendo la mayor matanza masiva en Europa después de la 2 GM (Romero y Romero, 2016). Dicho genocidio supuso que la Administración Clinton tomase una posición más
activa sobre la Guerra de Yugoslavia debido al aumento de la opinión pública y con la cercanía de la campaña presidencial de 1996 (Cox, 2000). Hasta dicho momento, los EEUU habían tenido una
postura de cautela respecto a la intervención en el conflicto yugoslavo, debido a las críticas recibidas por la intervención catastrófica de las tropas estadounidenses en Somalia (1993) (Cox, 2020). En Agosto de 1995, la OTAN comenzó a bombardear objetivos serbios en Bosnia. El distanciamiento entre Belgrado y los serbo-bosnios a la vez que las desavenencias entre Karadzic y Mladic, los dos líderes de las tropas serbo-bosnias, hicieron que todo ello condujera a la negociación de Dayton (Ohio, EEUU) en la que participaron los presidentes de Bosnia – Herzegovina, Croacia y Serbia que acabaría en un acuerdo de paz cuya firma oficial se realizaría en París (14-12-1995).
En los acuerdos de Dayton se garantizaba formalmente la integridad territorial, independencia y soberanía de Bosnia – Herzegovina constituyendo un estado federal con capital en Sarajevo integrado por dos entidades constituidas por la Federación de Bosnia-Herzegovina (51 % del territorio) y la República Serbia de Bosnia (49 %). A la vez, se creaba el corredor de Posavina que comunicaba las dos partes de la República Serbia de Bosnia. En el ámbito político, se configuraba una presidencia rotativa que debía estar formada por un bosniaco, un croata y un serbio. En el ámbito militar, el acuerdo de Dayton implicaba un traspaso de autoridad desde UNPROFOR2 a una instancia de nueva creación como fue el IFOR3 (Fuerza de Implementación) dependiente de la OTAN, constituyendo el 1ª despliegue terrestre de dicha organización. Con su estancia del 20 de diciembre de 1995 hasta final de 1996, la OTAN adquiría nuevas funciones después de la desaparición de la Guerra Fría entre sus nuevos cometidos se encontraban garantizar el alto el fuego, establecer una zona de separación entre los contendientes y controlar el cumplimiento de los acuerdos de limitación de armamento. En el IFOR participaron tropas de 32 países con 54.000 soldados en Bosnia – Herzegovina (Taibo, 2018).
En 1997 Milosevic inició otro conflicto en la provincia de Kosovo que derivaría en la guerra de Kosovo (28-2-1998 – 11-6-1999) entre la República Federal de Yugoslavia (Serbia y Montenegro) y el grupo rebelde albano-kosovar. En este caso, EEUU, después de las negociaciones fallidas con Milosevic, tomaría partido por Kosovo hasta el punto de dar apoyo aéreo al Ejército de liberación de Kosovo (ELK) bombardeando incluso Belgrado. La OTAN intervino como “guerra humanitaria” transformando un concepto surgido a finales del s. XIX empleado por los Estados colonialistas para justificar sus conflictos bélicos en sus colonias. A partir del Tratado de Kumanovo (9-6-1999) las fuerzas serbias acordaron retirarse de Kosovo para dar paso a una presencia internacional. A día de hoy el conflicto sigue sin resolver, a pesar de que en 2008 Kosovo se declaró independiente siendo reconocida como nación por EEUU; no, en cambio, por la ONU, Serbia, Rusia, China, Eslovaquia, Grecia, España, Rumanía ni Chipre, entre otros.
Desde el comienzo de las guerras yugoslavas se tuvo conocimiento de los graves crímenes cometidos. El 25-5-1993 el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas estableció un tribunal internacional destinado a juzgar y castigar a los responsables de las violaciones del derecho internacional humanitario constituido por el Tribunal Penal Internacional para la ex-Yugoslavia (TPIY) sobre 4 grupos de delitos constituidos por las infracciones graves de los convenios de Ginebra, las violaciones de las leyes de guerra, genocidio y crímenes contra la humanidad cometidos desde 1991 en la antigua Yugoslavia incluidos los conflictos de Kosovo y Macedonia (Taibo, 2018).
La 1 ª acusación recayó sobre el jefe de campo de prisioneros de Susica, Dragan Nivolic condenado en 2005 a 20 años de prisión. En total, fueron detenidas 300 personas. En 2001 Milosevic es arrestado y entregado al TPIY. En pleno proceso, fue hallado muerto en su celda el 11-3-2006. En el bando serbo-bosnio, Karadzic recibiría una sentencia condenatoria de 40 años por genocidio y lo mismo ocurriría con Ratko Mladic, en este caso, a cadena perpetua por el genocidio de Srebrenica.
En definitiva, la desintegración de Yugoslavia respondió al efecto dominó de la caída del bloque soviético que supuso el final de la Guerra Fría y con ello un cambio en el Nuevo Orden Internacional donde perdió su sentido la Asociación de Países No Alineados donde Yugoslavia ocupaba un lugar preferente.
El desarrollo de la guerra de Yugoslavia que abarca todo la década de los 90 del s. XX se corresponde con el asentamiento de un mundo que pasará de la bipolaridad a la unipolaridad constituido por el dominio absoluto de los EEUU que extendía su influencia sin aparentes opositores a través de una globalización neoliberal que expertos como Fukuyama consideró como el fin de la Historia.
Si en un principio EEUU no quiso entrar a mediar directamente en el conflicto yugoslavo, después de la difusión del genocidio de Srebrenica la Administración Clinton se decidió a intervenir a causa de la presión pública, tras la inoperancia mostrada tanto por la ONU como por la CE. En este caso, fue necesaria la intervención de la OTAN para llegar a los acuerdos de Dayton, lo que subrayaba el peso predominante de los EEUU en la política internacional en la década de 1990.
En dicho momento para el s. XXI se vislumbraba un dominio absoluto de los EEUU a través de su propuesta global neoliberal; sin embargo, el 11-S y sus posteriores guerras contra el “terror islamista”, el auge económico de China, el cambio de rumbo de Putin a partir de 2008 y el talante alternativo adquirido por el Sur Global intentando desembarazarse de las instituciones económicas que rigen el mercado mundial bajo las directrices de EEUU ha conducida a un Nuevo Orden Mundial multipolar sin rumbo ni liderazgo tan claro como se podía prever tras la desaparición de la Guerra Fría.
Dicha incertidumbre también afecta a repúblicas surgidas de la desintegración de Yugoslavia como es el caso de Bosnia y Herzegovina que se encuentra marcada por una parálisis política a causa de la distribución política de los acuerdos de Dayton. Montenegro y Macedonia constituyen economías pequeñas con una enorme deuda pública incapaces de generar empleo condenando a las nuevas generaciones a la emigración. La corrupción política es un mal endémico que afecta tanto a Serbia como a las demás repúblicas incluidas Eslovenia y Croacia a pesar de pertenecer ya a la Unión Europea. Entre los candidatos a entrar se encuentran Macedonia y Serbia. Respecto a Serbia un tema espinoso es la cuestión de Kosovo que sigue sin resolverse constituyendo un polvorín que amenaza con estallar en cualquier momento como ocurre en Bosnia-Herzegovina donde no se ha logrado una convivencia del todo entre las tres comunidades étnicas mayoritarias.
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