A la búsqueda de una Nueva Historia Cultural

Pública

Tanto La gran tradición de Peter Burke (1) como El presente de la historia cultural de Elena Hernández Sandoica (2) son textos complementarios a través de los cuales abarcar el bagaje de la Historia Cultural desde sus inicios en 1800 hasta la diversidad que predomina en la actualidad.

A la hora de tratar la disciplina vinculada con la Historia de la Cultura, Peter Burke distingue diferentes periodos que van desde la fase clásica (1800 – 1950), pasando por la década de los 60 del s. XX en la cual la Historia Cultural se proyecta hacia el estudio a fondo de la cultura popular y, por último, la Nueva Historia Cultural, desde la década de 1980, que abarca cualquier tipo de temas y amplias metodologías y teorías (3).

La Historia Cultural aborda el estudio de los imaginarios y las representaciones culturales a la vez que las prácticas sociales que los producen. Para Hernández Sandoica, dicha disciplina ha ido reestructurando la tarea principal que plantea la historia intentando el encaje entre lo particular y lo general, entre lo representativo (lo social o compartido) y lo individual y personal (lo excepcional y lo único) (4). De este modo, se logra una visión más global en la cual se produce una interrelación entre individuo y sociedad entrando en el análisis histórico todo tipo de temáticas y fenómenos vinculados con la cultura.

Un punto clave a la hora de adentrarse en la Historia Cultural es clarificar qué se entiende por giro cultural ¿Es lo mismo el giro cultural que dio lugar al origen de la disciplina que los giros culturales que se han detectado en la Nueva Historia Cultural? Actualmente, el concepto de giro cultural abarca todo lo que suponga la creación de nuevos enfoques que amplían el entendimiento del mundo sociocultural. Según Bachmann-Medick, (5) el concepto cultural turn significa un nuevo enfoque en la investigación y con ello se produce un salto epistemológico en el que el objeto de investigación pasa a ser categoría de análisis, un proceso que coincide con la transformación de conceptos inicialmente descriptivos en conceptos operativos. Sin embargo, en la fase clásica de la historia cultural a la hora de referirse al giro cultural cobra un papel destacado precursores como Jacob Burckhardt y Johan Huizinga que contribuyeron a cambiar la noción de la hermenéutica, ya que antes sólo se vinculaba a la interpretación de textos bíblicos; sin embargo ambos historiadores culturales la ampliaron al tratamiento de objetos y acciones. Con ello, contribuyeron a la consolidación de la historia cultural como disciplina a través de dicho giro hermenéutico.

En la Nueva Historia Cultural no sólo se habla de giro cultural sino de giros a la hora de abarcar todas las variedades y creaciones posibles de dicha disciplina en la actualidad.(6). En este caso, Hernández Sandoica concibe la Historia Cultural como un catálogo de la incorporación de corrientes, enfoques y artefactos de métodos diversos que corresponden y obedecen a la íntegra totalidad de las disciplinas sociales y humanísticas formalizadas (7). Si seguimos la línea marcada por Peter Burke sería en la década de 1960 cuando se produciría un cambio importante al volcarse la Historia Cultural en el estudio profundo de la cultura popular que llevaría a un giro cultural vinculado con la antropología a través de la cual se centraría en el estudio del conocimiento del ser humano por medio de la cultura, es decir, costumbres, mitos, creencias, normas y valores que guían y estandarizan su comportamiento como miembro de un grupo social. Por primera vez, el estudio de la cultura popular era abordado por un grupo de historiadores académicos como Richard Hoggart, Raymond Williams y Edward P. Thompson como respuesta a una serie de aspectos entre los cuales sobresalen la exclusión de la gente corriente en los estudios universitarios, una demanda creciente por el interés sobre la cultura popular y, al mismo tiempo, la necesidad de comprender el cambiante mundo de las mercancías (8) tan propio de la sociedad de consumo. A partir de entonces, se multiplicarán los giros culturales entre los cuales cabrían destacar el lingüístico, el visual, el corporal, el afectivo, el subjetivo, el material y el cultural de la 3ª generación de los Annales que a su vez condujo al giro crítico de la 4ª generación comandada por Roger Chartier.

Son el giro lingüístico, el afectivo o emocional y el subjetivo los que han calado más hondo en la Nueva Historia Cultural. El giro lingüístico localizado en los años 70 del s. XX está vinculado con el posestructuralismo en el cual el lenguaje se sitúa en el epicentro de la materia histórica. A partir de entonces, se tendrá la percepción global de que los historiadores no sólo dan explicaciones sino que construyen interpretaciones. Dentro de los principales giros de la Nueva Historia Cultural, Hernández Sandoica centra su foco tanto en el giro afectivo como en el subjetivo vinculados a los estudios feministas. En el giro afectivo la intención teórica se plantea en dos caminos, por un lado, en el interés por detectar las emociones que habitan la vida pública y, por otro lado, en el esfuerzo por producir un conocimiento derivado de dichas emociones.

Dentro del giro afectivo se ha de incluir la reformulación contemporánea de la teoría psicoanalítica, la teoría del Actor-Red la cual pone la atención en las redes que se establecen en la producción de conocimiento, los movimientos y teorías feministas y el posestructuralismo vinculado al estudio artístico. Respecto al giro subjetivo cabe destacar el hecho de que se produce la revalorización del relato en 1ª persona, la subjetividad y la cultura. Para el giro subjetivo la historia no es solo la de los grandes personajes, sino que incluye a toda la ciudadanía. Según Hernández Sandoica, la historia de la subjetividad es entendida como una historia de la individuación de los sujetos, de su expresión política y significativa, de su capacidad simbólica y del peso decisivo del componente psicológico y emocional de todo acto y toda representación posibles, de toda actividad humana y de cualquier deseo (9).

El predominio del giro subjetivo ha conducido a dar nuevas alas al género biográfico y, al mismo tiempo, a los documentos personales considerados su principal fuente de alimentación. En la actualidad la biografía no es entendida como una línea recta que sigue los dictámenes de la cronología, sino que en los nuevos estudios biográficos se tienen en cuenta los “nudos de experiencias” a partir de los cuales reinterpretar el pasado y que a la vez orientan el futuro del sujeto. Desde la perspectiva microhistórica, la biografía es vista como “un conjunto de tentativas, de elecciones, de tomas de posición frente a la incertidumbre”, en este caso se vislumbra una visión existencialista, ya que se ve como un campo de posibilidades entre las cuales la persona tuvo que elegir (10).

Hernández Sandoica pone su atención en el gran peso específico que ha adquirido el feminismo (o feminismos) en las aproximaciones culturales, teniendo en cuenta todo su espectro que va desde el punto de vista femenino (Virginia Woolf) hasta el discurso distintivo de Kate Millet, pasando por las múltiples aportaciones teóricas de las distintas generaciones feministas que han ido desmantelando la hegemonía patriarcal del discurso histórico. Entre todos los géneros, destaca el papel jugado por las biografías de mujeres ¿Cuáles son sus principales logros? Por un lado, han sacado a la luz mujeres cuyas vidas habían pasado ocultas o habían sido olvidadas y, por otro lado, han impactado con fuerza en el rescate de la subjetividad y la experiencia vivida como vehículos del conocimiento (11), lo que ha conducido al auge de la autobiografía que ha llevado de nuevo a plantearse la cuestión de la identidad gracias a la subjetividad recuperada y al hecho de que la mujer se reconozca individuo en equiparación al hombre teniendo en cuenta la diferencia sexual (12).

¿Cuáles son las principales diferencias entre la fase clásica de la Historia Cultural y la Nueva Historia Cultural? Burke señala a Jacob Burckhardt y Johan Huizinga como los principales referentes del periodo clásico, ya que fueron claves en el cambio de noción hermenéutica al aplicarla a todo tipo de materias y cosas cuando anteriormente era un coto privado de la interpretación de textos religiosos. En sus inicios la Historia Cultural pretendió esclarecer todo aquello que constituía el “retrato de una época”, y para ello se centraron en el estudio de los clásicos que configuraban el canon más representativo del periodo. Al mismo tiempo, la Historia Cultural siempre alentó las conexiones entre las diferentes artes, distanciándose de otras concepciones del estudio de la materia histórica que pretendían delimitar la historia a una única disciplina aislada. El principal objetivo consistía en vislumbrar el espíritu de la época (Zeitgeist) a través de enfocar su principal labor en el Geistesgeschichte (historia del espíritu). A la vez, cabría preguntarse cuáles eran los principales objetivos del historiador cultural. Peter Burke señala, por un lado, el hecho de retratar patrones de cultura y, por otro lado, el descubrimiento de los pensamientos y sentimientos característicos de una época (13).

Ya en la década de 1960 se producirá un cambio destacable cuando la Historia Cultural se centre en la Volkskutur ampliando, de este modo, los parámetros y temáticas de la disciplina que se acrecentaron con la multiplicación de todo tipo de giros que a la vez vinieron acompañados de nuevos métodos a partir de los años 70 y 80 del s. XX. Con ello, se anuncia la principal peculiaridad de la Nueva Historia Cultural que destaca sobretodo por la ampliación de la diversidad de enfoques y métodos que corresponden y obedecen a la íntegra totalidad de las disciplinas sociales y humanísticas. Entre los distintos métodos destacará el de los Estudios Culturales (Cultural Studies) que abarcará distintos modos de análisis y aproximación a las sociedades modernas donde la cultura pasa a través de todas las prácticas sociales y es la suma de las interacciones entre ellas. Los Estudios Culturales examinan sus materias en términos de prácticas culturales y sus relaciones con el poder (14). Entre sus principales objetivos sobresalen comprender la cultura en toda su complejidad y analizar el contexto político y social. Al mismo tiempo, la Nueva Historia Cultural irá multiplicando sus disciplinas y métodos de estudios cuando abarque nuevos fenómenos surgidos a través de la tecnología (Game Studies y todo lo vinculado con el giro digital) o diferentes variantes de disciplinas tradicionales vistas ahora desde una nueva perspectiva como la sociología de la literatura la cual analiza las obras literarias en virtud de una clave interpretativa que está más allá de la configuración lingüística del texto o los estudios sobre la cultura de masas consustancial a la sociedad de consumo y la industria cultural.

Según Hernández Sandoica, respecto a los estudios de Historia Cultural se ha pasado de la obsesión explicativa al hecho de enfocar hacia la comprensión (15), de ahí, que sea una disciplina abierta a las nuevas realidades socioculturales que intenta encontrar nuevas perspectivas en vez de buscar una respuesta definitiva. Desde dicho enfoque ¿cuál es el futuro de la Historia Cultural? La Historia Cultural debe afrontar múltiples retos derivados de los avances tecnológicos vinculados con lo digital así como el cambio de paradigma que puede suponer la implantación de la Inteligencia Artificial tanto en el análisis del presente, en la proyección de un futuro continuamente cambiante debido al progreso tecnológico como en las nuevas relaciones que mantendremos con nuestro pasado a través de las nuevas herramientas tecnológicas de investigación y generación de contenido. Para evitar que la Nueva Historia Cultural se quede atrás seguro que será necesario renovar la definición de cultura acorde a los nuevos tiempos de una sociedad tan líquida debido a las continuas novedades y cambios, estar siempre atentos a los nuevos métodos empleados para tratar con las nuevas realidades y a la vez evitar la posible fragmentación disciplinaria con el intento de aspirar a una visión de la historia como un todo a pesar de la volatilidad predominante. Quizá el camino que debe emprender el nuevo humanismo sería el de evitar la especialización para con ello lograr trascender a una visión global capaz de atisbar una concepción totalizadora de todos los cambios y, en ello, la Historia Cultural debe jugar un papel destacado, por un lado, debe reconocer todas las nuevas variedades asociadas con la cultura y, al mismo tiempo, saber enlazarlas en una única red todas las singularidades y novedades aunando al mismo tiempo explicación y comprensión.

Notas al pie: 

(1) Burke, Peter. 2006. “La gran tradición”. En: Burker, Peter. ¿Qué es la historia cultural?. Barcelona: Paidós. p.19-33. ISBN 9788449318405.

(2) Hernández Sandoica, Elena. 2019. “El presente de la historia cultural”. Cercles. Revista d´Història Cultura. Núm. 22. p. 51-79. ISSN 16997468.

(3) Burke, Peter. p. 20.

(4) Hernández Sandoica, Elena. p. 59.

(5) Bachmann-Medick, Doris. 2016. Cultural Turns: New Orientations in the Study of Culture. Berlín: Walter de Gruyter. ISBN 978-3-11-040307-7.

(6) Hernández Sandoica,Elena. p. 59.

(7) Hernández Sandoica, Elena. p. 55.

(8) Burke, Peter. p. 33.

(9) Hernández Sandoica, Elena. p. 76.

(10) Hernández Sandoica, Elena. p. 68.

(11) Hernández Sandoica, Elena. p. 71.

(12) Hernández Sandoica, Elena. p. 75.

(13) Burke, Peter. p. 22.

(14) Hernández Sandoica, Elena. p. 55.

(15) Hernández Sandoica, Elena. p. 66.

Bibliografía:
Amadet Pons, Justo Serna. 2012. “Variaciones sobre la historia cultural en España”. En: Philippe Poirrier. La historia cultural ¿un giro historiográfico mundial?. Valencia: Universitat de València. p. 185-199. ISBN 9788437088327.
Bachmann-Medick, Doris. 2016. Cultural Turns: New Orientations in the Study of Culture. Berlín: Walter de Gruyter. ISBN 978-3-11-040307-7.
Burke, Peter. 2006. “La gran tradición”. En: Burke, Peter. ¿Qué es la historia cultural?. Barcelona: Paidós. p. 19-33. ISBN 9788449318405.
Hernández Sandoica, Elena. 2019. “El presente de la historia cultural”. Cercles Revista d´Història Cultural. Núm. 22. p. 51-79. ISSN 16997468.

 

Publicaciones Similares

Deja una respuesta