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¿Antropoceno y/o Capitaloceno?

Pública

Si consideramos que el Antropoceno puede ser una fase dentro del Holoceno, ¿podríamos dentro del primero encontrar una división constituía por el capitaloceno? Es decir, ¿el antropoceno se puede dividir en diversas fases dependiendo del grado de afectación de la acción de ser humano en el cambio climático que puede derivar en un nuevo periodo geológico? O, en cambio, ¿dicho cambio geológico será causado en su mayoría por los efectos que se dieron en el capitaloceno?

El término capitaloceno, empleado por Andreas Malm, hace referencia al consumo creciente de combustibles fósiles como estrategia capitalista para dominar los recursos productivos y controlar a la clase obrera. El capitaloceno se consideraría una aceleración del proceso iniciado en el antropoceno. A través del antropoceno, tanto Crutzen como Stoermer, intentaron expresar la perturbación de los ciclos químicos a raíz de la actividad humana situando a la humanidad como la fuerza geológica responsable de las grandes emisiones contaminantes.

Paul J. Crutzen asocia el origen del antropoceno con la revolución industrial y, más concretamente, con la creación de la primera máquina de vapor configurada por James Watt (1774). Dentro de las distintas fechas en las que se ha especulado sobre el inicio del antropoceno en las que destacan desde el inicio de los efectos de la agricultura hasta el encuentro entre el Viejo y el Nuevo Mundo, la propuesta por Crutzen encajaría con el hecho de colocar al sistema capitalista como el principal causante del cambio climático. En este caso, la utilización de un concepto como el capitaloceno supondría ir un paso más allá al conjuntar un análisis geológico, económico y social para lograr interpretar la compleja relación entre economía, sociedad y medio ambiente.

El capitaloceno apunta al desarrollo del capitalismo global como la causa primigenia del cambio climático incidiendo en el periodo de la Gran Aceleración (mediados del s. XX hasta la actualidad) donde se concentran, por un lado, fenómenos como una gran expansión de la población humana, el desarrollo de nuevos materiales desde minerales a plásticos, contaminantes orgánicos y compuestos inorgánicos, el aumento de picos de radiactividad desde principios de los años 50 del s. XX y, por otro lado, datos como el pico global de 14C, el polen fósil de los nuevos cultivos modificados genéticamente e isótopos de plomo en núcleos de hielo (Lewis y Maslin, 2015). Debido a ello, el capitaloceno se presenta como un periodo de aceleración de la influencia de la mano del hombre respecto al ecosistema terrestre.

Al mismo tiempo el uso del concepto de capitaloceno frente al de antropoceno guarda una carga crítica que incide en el hecho de que la crisis climática actual está provocada por todas las derivas del capitalismo constituido por un sistema económico que aspira a un crecimiento infinito sin tener en cuenta que los recursos de nuestro planeta son finitos (Saito, 2020). A través del capitaloceno se pone el acento en los principales causantes de la degradación del medio ambiente. Por ejemplo, se ha de tener en cuenta de que en el periodo de la Gran Aceleración los cinco primeros países emisores de CO2 (China, EEUU, India, Rusia y Japón) han generado el 60 % del total de dichas emisiones (Saito, 2020). Con estos datos, ¿se puede culpar por igual a toda la humanidad por el cambio climático que estamos padeciendo? ¿O existen entidades, naciones e individuos con mayor responsabilidad en ello?

El capitaloceno lleva inherente una visión crítica contra el proceso de colonialismo económico que es inherente al sistema capitalista. En este caso, se ha de ser consciente de que la riqueza del capitalismo en los países desarrollados no podría darse sin la explotación del trabajo y saqueo de los recursos naturales y humanos de los países subdesarrollados cuyos recursos naturales, energía y alimentos son arrebatados mediante un intercambio desigual con los países que dominan el mercado capitalista (Saito, 2020). Mientras que gran parte de los beneficios van a parar a los países desarrollados; en cambio, el Sur Global padece un gran porcentaje de los problemas medioambientales. En este caso, Stephan Lessenich, sociólogo alemán, emplea el concepto de sociedad de la externalización para hacer referencia a la transferencia de los costes a lugares lejanos y su invisibilización las cuales son imprescindibles para seguir manteniendo la prosperidad en los países desarrollados (Saito, 2020).

Debido a la mentalidad capitalista de centrarse siempre en lograr el máximo beneficio en el más corto plazo de tiempo posible, el capitalismo tiende a la inmediatez lo que perjudica a la hora de planificar una estrategia que permita detener o al menos apaciguar los efectos del cambio climático. En la visión capitalista, el presente prospera gracias al sacrificio del futuro, siendo incapaz de ver más allá a la hora de legar un planeta apto para unas condiciones vitales dignas para las futuras generaciones. A causa de ello, el capitalismo se encuentra en un auténtico callejón sin salida, ya que el hecho de la explotación masiva de los recursos del planeta como la contaminación hasta límites insospechados harán imposible la vida en nuestro planeta, lo que supondrá el final del mismo sistema capitalista si se produce la extinción de la humanidad. La cuestión principal ante dicha encrucijada es si ¿hay otras alternativas al sistema capitalista a la hora de configurar otro sistema que sea capaz de revertir el cambio climático? Y si es así,¿cuáles serían dichas alternativas?

Bibliografía:
– Crutzen, P. J. (2006). “The Anthropocene”. En Crutzen, Paul J: Earth system science in the anthropocene. Springer. p. 13-18. ISBN 9783540265900.
Lewis, S. L. y Maslin, M. A. (2015). “Defining the Anthropocene”. Nature. Vol. 519. p. 171-180. ISSN 0028-0836.
– Saito, Kohei. (2022). El capital en la era del antropoceno. Ediciones B: Barcelona. ISBN 978-84-666-7166-8. (Original publicado en 2020).

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