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Paralelismos entre Un mundo feliz (1932) de Aldous Huxley y La sociedad del espectáculo (1967) de Guy Debord

Pública

A pesar de la distancia temporal de publicación entre la novela Un mundo feliz (1932) de Aldoux Huxley y el ensayo La sociedad del espectáculo (1967) de Guy Debord, ambos autores analizan una transformación pareja vinculada con el paso de una sociedad basada en la coerción visible a otra basada en la distracción, el consumo y la manipulación simbólica.

¿Cuál es la primera coincidencia entre las dos sociedades que se describen en las obras mencionadas? Un punto clave en ambas es el espectáculo como forma de control. En este caso, Debord sostiene que en la modernidad la vida se convierte en representación y lo real es sustituido por imágenes. En Un mundo feliz todo ello se consigue a través de varios modos como el entretenimiento constante que impide la reflexión, la droga del “soma” que pretende eliminar el malestar y las preocupaciones y, por último, reduciendo la cultura a estímulos sensoriales superficiales. En ambos casos, el poder no necesita reprimir violentamente, sino que basta con mantener a la población distraída. En nuestra sociedad actual dichos mecanismos de distracción se han incrementado a partir de la hiperconectividad y el scroll característicos de Internet.

En las sociedades descritas, el consumo acaba convirtiéndose en la seña de identidad de un capitalismo que ha convertido a las personas en espectadores y consumidores pasivos. En ambas sociedades, la identidad se construye a través del consumo. Según el condicionamiento de Un mundo feliz el hecho de consumir se convierte en una obligación moral. Toda la maquinaria publicitaria trabaja para crear un continuo deseo de poseer cosas y de consumir, a la vez, que está mal visto reparar objetos, ya que si se estropean se encuentra asumido de que se deben consumir nuevos. En este tipo de sociedad, el individuo no se define por lo que es, sino por lo que consume y disfruta.

¿Cuál es la principal consecuencia de la expansión del espectáculo? En este caso, el hecho de separar a las personas de su experiencia directa del mundo. Cualquier tipo de relación con las personas o experiencia cotidiana se encuentra mediatizada. En Un mundo feliz no hay relaciones profundas entre las personas ni tampoco hay familia, lo que imposibilita crear unos lazos profundos entre los individuos. Debido a lo mediático de cualquier tipo de actividad humana, la alienación ya no es solo económica, como promulgaba Karl Marx, sino perceptiva y emocional dando lugar a una felicidad superficial y a una pasividad del ciudadano.

¿Qué critica Debord de la sociedad del espectáculo? El hecho de privilegiarse la apariencia sobre la esencia, a la vez que se intenta evitar en todo momento cualquier tipo de conflicto para lograr que la postura crítica se diluya en entretenimiento. En Un mundo feliz el sufrimiento se oculta a la vez que la estabilidad se considera el valor supremo, se rechaza cualquier tipo de profundidad en el pensamiento, ya que suele ser peligrosa. En este caso, el espectáculo y el placer funcionan como anestesia política.

A pesar de los paralelismos entre la novela y el ensayo analizados, se dan diferencias entre ellas. En el universo ficticio de Huxley, el control es planificado por el Estado; en cambio, en Debord el espectáculo surge del capitalismo avanzado y la lógica mercantil. No obstante, el resultado es similar configurando una sociedad donde el individuo pierde autonomía sin sentir que está oprimido.

En definitiva, Un mundo feliz avanza lo que Debord llamará “sociedad del espectáculo” a la hora de referirse a una forma de dominación basada no en el miedo, sino en el placer, la imagen y el consumo. En este caso, la premisa principal de este tipo de condicionamiento y control apunta al hecho de que el poder más eficaz es el que logra que las personas amen su propia servidumbre.

 

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