La mirada visionaria de Zamiatin, Orwell y Huxley
Pública A lo largo de todo el s. XX, el género de la novela distópica alcanzó una relevante producción y difusión, apoyándose en títulos como Nosotros (1921) de Y. Zamiatin, Un mundo feliz (1932) de A. Huxley y 1984 (1949) de G. Orwell que constituyen los tres principales pilares de un género que suele proyectar un posible futuro de la humanidad.
El género de la novela distópica continúa cultivándose en el s. XXI, aunque guarda ciertas diferencias tanto en el ámbito de la temática como de sus proyecciones futuras producto de los cambios históricos respecto al siglo pasado. A pesar de dichos matices diferenciales, las tres novelas mencionadas han sido proféticas en determinados aspectos.
Durante este s. XXI la novela Nosotros ha comenzado a recopilar cada vez más lectores, debido a la relevancia que daba a las matemáticas las cuales se han convertido en una enorme referencia a causa de los algoritmos que se han aplicado en la revolución digital los cuales se han convertido en pilares fundamentales a la hora de desarrollar el capitalismo de redes que domina el Internet actual. Al mismo tiempo, la Red internáutica se ha transformado en la “ciudad de cristal” imaginada por Zamiatin ya que supone una vigilancia permanente a través del rastreo por Internet, el Big Data y la omnipresencia de cámaras. No obstante, dentro de dicha vigilancia permanente hay una diferencia importante, ya que si en Nosotros el control se hacía evidente; en cambio, en la actualidad se produce de una forma más sutil a través de las nuevas tecnologías que hacen acto de aparición mediante la omnipresencia de cámaras, el rastreo de datos, la geolocalización constante y las redes sociales. Por tanto, sale a relucir una importante diferencia ya que mientras en Nosotros la vigilancia es impuesta; en cambio, en la actualidad, dicho control es o bien aceptado o bien normalizado, tal y como se muestra en la novela El círculo (2013) de Dave Eggers.
El universo de Nosotros se caracteriza por reducir las personas a simples números. Dicha reducción cobra forma en la actualidad a través de la identidad digital que se traduce en métricas mediante perfiles cuantificados. Con ello, Zamiatin acertó plenamente en la fe desmesuradas que se da a día de hoy en la racionalización de todos los aspectos del ámbito humano, tal y como pone de manifiesto la revolución de las TIC que han colocado la lógica matemática como criterio supremo. Tanto en el capitalismo de plataformas actual como en la “ciudad de cristal” de Nosotros se aspira a una ingeniería del comportamiento que permita controlar cualquier paso llevado a cabo por cualquier individuo. Se pretende eliminar cualquier posibilidad de libertad y de elección sin que la persona sea consciente de ello. Por ello, se tiende al control absoluto evitando la incertidumbre o los imprevistos que pueden darse a través de la imaginación. Si en Nosotros la imaginación se extirpaba a través de una operación; en cambio, en la actualidad la imaginación se canaliza y condiciona a través del diseño persuasivo en plataformas digitales, la manipulación emocional mediante contenidos personalizados y la economía de la atención que moldea deseos y hábitos. En un mundo que aspira a tener controlado todos los ámbitos cotidianos de una persona, lo imprevisible se considera peligroso. Por lo tanto, en el intento de evitar la incertidumbre; sin embargo, se privilegia lo medible y lo controlable. Todo ello lleva a tratar patológicamente todo aquello que se sale de la norma. A través de ello, desembocamos en el valor profético más certero que nos legó Zamiatin consistente en el hecho de que la intuición del peligro no siempre es la opresión brutal, sino la tentación de convertir la vida humana en un sistema perfectamente calculable. Dicha aspiración es la que pretende el capitalismo de plataformas con el objeto de ir marcando cualquier próximo paso del usuario a través de una invisible vigilancia permanente y un análisis exhaustivo de su personalidad con el análisis detallado de sus consultas en Internet a través del Big Data. Tal vez, en la actualidad, no seamos números oficiales; pero sí somos perfiles cuantificados.
El hecho de considerar pilares básicos de la sociedad tanto las matemáticas como la ciencia conduce a la estigmatización de lo irracional. En la actualidad, en numerosos ámbitos, se privilegia lo medible a la vez que lo subjetivo o ambiguo es visto como ineficiente. El autentico peligro anunciado en Nosotros es la tentación de convertir la vida humana en un sistema perfectamente calculable. En este caso, Zamiatin anticipó el riesgo de que la racionalización absoluta reduzca la complejidad humana.
La forma de control que se desarrolla en Un mundo feliz (1932) de Huxley podría encajar perfectamente en la concepción de Biopoder de Michel Foucault. El control llevado a cabo en la sociedad proyectada por Huxley guarda paralelismos evidentes con el de las sociedades democráticas actuales que se desarrollan mediante una cultura de entretenimiento constante a la vez que se emplea el placer como mecanismo de control. Una estabilidad social basada en la distracción permanente, el consumo frenético y en la continua estimulación sensorial. A través de la revolución de las TIC se ha desarrollado el streaming ilimitado, lo que ha convertido que la distracción se haya convertirdo en una experiencia cotidiana. A través del entretenimiento continuo, se impide una labor crítica frente al entorno que nos rodea. Un streaming que se desarrolla mediante las redes sociales con desplazamiento infinito, vídeos de corta duración que otorguen una gratificación instantánea y un entretenimiento disponible las 24 horas durante los 365 días al año.
Aunque todavía no se ha desarrollado un medicamento como el soma huxleniano; sin embargo, en la actualidad, cada vez se ha incrementado más la medicación creciente contra el malestar emocional. A nivel general, en las sociedades más avanzadas tecnológicamente existe una fuerte tendencia a evitar el dolor, el aburrimiento y el conflicto. Todo ello nos priva de particularidades que vienen dadas con la condición humana. Se tiende a una felicidad artificial que se alienta con fármacos que nos conducen a estar anestesiados ante situaciones problemáticas que se dan en la propia existencia humana.
A día de hoy todavía no nacemos en incubadoras clasificadas en castas; no obstante, se siguen dando avances enfocados a la producción artificial de seres humanos en laboratorios En la actualidad, ya es una realidad la fecundación in vitro, la selección genética en ciertos contextos médicos y la edición genética experimental. Todavía no se diseñan castas predeterminadas que van de los alfas a los épsilons, pero la capacidad técnica de intervenir en la biología humana es real y creciente.
Si en Un mundo feliz el condicionamiento se daba desde la infancia con el objeto de moldear deseos y valores, en la actualidad, el entorno digital moldea preferencias desde edades muy tempranas, segmenta contenidos según perfiles y refuerza creencias mediante algoritmos. En este caso, el condicionamiento no es centralizado, pero sí sistemático.
El neocapitalismo de hoy en día junto al capitalismo de plataformas coincide con la novela de Huxley en colocar el consumismo como pilar del sistema. El crecimiento económico depende del consumo continuo; no de la autosuficiencia. Un consumo compulsivo que lleva a la superficialidad que cobra forma en la pérdida de profundidad cultural que en Un mundo feliz cobra forma con la eliminación de materias vinculadas con las humanidades a la vez que la lectura queda reducida a la mínima expresión y compresión como pone de manifiesto una buena parte de los resultados del Informe PISA. En la actualidad, se ha producido una simplificación cultural masiva, la preferencia por contenidos breves y de fácil digestión, así como el hecho de no cultivar la curiosidad por el conocimiento ¿Cómo se plasma dicha pérdida en la actualidad? A través de la simplificación masiva, la preferencia por contenidos breves y digeribles, la menor tolerancia al silencio, la lentitud o la complejidad.
La idea más vigente de Huxley es que una sociedad puede perder su libertad; no tanto por el miedo, sino porque prefiere la comodidad. Es el canto de sirenas de la sociedad del entrenamiento y del consumismo compulsivo. Huxley no temía un régimen que prohibiera los libros, sino uno en el que nadie quisiera leerlos.
Si en las sociedades más avanzadas y consumistas predominan más el control expuesto en Un mundo feliz; sin embargo, en países más atrasados tecnológicamente predominan los métodos más coercitivos como ocurre en 1984 de Orwell donde predomina el miedo, la vigilancia represiva, el castigo y la censura explicita. A veces, se suelen emplear métodos híbridos que combinan tácticas basadas en la distracción y el confort con otros más opresivos donde entra en juego la violencia del Estado.
¿Existe la posibilidad de conocer o acercarse a la verdad de los acontecimientos en una sociedad actual tan mediatizada? Mientras que en el mundo orwelliano la verdad dependía del poder; en cambio, en Un mundo feliz, la verdad se diluye en un exceso de trivialidad. En este caso, no se prohíbe la información, sino que se vuelve totalmente irrelevante. En la actualidad, predomina la sobreabundancia informativa, la desinformación y el entrenamiento constante. Todo ello afecta a la relación entre información y verdad. En Orwell el Estado manipula el pasado, reescribe la historia y la verdad dependiendo del interés del poder; en cambio, en Huxley, la verdad se diluye en un exceso de trivialidad, no se prohíbe la información, sino que se vuelve irrelevante ¿Qué se da más en el mundo de hoy en día? Actualmente, vivimos en una era marcada por la sobreabundancia informativa, la desinformación y el entretenimiento constante. No se tiende tanto a censurar, sino que lo más importante y crítico suele ahogarse entre tanto ruido informativo. Desde dicho punto de vista, Huxley estuvo más certero respecto al tratamiento de la información.
Respecto al vínculo entre tecnología y control, en Orwell, la tecnología se emplea para vigilar a través de la omnipresencia de las pantallas; en cambio, en Huxley, su uso se enfoca para satisfacer y moldear deseos. En la actualidad existen ambas cosas: una vigilancia digital más cercana y omnipresente cercana a la expuesta por Orwell y, al mismo tiempo, los algoritmos que optimizan nuestra atención y consumo que entroncan con la sociedad de Un mundo feliz.
Mientras que en Orwell la población obedece por miedo; en cambio, en Huxley la población coopera porque está satisfecha. En este caso, Orwell temía que nos quitaran la libertad; sin embargo, Huxley pone el acento en el hecho de que entregáramos la libertad voluntariamente a cambio de comodidad y seguridad. En la actualidad, la mayoría de las personas que viven en las sociedades más avanzadas no sienten que vivan bajo una dictadura abierta. Sin embargo, sean conscientes de ello o no, participan activamente en sistemas que recopilan datos y moldean comportamientos. Todo ello encaja más con la sociedad imaginada por Huxley.
A pesar de que el sistema orwelliano se asocia con dictaduras que emplean métodos más coercitivos sin embargo también en las supuestas democracias actuales a través de los mass media combinados con la revolución de las TIC se ha producido un empleo masivo de eufemismos que recuerdan a los empleados en la neolengua de INGSOC así como el doblepensar que se hace evidente en dirigentes como Donald Trump o Benjamin Netanyahu o la posverdad que se ha puesto en práctica de forma masiva a través de las redes sociales. Dichos mecanismos orwellianos son el pan de cada día que se da en el universo actual de la información masiva que tiende más a la desinformación que al análisis crítico de los acontecimientos.
En definitiva, ¿qué predomina más en la actualidad las medidas coercitivas de 1984 o las enfocadas al entretenimiento de Un mundo feliz? Depende del contexto predomina una u otra. En los países más consumistas y avanzados son más relevantes aspectos asociados con Un mundo feliz; en cambio, en los países más atrasados se aplican los métodos más coercitivos de 1984. El objetivo fundamental es controlar la población para mantener en funcionamiento el sistema impuesto. A través de la influencia dejada por las tres novelas analizadas se podría sintetizar que en la actualidad la infraestructura es zamiatiniana en una sociedad matematizada a través de la revolución de las TIC, la cultura dominante es huxleyana enfocada al placer y la distracción y, finalmente, la dimensión política puede volverse orwelliana en periodos de crisis como ocurrió en el control de la pandemia de COVID o en la aplicación de la guerra perpetua llevada a cabo por EEUU a partir de los atentados del 11-S.
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