El doctor Zhivago: ¿es posible integrar lo individual en la revolución colectiva?
Pública Juan Marsé siempre ha defendido la importancia de la literatura a la hora de remontarnos a épocas pasadas ya que, a diferencia de la historiografía, la recreación literaria no se queda únicamente en una recopilación de datos históricos, sino que a través de ella el verdadero escritor atrapa con su sensibilidad el espíritu que domina en su contexto histórico. La premisa del escritor catalán se rubrica plenamente en El doctor Zhivago, ya que a través de las experiencias vitales y espirituales del protagonista, alter ego del autor, se logra plasmar la convulsiva historia de Rusia durante las tres primeras décadas del s. XX.
La novela se hace eco del exilio interior que tuvo que sufrir Boris. Pasternak al negarse a escribir al dictado que obligaba el régimen soviético a sus escritores. De este modo, entre otras cosas, la obra se convierte en un auténtico alegato sobre la independencia espiritual del artista que no se doblega ante el poder establecido. El novelista ruso manifiesta su rechazo por el realismo soviético al afirmar que la creación artística constituye una búsqueda personal e individual del artista por intentar dar forma a toda su cosmovisión de la realidad. Por eso, no debe verse influenciado por intereses extraliterarios que condicionen su particular e intransferible creatividad.
Con El doctor Zhivago el escritor ruso conecta con las renovadoras corrientes literarias de los primeros decenios del s. XX que pretendían romper definitivamente con la separación artificial entre la prosa y la poesía. En este caso, la prosa de Pasternak debe considerarse el complemento perfecto para la comprensión de su poesía. Los poemas situados al final de la obra nos ayudan a ahondar perfectamente en toda la tragedia que supuso su exilio interior cuya experiencia vital ha marcado decisivamente su sensibilidad artística. No obstante, el arte no es meramente una mera descripción de la vida, sino una expresión de la unicidad del ser que recoge el bagaje espiritual del individuo y, al mismo tiempo, atrapa la fisonomía de su época histórica.
La modernidad narrativa de Pasternak se muestra en las formas narrativas empleadas que sobresalen por su enorme variedad, ya que van desde el realismo más canónico hasta la utilización con toda naturalidad de recursos narrativos directamente extraídos del naciente lenguaje fílmico entre el cual sobresalió el montaje de atracciones de Serguéi Eisenstein. Habitualmente, la narración se encuentra dividida en cuadros concisos que pretenden plasmar una imagen que impacte al lector como si se tratase de un plano cinematográfico, como ocurre en el inicio de la novela donde se nos muestra el entierro de la madre del joven Yura. Al mismo tiempo, la forma de narrar la revolución de 1905 se asemeja al montaje en paralelo en su intento de atrapar diferentes situaciones justo en el momento de la carga militar sobre la multitud en el famoso Domingo Sangriento. De este modo, el lector tiene la posibilidad de conocer el entorno aristocrático-burgués en el que se movía el adolescente Yura en el estallido de la 1ª Revolución o cómo su tío Nikolái Nikoláievich toma conciencia de la importancia de los sucesos políticos que estaban ocurriendo al contemplar la carga militar desde la ventana de su estancia.
De la fatalidad del destino que enigmáticamente va ligado a cada individuo como su relación con la naturaleza y su tierra natal, surge el panteísmo de Pasternak que se vincula con la tradición popular rusa que siempre ha tenido presente la importancia de los elementos naturales en la configuración de su cosmovisión. El autor ruso lo tendrá muy presente no sólo en las descripciones de El doctor Zhivago, sino en toda su obra poética en la cual establecerá continuas analogías entre el hombre y la naturaleza. A través de la renovación del ciclo vital de las estaciones, el protagonista entenderá cómo detrás de la sombra alargada de la muerte, fecunda la vida al igual que la creación artística.
Tras los dos rostros totalmente antagónicos de la revolución, por un lado, entendida como proyecto hacia una sociedad que finalice con la explotación del hombre por el hombre y, por otro lado, como imposición de una dictadura que coarta la libertad individual, el doctor Zhivago se preguntará cómo integrar lo individual en la nueva sociedad comunista. En este caso, el individuo será devorado por la maquinaria estatal despojándolo de su humanidad, tal y como queda patente con las referencias a los campos de trabajo en el epílogo de la novela años después de la muerte del protagonista. Frente al horror del régimen soviético, se levanta la figura del doctor Zhivago, alter ego de Pasternak, que se mantuvo fiel a sus ideas, hasta el último instante de su vida, tanto en el ámbito artístico como en el moral.
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