Los vagabundos de Máximo Gorki: entre el Romanticismo y el Realismo social
Pública Máximo Gorki (1868-1936), considerado el principal precursor del realismo socialista, se convirtió en el portavoz de los humillados y marginados de la Rusia zarista. En sus relatos de Los vagabundos (1895-1899), conseguirá escapar de la visión monolítica que hasta entonces había ofrecido gran parte del realismo decimonónico. En este caso, el escritor ruso rechaza todo tipo de tópicos sobre los seres marginados con el objeto de ahondar en la personalidad de unos seres que han optado por elegir una vida alejada de todas las convecciones sociales. De ahí que sean excluidos de la naciente sociedad industrial la cual condenaba a los individuos a la alienación y a la esclavitud de las fábricas. Gorki se esfuerza por reflejar el distanciamiento existente entre la masa obrera y sus protagonistas vagabundos, tal y como se muestra en el inicio de sus dos primeros relatos. En Txelkaix la descripción del primer capítulo se detiene a describir la jornada laboral en un puerto industrial. Paradójicamente, la Revolución Industrial no ha supuesto el bienestar de la gran mayoría de la sociedad, sino más bien su esclavitud al ritmo que van marcando las máquinas. Frente al movimiento frenético de los obreros, contrasta la figura del vagabundo protagonista cuya vida nómada lo convierte, al mismo tiempo, en ser excluido por el hecho de no hallarse esclavizado por dicha maquinaria industrial. Asimismo, este mismo contraste es empleado con la intención de subrayar la atracción que siente el narrador hacia la figura del presunto príncipe-vagabundo Xakro la cual cosa le conducirá a embarcarse en el viaje de retorno hacia el reino lejano que dice poseer.
Entre todos los personajes que van apareciendo en los tres relatos, únicamente, son los vagabundos quienes gozan de un carácter propio apoyado en su particular forma de concebir la existencia. En este caso, Gorki empleará el concepto de la “filosofía de la vida” para incidir en la sabiduría que han ido adquiriendo a partir de sus viajes y de sus experiencias vitales la cual cosa contrasta con todo aquel conocimiento adquirido a través del estudio. En el relato Mi compañero el autor recupera el símbolo del viaje como muestra del conocimiento adquirido gracias a sus vivencias con el príncipe-vagabundo. Por eso, al final del relato no le reprocha el hecho de ser un impostor y de haberse inventado la posesión de un reino, ya que le ha otorgado otra visión de encarar la vida muy diferente a la que predomina en las grandes ciudades.
En los tres relatos predomina la relación entre dos personajes donde cada uno ocupa el rol de aprendiz y el otro de maestro la cual cosa posibilita que la acción narrativa vaya avanzando a través del diálogo. Frente a las acusaciones y el trato de ladrones infringido sobre los vagabundos, dichos personajes se reflejarán como auténticos sabios cuyo conocimiento ha venido dado por las penalidades sufridas y por el contacto directo que mantienen con la Naturaleza en una sociedad urbana que iba olvidando los vínculos directo entre los elementos naturales y el ser humano. De este modo, se comenzaba a negar toda aquella tradición omnipresente en el folklore ruso en el que se incidía en el amor del pueblo ruso a su tierra natal. No obstante, la Naturaleza no es únicamente un convidado de piedra, sino que se convierte en una pieza clave a la hora de ir desarrollando la acción o los cambios en la relación entre los dos personajes protagonistas, tal y como se plasma en Mi compañero donde los elementos naturales nos adelantan las posteriores adversidades que padecerán los dos caminantes o como el mar apunta en todo momento el cambio de la relación entre Txelkaik y el joven Gaurvo donde la presunta inocencia del joven será sustituida por la codicia una vez que se dé cuenta de la cantidad de dinero que puede conseguir a partir del robo. Gorki no se detiene sólo en el lado que incide en el vínculo entre el hombre y la Naturaleza, sino que también hace referencia en la Naturaleza inhóspita contra la cual luchan los esfuerzos del ser humano para dominarla.
Tras la descripción de la personalidad de los tres vagabundos de su relato se vislumbra la crítica feroz a una sociedad, tanto urbana como rural, que se limita a olvidar a todos aquellos individuos que no entran en sus convecciones ni en las reglas del juego. La sociedad industrial no ha supuesto una mayor riqueza para la mayoría de los ciudadanos rusos, sino que los ha esclavizado al trabajo sin beneficio y, al mismo tiempo, les ha conducido a la codicia por el dinero. De ahí resurge como respuesta la figura del vagabundo cuya libertad lo condena a la marginación y al ostracismo por el hecho de no dejarse engullir por el mecanismo de la sociedad capitalista.
No obstante, cabe plantearse si Gorki da una visión idealizada de los vagabundos. A pesar de que el vagabundo aparece a menudo como una figura situada fuera de la sociedad burguesa, capaz de encarnar una libertad y una independencia que los personajes integrados en el orden social han perdido; sin embargo, el escritor ruso no oculta su degradación, violencia, alcoholismo, soledad o fracaso. Respecto a ello, es clave distinguir entre idealización del modo de vida e idealización de ciertas cualidades humanas. Gorki no presenta la existencia del vagabundo como algo deseable en sí mismo, ya que tanto la pobreza, la inseguridad como la marginalidad están descritas con bastante crudeza. En cambio, tiende a ennoblecer todo aquello que el vagabundo puede representar como la libertad, el rechazo de las convenciones, el orgullo, la vitalidad y la resistencia frente a una sociedad basada en la propiedad y la respetabilidad. Todo ello aparece cuando la figura del vagabundo se contrapone al campesino, al pequeño propietario y al hombre que aspira a acumular bienes. En dichos contrastes, Gorki puede hacer que el marginal posea una especie de superioridad espiritual, debido al hecho de no poseer nada, por ello, parece menos sometido a las cosas. En este caso, la posesión aparece como una forma de esclavitud, mientras que el vagabundo conserva, al menos imaginariamente, una promesa de autonomía.
Una libertad que tiene su reverso ya que casi todos los vagabundos que aparecen son incapaces de convertir su rebeldía en un proyecto vital estable. Su independencia suele terminar en aislamiento, autodestrucción o impotencia social. El vagabundo de Gorki puede ser libre respecto a determinadas normas sociales, pero no por ello domina su existencia. En ocasiones su libertad resulta totalmente negativa, ya que sabe de qué quiere escapar, pero no necesariamente hacia dónde dirigirse. En cierto modo, predomina en la visión gorkiana una romantización crítica del vagabundo. El escritor ruso siente fascinación por personajes fronterizos, aventureros, marineros, delincuentes, trabajadores errantes y seres que viven al margen ¿A qué es debido? Al hecho de que en ellos encuentra una intensidad vital que contrasta con la mediocridad de la existencia convencional. Sin embargo, cabe destacar que simultáneamente introduce elementos realistas que destruyen cualquier imagen plenamente heroica.
Desde la perspectiva de Gorki, la idealización de los vagabundos suele conservar una dignidad humana que contradice la mirada social que los considera deshechos. De este modo, el escritor ruso invierte así parcialmente la jerarquía moral, ya que en su universo literario el personaje respetable a nivel social suele ser mezquino, cobarde o dominado por el interés económico; sin embargo, el marginal puede manifestar generosidad, orgullo o una inesperada sensibilidad. En dicho sentido, el vagabundo cumple una función crítica No es un personaje social, sino una especie de punto de observación exterior desde el que se juzga a la sociedad. Al estar fuera de sus instituciones y convenciones, permite revelar el carácter artificial de valores como la propiedad, el éxito, el prestigio o la respetabilidad. No obstante, Gorki no lleva a convertir a los vagabundos en una alternativa social completa ya que a pesar de que el vagabundo posee libertad; sin embargo, carece de futuro. Por eso, cabría considerar que Gorki idealiza determinadas potencialidades del vagabundo -su libertad, orgullo, vitalidad y resistencia frente a las convenciones-, pero no idealiza su condición material ni oculta el carácter destructivo y estéril que puede adquirir dicha marginalidad. Dicha ambivalencia será fundamental para entender la evolución posterior de Gorki cuando se adhiera a los ideales bolcheviques, ya que del individualismo rebelde sus primeros vagabundos irá dejando paso progresivamente ala pregunta por cómo transformar dicha rebeldía individual en conciencia colectiva y acción social como llevará a cabo en su novela La madre (1907).
En dicha visión ambivalente sobre los vagabundos se integran en la mirada de Gorki tanto rasgos del Romanticismos como del realismo social. De este modo, conserva al vagabundo como figura de libertad y protesta a la vez que lo devuelve a la dureza de las condiciones materiales. Del Romanticismo mantiene la idea del vagabundo entendido como individuo que vive fuera de las convenciones sociales, su oposición al mundo burgués de la propiedad, la asociación entre erradica y libertad, el orgullo del personaje marginal y la fascinación por figuras indisciplinadas y difíciles de integrar. Desde dicho punto de vista, el vagabundo gorkiano recuerda al outsider romántico, al proscrito, al aventurero o al rebelde que posee una energía vital que los individuos domesticados por la sociedad han perdido. A ello se le une una dimensión poética en ciertos paisajes abiertos, en el mar, el camino, la noche o espacios sin fronteras que refuerzan la asociación entre errancia y libertad. A pesar de ello, Gorki descarta varios componentes esenciales de la idealización romántica. En primer lugar, la idea de que la marginalidad sea, por sí misma, una forma superior de existencia. Para Gorki, el vagabundo puede ser libre, pero también miserable, violento, alcohólico, impotente o autodestructivo. En este caso, la exclusión social no convierte al vagabundo automáticamente en héroe. Al mismo tiempo, elimina la tendencia a convertir la pobreza en una especie de pureza espiritual. El vagabundo no es moralmente superior solo porque carezca de bienes. Por un lado, puede mostrar generosidad y dignidad; pero también puede ser egoísta, cruel y resentido. De esta forma, Gorki evita así una equivalencia entre pobreza y virtud.
Gorki rechaza el aislamiento como solución. El Romanticismo solía presentar al individuo solitario y separado de la sociedad, como una figura de autenticidad. Gorki considera que la libertad puramente individual puede quedarse en rebeldía estéril. El vagabundo puede escapar de las normas, pero no transformar las estructuras que producen la pobreza y la exclusión. Desde dicho parámetro, Gorki se aleja de la visión romántica que entiende la ruptura individual con la sociedad como una liberación. Dicha ruptura es ambigua ya que, por un lado, libera de ciertas convenciones, pero también puede dejar al individuo sin vínculos, sin proyecto y sin capacidad de intervención colectiva.
En síntesis, Gorki toma del Romanticismo al vagabundo como símbolo de libertad, orgullo, rebeldía y rechazo de la sociedad burguesa; en cambio, del realismo social coge la necesidad de mostrar que dicha libertad está atravesada por la pobreza, la violencia, la precariedad y la ausencia de futuro. Por lo tanto, Gorki transforma al vagabundo romántico en una figura de transición ya que no es simplemente el héroe libre que vive al margen, sino un personaje que revela al mismo tiempo la atracción y la insuficiencia de la libertad individual. Dicha tensión prepara una de las cuestiones de su obra posterior que se centra en cómo pasar de la rebeldía aislada a ser un sujeto capaz de actuar colectivamente
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