¿Acabó el 8 de mayo de 1945 la 2ª Guerra Mundial en territorio europeo?
Pública Si la 2ª Guerra Mundial en Europa se reduce al conflicto bélico entre la Alemania nazi y sus colaboradores contra los países aliados se podría considerar la fecha oficial de su conclusión en el continente europeo el momento en el cual el general alemán Alfred Jodl estampó su firma el 7 de mayo de 1945 en el documento donde se proclamaba la rendición del bando alemán a la vez que se ordenaba que todas las fuerzas alemanas debían dejar de luchar el 8 de mayo de 1945 a las 23:01. Dicha rendición estuvo rubricada por el Jefe de Estado Mayor de los aliados el general Dwight D. Eisenhower y el mariscal soviético Georgy Zhukov.
Incluso en la firma de rendición alemana, salieron a la luz las desavenencias entre los EEUU y la URSS que progresivamente irían a desembocar en el inicio de la Guerra Fría. En este caso, Stalin consideró que Alfred Jodl no era el oficial militar de mayor rango de Alemania. El máximo dirigente soviético pretendía evitar lo sucedido en el armisticio de Compiègne vinculado con la rendición alemana en la 1ª Guerra Mundial la cual estuvo firmada por el Secretario de Estado de la recién creada República parlamentaria de Weimar, Mathias Erzberger. A consecuencia de ello, se fue fraguando el mito de la traición al ejército alemán, ya que la capitulación no vino dada de la mano del máximo representante del ejército del Imperio Alemán, sino de un civil. Por ello, Stalin argumentó que permitir que Alfred Jodl se rindiera en nombre de Alemania en la 2ª Guerra Mundial podría recuperar los rencores y suspicacias que se dieron en el anterior armisticio, siendo uno de los acicates que condujo a la repetición de una guerra mundial. Por eso, el dictador soviético eligió a Wilhelm Keitel, comandante supremo de las fuerzas alemanas, para que firmara el documento oficial de rendición, haciéndose dicho acto protocolario en la capital del desahuciado III Reich, Berlín. En este caso, dicho documento se ejecutó el 9 de mayo, de ahí, que se celebre en Rusia el Día de la Victoria en dicha fecha, mientras que el Día de la Victoria en Europa corresponde al 8 de mayo teniendo como referencia el documento firmado por Alfred Jodl.
A pesar de que que el 8 de mayo de 1945 se considere oficialmente el final de la 2ª Guerra Mundial; sin embargo las hostilidades bélicas derivadas de la 2ª Guerra Mundial no finalizaron en dicha fecha, sobretodo, si entendemos que la misma 2ª Guerra Mundial fue un hecho más complejo que no se puede reducir únicamente al enfrentamiento entre el bando nazi y los aliados. A través de la 2ª Guerra Mundial salieron a relucir problemas internos que existían en distintos países europeos que se plasmaron en un periodo ininterrumpidos de Guerras Civiles en Europa que van desde 1934 hasta 1949 (Judt 2006, 62).
Durante la 2ª Guerra Mundial el enfrentamiento entre ciudadanos de un mismo país fue la tónica habitual. En este caso, en países como Francia, Bélgica y Noruega cobró forma a través del contexto entre colaboracionistas nazis y la resistencia que, en el caso francés, pasó a un primer plano dejando en uno secundario el enfrentamiento directo contra los nazis. Las hostilidades se recrudecieron entre los dos bandos franceses de talante antagónico respecto a la ocupación nazi.
Las divisiones internas fueron aprovechadas por los ocupantes ya fuesen alemanes, italianos o rusos en su marcha hacia Berlín. De ahí que, por ejemplo, los flamencos apoyasen a los nazis debido a su anhelo de lograr su independencia respecto a Bélgica (Judt 2006, 63) a la vez que gran parte de la población ucraniana recibió con los brazos abiertos la invasión de las tropas nazis, ya que suponía su liberación respecto al yugo representado por la URSS liderada por Stalin.
A partir del 8 de septiembre de 1943 se inició en Italia una cruenta guerra civil dentro del marco de la 2ª Guerra Mundial entre los partidarios de los fascistas y los antifascistas, siendo dicho país el paradigma de los estados que iniciaron el conflicto mundial aliados de los nazis y, a partir de la invasión de los aliados por el Sur de Italia, fue acrecentándose una resistencia partisana que desembocó en una lucha atroz entre italianos que finalizaría oficialmente el 2 de mayo de 1945.
Dichos enfrentamientos civiles no sólo se dieron en los países ocupados por los nazis, sino también en los reconquistados por el Ejército Rojo como fue el caso de Polonia en el que se dio una guerra de guerrillas, debido a la oposición de una parte de la población polaca contra el Estado Comunista que querían implantar los soviéticos. Dichos enfrentamientos duraron hasta más allá del final oficial de la 2ª Guerra Mundial en Europa.
El paradigma de las complejidades de enfrentamientos civiles estaría constituido por Yugoslavia en la que se enfrentaron múltiples bandos constituidos por los ustachas croatas, los chetniks serbios, los partisanos de Tito y los monárquicos derechistas. La victoria final correspondió a los partisanos comunistas (Veiga Rodríguez 2009, 9) tras la deposición de Pedro II por la Asamblea Constituyente Yugoslava el 29 de noviembre de 1945.
Sin embargo, la conexión entre los enfrentamientos civiles candentes en la 2ª Guerra Mundial y la posterior Guerra Fría alcanzaría su máxima expresión en el conflicto civil de Grecia. En el enfrentamiento entre los partidarios de la Monarquía helena y los comunistas griegos se puso en práctica por primera vez la Doctrina Truman de contención al comunismo que se materializó con el apoyo económico y bélico de los estadounidenses a los monárquicos griegos con el objeto de impedir la victoria de los comunistas los cuales sólo recibieron el apoyo de Tito, ya que Stalin prefirió mantenerse al margen por cuestiones estratégicas (Veiga Rogríguez 2009, 8-10). La prolongación de la Guerra Civil Griega hasta 1949 pone de manifiesto que la guerra en Europa no había finalizado simplemente con la derrota de los nazis el 8 de mayo de 1945.
A la vez que se demostrado con conflictos como la Guerra Civil Griega que la conducta bélica continuaba en Europa después de la declaración oficial del final de la 2ª Guerra Mundial, también se debe distinguir situaciones que ya deberían situarse en el periodo de posguerra y las cuales son derivada consecuencia de la 2ª Guerra Mundial.
La 2ª Guerra Mundial dejó una situación devastadora en toda Europa con datos escalofriantes como el hecho de que hasta 25 millones de personas se encontraran sin hogar en la URSS o 20 millones en Alemania (Judt 2006, 39). A todo ello, hay que tener en cuenta la destrucción masiva del transporte y las comunicaciones, debido a las operaciones de tierra quemada llevada a cabo por el ejército nazi en la retirada de los países ocupados, sobretodo, en la Europa Oriental. Debido a ello, en la URSS quedaron destruidos 70.000 pueblos, 1700 ciudades, 32.000 fábricas y 40.000 millas de vía férrea (Judt 2006, 41). Al mismo tiempo, se ha de tener en cuenta de que en la Europa de posguerra, sobretodo, en la Central y del Este se produjo una grave escasez de hombres que murieron en el frente de batalla. Como bien indica Judt, después de sobrevivir a la pesadilla y locura de la 2ª Guerra Mundial, había que sobrevivir a la paz, ya que la población europea se despertó frente a un paisaje desolador donde los Estados habían sido reducidos a cenizas.
A la vez se debía afrontar problemas originados en la 2ª Guerra Mundial entre los que sobresalían el desplazamiento masivo de población, debido a las políticas estatales tanto de Stalin como de Hitler. Entre 1939 y 1941, Stalin deportó a más de 1 millón de personas al Este desde la Polonia ocupada por la URSS, la Ucrania Occidental y las tierras bálticas. A la vez, los nazis se encargaron de realizar traslados raciales y genocidios en los territorios alemanes recién conquistados en el Este (Judt 2006, 48) con el objeto de devolver al Reich todos los remotos asentamientos germanos de la Edad Media. Con ambas políticas, tanto Stalin como Hitler desarraigaron, expulsaron y deportaron a 30 millones de personas entre 1939 y 1943 (Judt 2006, 49). Dicho proceso de desplazamiento producido durante la 2ª Guerra Mundial provocó una reacción en el periodo de posguerra que condujo a la expulsión de minorías étnicas que habían colaborado con las fuerzas de ocupación como fueron los italianos en Yugoslavia, o las represalias de la mayoría local o del Ejército Rojo, o el intercambio entre países como Polonia, Lituania y Checoslovaquia (Judt 2006, 51). A todo ello, hay que unírsele la expulsión masiva de alemanes en territorios como Hungría (623.000), Rumanía (786.000), Yugoslavia (500.000) y Polonia (1´3 millones). Tal y como se observa de dichas cifras, a diferencia del final de la 1ª Guerra Mundial, la 2ª Guerra Mundial no provocó cambios destacados en las fronteras de los países; sin embargo sí que llegó a producirse un desplazamiento masivo de la población tanto durante la guerra como ya en el periodo de posguerra (Judt 2006, 54). Por ello, Judt llega a la conclusión de que la herencia nazi más perdurable en Europa fue la formación de un continente de Estados nacionales más étnicamente homogéneos como nunca se había dado, dando lugar con ello a la desaparición de las antiguas diásporas de Europa.
En definitiva, en primer lugar, hay una fecha oficial del final de la 2ª Guerra Mundial en Europa que difiere dependiendo si se ve desde el prisma de los aliados (8 de mayo de 1945) o de los soviéticos (9 de mayo de 1945). No obstante su oficialidad, conflictos civiles como los de Yugoslavia y Grecia, o la resistencia de los polacos frente a los soviéticos, o las cruentas represiones a la población alemana en los países ocupados por los nazis mostraron que la 2ª Guerra Mundial todavía seguía candente mucho más allá de la fecha oficial de su presunto final en Europa. A la vez, situaciones como el regreso de población a sus países de origen debido a los desplazamientos forzados durante la 2ª Guerra Mundial o el hecho de afrontar la ubicación de los judíos de Europa a través de la creación del Estado de Israel son fenómenos que tienen su origen en la 2ª Guerra Mundial; pero que deberían ser incluidos ya en el periodo de posguerra.
Bibliografía:
Judt, T. 2006. «I. El legado de la Guerra». En Judt, Tony: Postguerra. Una historia de Europa desde 1945. Barcelona, Taurus. 35-73.
Veiga Rodríguez, F. 2009. Aparición, apogeo y atenuación de la primera guerra fría. Barcelona, UOC Material docente, P09/74529/00364. 1-58.
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