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La deuda actual del Plan Marshall en la UE

Pública

A menudo que se iba acercando la derrota nazi en la 2ª GM se iba abriendo una brecha cada vez mayor entre los Aliados, encabezados por los EEUU, y la URSS que acabaría derivando en la Guerra Fría. Cada bando comenzaría a funcionar su maquinaria propagandística para quedar como los auténticos vencedores sobre la Alemania Nazi y los grandes liberadores de los países europeos. Antes de la caída de Berlín, ya había comenzado la lucha diplomática por dividirse los territorios europeos entre la ideología capitalista estadounidense y la comunista procedente de la URSS.

Dentro de dicho contexto el Plan Marshall no tuvo un ápice de altruismo sobre las economías europeas destrozadas, sino que estuvo motivado por intereses políticos y económicos de los EEUU (Kershaw 2016, 672). Una de las razones de la creación del Programa de Recuperación Europea (ERP) apunta al apartado macroeconómico en el cual se pretendía recuperar la economía europea para convertirla en un cliente asiduo de la industria estadounidense y, al mismo tiempo, otra de las razones tiene relación con el ámbito ideológico, ya que con los 12.700 millones de dólares del ERP se pretendía contrarrestar la amenaza del avance del comunismo a través de los partidos comunistas locales en los países de Europa occidental.

Según Marshall, la principal amenaza sobre el dominio de los EEUU no era tanto la agresión militar soviética, sino más bien el avance espectacular de los partidos comunistas locales que desde la Administración norteamericana se vieron como auténticos órganos infiltrados de Stalin en la Europa democrática y de economía liberal que deseaban implantar después de la 2ª Guerra Mundial (Fontana 2017, 830). A causa de la desastrosa situación económica sufrida en Europa tras la guerra, se planificó por parte de los estadounidenses un resurgimiento de la economía europea con el objeto de evitar la expansión del comunismo comandado por la URSS dando origen al Plan Marshall (Fontana 2017, 829).

El importe total del ERP entre 1948-1951 se destinó en su mayoría a pagar importaciones de alimentos (casi 1/3 del total), materias primas y maquinarias procedentes de los EEUU, lo que repercutió de forma muy positiva en la economía estadounidense que logró así mantener su crecimiento económico durante el periodo de posguerra (Fontana 2017, 831) a la vez que colocaba las bases de una década de los 50 del s. XX que permitirá el espectacular crecimiento de la industria y economía estadounidenses.

A pesar de que el principal beneficiario del ERP fueron los EEUU, se debe traer a colación que el Plan Marshall también impulsó la recuperación económica de la Europa occidental, tal y como muestra el crecimiento del índice del producto nacional bruto que aumentó de 87 a 102 entre 1948 y 1950 (Kershaw 2016, 670). Al mismo tiempo, entre los efectos derivados que ayudó a lograr el Plan Marshall unido a otros factores y medidas económicas caben destacar el aumento del volumen de las exportaciones, el resurgimiento del mercado de capitales en Londres, la inversión de las redes de transporte y la modernización de las infraestructuras a la vez que palió la escasez de dólares a la hora de pagar las importaciones de materias primas y bienes de capital para la inversión (Kershaw 2016, 670) se emprendieron acciones para recortar la inflación y, por último, se creó la Organización Europea de Cooperación Económica (OECE) con el objeto de distribuir las ayudas y facilitar el intercambio entre países de la Europa occidental (Veiga Rodríguez 2009, 10) que constituyó el germen del Mercado Común Europeo y, posteriormente, la Unión Europea actual. En cierto modo, el Plan Marshall constituía la piedra de toque para construir unos Estados Unidos Europeos que estuviesen en sintonía con la economía liberal de los EEUU que, en cierto modo, sería quien auspiciara en todo momento el camino que debían seguir unos Estados Europeos occidentales que venían de sufrir una guerra devastadora.

En este caso, la Unión Europea actual se encuentra ante el dilema de o bien continuar siendo un actor secundario de los EEUU, o bien de volver a ser más autónoma a la hora de tomar sus propias decisiones. Dicha falta de autonomía en determinadas decisiones internacionales o en los mercados internacionales deriva todavía del papel crucial que adquirió los EEUU en la reconstrucción de la Europa occidental de posguerra y su subordinación en el periodo de la Guerra Fría, aunque nos encontremos actualmente en una situación internacional regida por otras reglas de juego a las marcadas entre el periodo que va desde la posguerra de la 2ª Guerra Mundial y el final oficial de la Guerra Fría acaecido con la caída de la URSS en 1991.

Bibliografía:
Fontana, J. (2017). El siglo de la Revolución. Una historia del mundo desde 1914. Barcelona: Crítica. ISBN: 978-84-16771-63-9 (epub).
Kershaw, I. (2016). Descenso a los infiernos. Europa 1914-1919. Barcelona: Crítica.
Veiga Rodríguez, F. (2009). Aparición, apogeo y atenuación de la primera guerra fría. Barcelona: UOC Material docente, P09/74529/00364. 1-58.

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