El impostor de Javier Cercas: la historia como kitsch
Pública Javier Cercas se acerca a la figura de Enric Marco el “picasso” de los impostores, el “puto” amo de la impostura, tal y como lo nombra. Durante el trayecto de su investigación y profundización en la vida (o vidas) de Enric Marco, el escritor pasa de la indignación y la acusación más vehemente al reconocimiento de que también él mismo es, en mayor o menor grado, un impostor. En su conclusión considera de que Enric Marco es en el fondo el reflejo de nuestra sociedad. Desde su posición interrogativa se llega a plantear unas determinadas cuestiones:
En primer lugar, ¿Por qué Enric Marco llegó tan lejos con sus mentiras sobre los campos de concentración y su resistencia tanto contra el franquismo como el fascismo? En el fondo, las mentiras de Enric Marco eran la historia que la sociedad quería escuchar, al no ser capaz de mirar cara a cara el horror de los campos de exterminio nazis. Ante el pavor de enfrentarse directamente al horror, la mayoría de la sociedad prefiere escuchar una historia teñida de épica que escamotea la crueldad de los sucesos reales. Estamos en una sociedad que transforma cualquier hecho, ya sea desde un punto de vista positivo como negativo, en espectáculo.
En segundo lugar, ¿Qué llevó a Enric Marco a inventarse un pasado “heroico” en un campo de concentración? El hecho de no querer conocerse a sí mismo, de negarse a reconocer su existencia gris. Enric Marco es un Quijote “por la vía negativa”. Es decir, “no se conformó con vivir una vida mediocre y quiso vivir una vida a lo grande; y, como no la tenía a su alcance, se la inventó”. Según Javier Cercas, “Don Quijote y Marco no son dos novelistas frustrados: son dos novelistas de sí mismos; nunca se hubieran conformado por escribir sus sueños: ellos quieren protagonizarlos”.
Por último, ¿Cómo llegó a engañar a todo el mundo durante una gran cantidad de tiempo? Tal y como afirma el propia novelista español, las grandes mentiras se crean siempre con pequeñas verdades. Enric Marco se apoyó en algunos datos verídicos de su biografía para a partir de ellos ir construyéndose un pasado heroico asociado a la lucha contra el fascismo comenzando desde la Guerra Civil Española, continuando por su exilio, su “experiencia” en el campo de concentración y posterior oposición en la clandestinidad contra el régimen franquista. Sin embargo, a través de la investigación e indagación de Javier Cercas, se demuestra que la vida de Marco no guarda ningún dato verídico de su “heroicidad”, sino que su vida transcurrió por los límites recorridos por la mayoría.
De este modo, Enric Marco actuó como un auténtico NARCISISTA: se inventó a sí mismo huyendo de la prosaica realidad. Según Javier Cerca, el mito de Narciso no tiene que ver con la persona que sólo se ama a sí misma, sino con aquella que no quiere conocerse a sí misma. En este caso, Enric Marco no quiere RE-conocerse, sino ser RE-conocido por los demás. De ahí que invente una versión épica de su vida gris con el objeto de ser admirado por una sociedad que reclama espectáculo. Con ello entramos a fondo en una sociedad de consumo que transforma los acontecimientos históricos en Kitsch. “¿Qué es el kitsch? «(…) El kitsch es, en tres palabras, una mentira narcisista, que oculta la verdad del horror y la muerte: del mismo modo que el kitsch estético es una manera estética -un arte que en realidad es un arte falso-, el kitsch histórico es una mentira histórica- una historia que en realidad es una falsa historia-”. En este caso, Enric Marco transforma la historia de los campos de concentración nazis en puro kitsch, envolviendo las atrocidades en un envoltorio épico y dramático reclamado por la sociedad de consumo que convirtió la memoria histórica en una moda pasajera la cual se ha convertido en un negocio más. No se emplea para profundizar en nuestro pasado, sino que más bien se convierte en lemas y frases políticamente correctas dentro de actos oficiales. El conocimiento histórico reclama un estudio profundo de los hechos desde los máximos puntos de vista para lograr unas conclusiones lo más objetivas posibles.
El término “memoria histórica” guarda una contradicción entre sí ¿Por qué? “La memoria y la historia son, en principio, opuestas: la memoria es individual, parcial y subjetiva: en cambio la historia es colectiva y aspira a ser total y objetiva”. No obstante, “la memoria y la historia también son complementarias: la historia dota a la memoria de un sentido; la memoria es un instrumento, un ingrediente, una parte de la historia. Pero la memoria no es historia”. Es decir, son términos “memoria” e “historia” que parten de puntos distintos, aunque tal vez la visión totalizadora de la Historia sólo se podrá alcanzar a través del mayor conocimiento de memorias individuales.
Además, esta sociedad basada en el consumo ha creado una industria de la memoria histórica: “La industria de la memoria es a la historia auténtica lo que la industria del entrenamiento al auténtico arte”. La cultura del espectáculo alcanza al pasado histórico, reproduciéndolo desde una épica o un dramatismo exacerbado. Al estilo histriónico de Enric Marco se opone el estilo directo, casi sin adjetivos, yendo directamente a lo sustantivo, de Si esto es un hombre de Primo Levi: “(…) Por eso para escribir el libro he usado el lenguaje mesurado y sobrio del testigo, no el lamentoso lenguaje del vengador: pensé que mi palabra resultaría tanto más creíble cuanto más objetiva y menos apasionada fuese; sólo así el testigo en un juicio cumple su función, que es la de preparar el terreno para el juez. Los jueces sois vosotros.”
La Historia siempre necesita un cierto distanciamiento, por eso, Javier Cercas también denuncia el monopolio que se quiere dar a “el testimonio del testigo” al que se le da casi siempre mayor importancia que a las investigaciones históricas serias que profundizan en un determinado acontecimiento histórico. Cercas recurre a Guerra y paz para recordarnos que el individuo que desempeña un papel en el acontecer histórico nunca entiende su significado. Sólo las visiones lúcidas contemporáneas son capaces de detectar los signos de su tiempo, ya que la mayoría de veces sólo se vislumbran pasado unos años o unas décadas después.
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