Las leyes de la frontera: la delgada línea divisoria entre el Mito y la Historia
Pública A través de la novela Las leyes de la frontera (2012), Javier Cercas volvía a introducirse en los límites porosos y comunicantes que se dan entre la realidad y la ficción. En este caso, a partir de una realidad social como el fenómeno quinqui que se inició en el periodo de la Transición Española alargándose hasta bien entrada la década de los 80 del s. XX.
El fenómeno quinqui no es desarrollado como una trama novelesca usual, sino que la obra consta de la entrevista del supuesto escritor que desea redactar un libro que muestre la persona que se escondía tras el mito del Zarco el cual se fue originando a partir de la imagen adulterada que se encargaron de difundir tanto el cine como los medios de comunicación.
En dichas entrevistas de investigación intervienen tres personas que en un momento u otro de la vida del Zarco lo conocieron personalmente. Dichas personas constituyen tres puntos de vista distintos que, tal vez, permitan comprender que persona se encuentra detrás del quinqui idealizado.
En primer lugar, se encuentra Ignacio Cañas “El Gafitas” que formó parte de la banda del Zarco en el verano de 1978. En 1999 se convertirá en el abogado del Zarco en su objetivo para salir de la cárcel. El Gafitas siempre mantendrá una visión idealizada del quinqui a la vez que un sentimiento de culpa que le conducirá a ayudarlo, al creer que la primera vez que detuvieron al Zarco fue por su culpa. Gracias a Cañas, conoceremos a la Tere de la cual siempre estará profundamente enamorado llegando a formar un triángulo amoroso con el Zarco en el verano del 78. Dicho personaje aportará información íntima del Zarco, al mismo tiempo, que reconocerá que su versión aunque intente ser objetiva, pecará de idealización.
El segundo testimonio procede de El Inspector Cuenca que informa al escritor sobre la persecución de la banda del Zarco en el verano de 1978 y su posterior detención a partir de un chivatazo cuya autor no se llega a confirmar del todo a pesar de que todos los datos apunten a la Tere la cual llegará a afirmar que delató a sus compañeros al ser presionada por la policía.
El tercer testimonio destacable corresponde al director de la cárcel de Girona el cual siempre mantendrá una actitud escéptica respecto a la rehabilitación del Zarco. Dicho personaje mantendrá relación personal con el Gafitas en el momento en el que Ignacio Cañas pretenda conseguir la libertad condicional para Antonio Gamallo.
A pesar de apoyarse en tres puntos de vista distintos, al final no sirve para solucionar del todo los interrogantes que se van planteando a lo largo de la narración de la vida del Zarco. Tal vez, después de la investigación tengamos más datos sobre Antonio Gamallo (o el Zarco); pero al mismo tiempo no se ha logrado disolver al mito (El Zarco) de la persona (Antonio Gamallo). Todo ello nos lleva a comprobar cómo los límites entre la leyenda y la historia suelen ser porosos y se retroalimentan, conduciéndonos a la máxima que apunta al hecho de que no hay hechos; sólo interpretaciones. Cualquier tipo de narración por muy objetiva que pretender ser; estará marcada por una doble subjetividad que se proyecta tanto desde el plano del narrador como en el del lector u oyente.
A pesar de que el fenómeno quinqui se encuentra reciente desde un punto de vista histórico, en la actualidad es complicado dilucidar del todo que ha formado a pasar parte de la leyenda y cuáles fueron los hechos históricos asociados con el mundo quinquillero. Dicho fenómeno cobra forma en Ignacio Cañas que a pesar de sus intentos de narrar al investigador o de escribir el mismo sus vivencias pasadas es incapaz de resolver las cuestiones que le preocuparán durante toda la vida desde el verano del 78 ¿Tere estaba enamorada de él o del Zarco? ¿Quién fue el chivato del golpe donde atraparon al Zarco por primera vez? Desde el punto de vista de Ignacio dichas respuestas parecen quedar en un interrogante eterno, aunque desde la perspectiva del lector bien podríamos decir que Tere siempre estuvo enamorada del Zarco y que utilizó al Gafitas a partir de las órdenes del Zarco. Sin embargo, también hay indicios para opinar lo contrario.
A partir de la historia del desengaño entre la Girona de la novela de Galdós y la Girona real del Inspector Cuenca todo apunta a que fue Tere la delatora a pesar de que el Gafitas de nuevo vuelva a cerrar los ojos ante las evidencias, ya que todavía se encuentra enamorado de ella siendo la causa principal por la cual se introdujo en el mundo quinquillero. Un Ignacio Cañas que demuestra que con su nostalgia del verano del 78 no ha conseguido superar del todo su etapa adolescente con la cual cargará durante el resto de su vida, como se demuestra en su idealización del Zarco y en su amor hacia Tere a pesar de los desplantes de ella.
El punto ciego de la novela de Cercas nos llega a enfrentarnos a plantearnos cuestiones como ¿Cuáles son los límites de la frontera entre la historia y la ficción? ¿Se puede delimitar de forma clara la línea divisoria que separa la verdad de la mentira? ¿Qué puede aportar la ficción a la interpretación histórica? ¿Son vasos comunicantes? ¿Es capaz la novela de entregarnos una verdad a partir de las mentiras? En todo acontecimiento histórico una vez que es narrado o mostrado con imágenes, ya no tiene cabida la objetividad absoluta, sino que inherentemente va ligado a una doble subjetividad: la que se proyecta desde la persona que lo cuenta (o muestra) y la que pertenece a la persona que lo lee (o ve). Tal vez, la separación entre la historia y la leyenda, sea casi tan complicada como intentar distinguir la persona de Antonio Gamallo del personaje de El Zarco.
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