Cosmovisión del Goethe tardío
Pública ¿Cuál es la actitud que debe tomar el artista ante la vida? Si en la época del Sturm und Drang, Goethe consideraba ante todo que el artista debía sentir plenamente y mostrar su verdadero ser en su obra conectando con la visión de un yo genial que vuelca apasionadamente su interioridad; en cambio, en su última etapa (1) valorará que el artista debe ser alguien que aprenda a observar, formarse, limitarse, actuar y abrirse a la totalidad cambiante de la realidad. Es decir, el artista no debe imponer su yo al mundo, sino aprender a mirar el mundo hasta que este revele su forma. Por un lado, debe mantener la sinceridad ante sus sentimientos y pensamientos, ser genuino tal y como dicta su naturaleza. Por otro lado, debe superar el subjetivismo, el artista maduro debe conseguir cierta distancia respecto de sus propias pasiones. Todo ello no significa carecer de sentimientos, sino no convertirlos automáticamente en criterio absoluto de verdad. De este modo, Goethe se desplaza así desde una concepción del arte como expresión del sujeto hacia otra en la que el artista debe prestar atención a la objetividad de las cosas.
Goehte considera que la vida exige formación, lo que hace que el concepto de Bildung se convierta en piedra angular de su pensamiento. La personalidad de un artista no está completamente constituida de antemano, sino que debe formarse mediante su experiencia del mundo. Por lo tanto, el artista no puede encerrarse en sí mismo; en su lugar, necesita realizar actividades como el viaje, la lectura, conocer otras culturas, observar otras personas, ejercer actividades concretas y enfrentarse con circunstancias históricas distintas. Dicha idea recorre una novela como Wilhelm Meister (1821), donde se muestra que la formación artística es inseparable de la formación vital. El verdadero artista debe llegar a preguntarse: ¿Qué puedo aprender de aquello que existe fuera de mí?
Un concepto clave del Goethe tardío será el vinculado con el Entsagung que puede entenderse como renuncia, moderación o autolimitación. En este caso, no significa una renuncia ascética a la vida, sino que se comprende como que ninguna existencia humana puede realizar todas sus posibilidades simultáneamente. Por un lado, vivir implica elegir y a su vez renunciar. Para Goethe, la madurez consiste precisamente en aprender a aceptar los límites de la existencia sin caer por ello en la desesperación. Todo ello aplicado a la creación artística implica que el gran artista no es quien intenta expresarlo todo, sino quien sabe seleccionar, concentrar y dar forma. De este modo, la limitación deja de ser entonces enemiga de la creación para convertirse en su verdadera condición.
Goethe desconfiará progresivamente de las abstracciones excesivas. Considerará que no se debe de buscar detrás de los fenómenos, ya que son los fenómenos mismos quienes contienen la enseñanza. De ahí que extraiga una máxima que apunta que la obra de arte alcanza lo universal a través de lo particular. De este modo, se vislumbra una de las intuiciones estéticas del Goethe tardío: el verdadero símbolo no necesita abandonar lo concreto para alcanzar una significación universal. Por ello, una figura particular puede contener una estructura universal de la experiencia humana.
Otra premisa del Goethe tardío es que la contemplación debe ir acompañada de acción, así lo expone en el final de su Fausto donde su protagonista comprende que la existencia adquiere sentido cuando se proyecta hacia una actividad creadora en el mundo. De ahí que salga a relucir uno de los principios centrales del Goethe tardío que apunta a que la vida se justifica mediante una actividad incesante. El ser humano nunca alcanza una posesión definitiva de la verdad, sino que debe seguir buscando. En su Fausto, dicha idea adquiere una dimensión casi metafísica ya que la salvación se vincula con el esfuerzo permanente (Streiben). Por lo tanto, el artista debe mantenerse en movimiento tanto a nivel intelectual como vital.
Goethe se alejará de los sistemas filosóficos que pretenden ofrecer una explicación absoluta de la existencia. Considera que la realidad es demasiado compleja y contradictoria para quedar encerrarla completamente en un concepto. Partiendo de ello, el escritor alemán considera que el artista posee aquí una ventaja frente al filósofo sistemático, ya que el primero puede mostrar simultáneamente contradicciones que una teoría tendría que simplificar. En la 2ª parte de su Fausto conviven mito, historia, economía, política, ciencia, religión erotismo, clasicismo y romanticismo sin el intento de reducirlos a una única doctrina. Con ello, pretende preservar el carácter inagotable del mundo.
En la mentalidad del Goethe tardío, la serenidad ocupa un lugar central dentro de su cosmovisión. En este caso, dicha cualidad es entendida como la capacidad de contemplar las contradicciones de la existencia sin quedar destruido por ellas. Para el artista debe adquirir una especie de distancia creadora con el objeto de que el arte no elimine las contradicciones de la vida sino que las convierta en forma inteligible.
Goethe piensa tanto la naturaleza como la vida humana en términos de metamorfosis. Nada permanece absolutamente idéntico a sí mismo, ya que tanto las plantas, los individuos, las sociedades como las formas artísticas se transforman. Por tanto, el artista debe aprender tanto a pensar en procesos y no solamente en estados. Partiendo de ello, se denota la extraordinaria modernidad de Goethe al concebir que la identidad no es una esencia completamente fija, sino una formación continua. Por ello, el artista debe reconciliar individuo y mundo. En el Goethe más joven, con frecuencia, se producía el enfrentamiento entre el Yo y el Mundo como se reflejaba en su Werther (1774); sin embargo, en el Goethe tardío el individuo debe transformarse mediante su contacto con la realidad. Es necesario encontrar un equilibro ya que no se trata ni de someterse completamente al mundo ni de imponerle violentamente la propia subjetividad. Por lo tanto, la madurez consiste en encontrar una relación productiva entre la libertad personal y la realidad objetiva. Con dicha perspectiva, Goethe se distancia de su etapa Romántica donde predominaba la idea del artista como sujeto excepcional que encuentra la verdad profundizando indefinidamente en su interior; sin embargo, el escritor alemán cada vez más sostendrá el hecho de que cuanto más se encierra el individuo en sí mismo, menos mundo conoce. De esta forma, apunta a que la grandeza artística procede también de su capacidad de salir del yo. De nuevo, sale a vislumbrar su modernidad al cuestionar anticipadamente la concepción puramente expresiva del arte. El artista no crea únicamente desde su interior, sino que se construye a sí mismo al enfrentarse con aquello que no es él.
En definitiva, el Goethe tardío se podría definir a través de la observación, la formación, la autolimitación, la apertura, la acción y la metamorfosis. Por un lado, el artista debe participar apasionadamente en la vida, pero al mismo tiempo adquirir suficiente distancia para comprenderla a la vez que cultivar la individualidad; sin convertirla en medida absoluta del mundo. Por otro lado, debe ser capaz de aceptar los límites, ya que la forma nace precisamente de ellos y permanecer siempre abierto tanto a nuevas experiencias, culturas como conocimientos.
Frente al artista romántico entendido como genio que expresa un yo excepcional; el último Goethe propone un individuo que se forma continuamente mediante su diálogo con el mundo. Por ello, entiende que el individuo no posee desde el principio una identidad acabada que luego expresa, sino que se va convirtiendo en aquello que es mediante sus experiencias, elecciones, renuncias, acciones y formas culturales.
Notas al pie:
(1) La etapa tardía de Johann Wolfgang von Goethe abarca los años que van desde 1805 hasta su muerte en 1832. Dicho periodo se inicia simbólicamente con la muerte de su gran amigo Friedrich Schiller, un acontecimiento que cerrará la época dorada del Clasicismo de Weimar. Con la redacción de su autobiografía Poesía y Verdad (1811-1813) Goethe consolidará el distanciamiento de su juventud para mirar su vida de forma retrospectiva. Entre las principales obras de dicho periodo cabe destacar Las afinidades electivas (1809), Fausto Parte II (1831), Diván de Oriente y Occidente (1819) y Los años de viaje de Wilhelm Meister (1821).
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