|

Oryx y Crake de Margaret Atwood: ¿Se puede eliminar el sufrimiento humano sin eliminar la libertad, el amor, la memoria, la cultura y la necesidad de sentido?

Pública

Oryx y Crake (2003) de Margaret Atwood es una novela que trata cuestiones fundamentales de la distopía contemporánea como son la biotecnología, el capitalismo corporativo, la crisis ecológica, la manipulación del deseo, la desigualdad social, el posthumanismo y el colapso de la civilización. Es el inicio de la trilogía MaddAddam (2003-2009) en la cual plantea un mundo donde el avance científico no se encuentra guiado por la ética, sino por el mercado, la competencia empresarial y la fantasía de rediseñar la vida.

La novela alterna entre el presente postapocalíptico de Snowman y sus recuerdos del mundo anterior vinculados a su relación con Crake y Oryx. Atwood nos interroga sobre qué queda de lo humano si eliminamos el deseo, el miedo por la muerte, las pasiones y los conflictos interiores. En la trama está presente la biotecnología y la manipulación de la vida conduciendo a la cuestión de ¿cuál es la capacidad de la ciencia para modificar cuerpos, especies y formas de vida? En su lectura va apareciendo animales transgénicos, órganos cultivados, productos farmacéuticos, experimentos genéticos y los crakers, una especie humanoide diseñada por Crake. En este caso, Atwood no critica la ciencia en sí, sino su subordinación a una lógica de mercado y poder. Con ello, nos interroga sobre ¿qué ocurre cuando la vida se convierte en material manipulable y patentable? Tal y como se emplea la biotecnología en la sociedad de Oryx y Crake, la biotecnología deja de ser solo conocimiento y se convierte en industria, mercancía y proyecto de dominación.

El mundo anterior al colapso estaba dominado por grandes corporaciones biotecnológicas. Las empresas no solo producen mercancías, sino que controlan espacios urbanos, de seguridad, de investigación, de educación, cuerpos y formas de vida. La sociedad está dividida entre los complejos corporativos, marcados por estar protegidos y ser espacios privilegiados, y los pleeblands que son zonas pobres dominadas por la violencia y el abandono. Dicha división espacial muestra una sociedad de clases estratificada. A diferencia de las distopías del s. XX, el poder ya no aparece como un Estado totalitario clásico, sino como un poder corporativo privatizado y tecnocientífico. Al mismo tiempo, se trata la temática medioambiental donde la crisis ecológica y la destrucción ambiental aparecen a través de un planeta degradado, especies extinguidas, alimentos artificiales, alteraciones genéticas, contaminación, cambio climático, enfermedades y pérdida de biodiversidad. En este caso, la naturaleza ya no aparece como un espacio exterior puro, sino como algo intervenido, diseñado, explotado y destruido. El mundo natural ha sido sustituido por una naturaleza artificial, producida en laboratorios. Atwood nos llega a plantearnos ¿qué queda de la naturaleza cuando todo ha sido transformado en recurso económico o experimento científico? Atwood cuestiona el mito del progreso poniendo en solfa la idea de que todo avance científico o tecnológico sea necesariamente positivo. En la novela, el progreso no conduce a una sociedad más justa, sino a una civilización más desigual, más artificial y más vulnerable.

El personaje de Crake representa una versión extrema de la razón instrumental, ya que cree poder corregir los males humanos mediante el diseño biológico. A través de la creación de una nueva especie pretende eliminar la violencia, los celos, el deseo posesivo, la religión, el arte problemático y la agresividad sexual. Sin embargo, dicha voluntad de mejora se convierte en una forma de destrucción. Con ello, nos enfrentamos a la cuestión ¿puede el deseo de perfeccionar a la humanidad acabar justificando su eliminación? Dicha encrucijada nos lleva al posthumanismo a través de unos crakers que han sido diseñados para no padecer gran parte de los conflictos humanos. No obstante, su existencia plantea un dilema filosófico: si eliminamos de lo humano sus pasiones, contradicciones, deseos, memoria e historia ¿podemos seguir hablando de humanidad? Los crakers parecen inocentes y pacíficos, pero también son producto de una violencia absoluta al ser resultado de la destrucción de la humanidad anterior.

La necesidad de una ética científica sale a relucir en una sociedad donde los laboratorios producen seres vivos, enfermedades, medicamentos y cuerpos modificados en función del beneficio o del control. El problema no es solo «qué se puede hacer», sino quién decide hacerlo, con qué fines y sobre qué vidas. Crake actúa como científico, empresario, ingeniero social y casi divinidad secular. Su proyecto muestra los peligros de una racionalidad que cree poder situarse por encima de la ética común.

Respecto a la sociedad retratada, sale a relucir. la temática vinculada con la sexualidad, la pornografía y la mercantilización del deseo. Jimmy y Crake crecen consumiendo violencia, pornografía, explotación sexual y espectáculos extremos a través de las pantallas. Oryx aparece ligada a dicha economía global del deseo a través de su infancia explotada, la circulación de imágenes, turismo sexual, pornografía y consumo masculino. Su figura condensa una crítica al modo en que el capitalismo global convierte cuerpos vulnerables en mercancía. Atwood nos enfrenta a la siguiente cuestión: ¿Qué tipo de subjetividad se forma cuando el deseo se educa a través del consumo de imágenes violentas y cuerpos explotados?

Oryx representa la dimensión global de la desigualdad. Su historia remite a pobreza, venta de niños, explotación sexual y circulación transnacional del cuerpo. Frente al mundo protegido de los complejos corporativos, Oryx procede un espacio de vulnerabilidad extrema. La novela muestra que la distopía tecnológica del Norte global está conectada con formas de explotación del Sur global. El futuro biotecnológico no elimina las desigualdades coloniales o económicas, las recicla y las intensifica.

Jimmy y Crake crecen en un mundo saturado por pantallas, juegos violentos, consumo, ciencia corporativa y desconexión afectiva. Su educación no produce ciudadanos críticos, sino sujetos adaptados a un sistema tecnocapitalista. Crake encarna el resultado extremo de dicha formación: inteligencia brillante, frialdad emocional, desprecio por la humanidad y fe absoluta en la solución técnica. Atwood sugiere que el desastre no surge de la nada, sino que se gesta en una cultura que normaliza la violencia, la explotación y la instrumentalización de la vida.

Snowman / Jimmy es un superviviente, pero también un depositario de palabras, recuerdos e historias. Su mundo se da derrumbado y con él también desaparecen lenguajes, marcas, nombres, relatos y referencias culturales. La novela plantea una cuestión fundamental, ¿qué ocurre con la humanidad cuando se pierde la memoria cultural? Snowman vive entre restos de objetos, de palabras, de canciones publicitarias, de recuerdos familiares, de culpa y de deseo. Su narración intenta conservar algo de un mundo que ya no existe. El presente de Snowman está marcado por la soledad, sobrevive entre los crakers, pero no pertenece ya a ningún mundo ya que no es plenamente parte del pasado humano ni del futuro posthumano. Su supervivencia es una condena ya que recuerda, comprende parcialmente lo ocurrido y carga con la culpa de haber estado cerca de Crake sin impedir la catástrofe. A través de ello, la novela cuestiona, ¿qué signigica sobrevivir cuando ya no queda comunidad humana a la que volver? Crake representa una masculinidad tecnocrática, fría y controladora. Cree que los problemas humanos pueden resolverse eliminando biológicamente aquello que considera defectuoso: el deseo, la competencia, los celos, la violencia y la religión.

El proyecto de Crake tiene rasgos utópicos que proyectan crear seres pacíficos, sin violencia, sin jerarquías, sin guerras, sin racismo, sin explotación sexual y sin sufrimiento psicológico extremo. Sin embargo, dicha utopía se realiza mediante un acto genocida. De este modo, la novela muestra cómo una utopía tecnocrática puede convertirse en distopía cuando elimina la libertad, la memoria y la pluralidad humana. Con ello se plantea si una sociedad «perfecta» ¿puede justificar la destrucción de los seres imperfectos? La novela no imagina simplemente el fin de una sociedad, sino la posible sustitución de la especie humana. Crake no quiere reformar el mundo, sino que quiere reemplazarlo. La humanidad aparece como especie fallida, autodestructiva e incapaz de controlar su violencia y su deseo. Sin embargo, la solución de Crake, eliminándola resulta totalmente monstruosa. A partir de ello, se incide en una pregunta decisiva para la narrativa distópica contemporánea: ¿Qué ocurre cuando el capitalismo, la biotecnología y la fantasía de perfección humana se combinan sin límites éticos ni políticos? Según Oryx y Crake, si eliminamos el deseo, el miedo a la muerte, las pasiones y los conflictos interiores, queda una forma de vida más pacífica, estable y ecológicamente adaptada, pero también una humanidad empobrecida. Los crakers son seres diseñados para no sufrir las grandes fuentes del mal humano; sin embargo, son incapaces de vivir con la intensidad, ambigüedad y profundidad de los humanos anteriores. De este modo, se presenta una paradoja ya que al corregir los defectos humanos, Crake elimina también gran parte de aquello que hacía reconocible la experiencia humana. El resultado de una especie nueva con una biología y una conducta programadas es una existencia más tranquila donde no hay guerras ni propiedad privada ni rivalidad sexual ni dominio económico. Sin embargo, los crackers se ven privadas de libertad y condicionados a una vida sin profundidad alguna, lo que conduce a plantearse si ¿puede haber humanidad sin conflictos interiores? Atwood parece sugerir que la conciencia no se define solo por la paz, sino también por la contradicción: amar y tener, desear y perder, recordar y sufrir e inventar relatos para soportar lo incomprensible.

La desaparición del deseo hace que desaparezca gran parte de la violencia, pero también del vínculo. Crake considera que el deseo sexual humano es peligroso porque produce posesión, celos, frustración agresión y jerarquía. Por eso, diseña a los Crakers con una sexualidad cíclica, no posesiva y desdramatizada. Eso elimina parte del sufrimiento, sin embargo también transforma radicalmente el amor. Ya no hay pasión, espera, fidelidad, angustia, idealización ni pérdida amorosa. Hay reproducción regulada por la biología, pero no ese deseo humano ambiguo que puede ser destructivo y creador a la vez. Si eliminamos el amor, ¿seguimos conservando el amor o solo una función reproductiva pacificada? Otro fuente de sufrimiento es el miedo a la muerte. Por eso, Crake intenta diseñar seres que no vivan obsesionados con la muerte ni necesiten religiones consoladoras ni construyan sistemas metafísicos para negar la muerte. Pero en los seres humanos, la conciencia de muerte también produce memoria, arte, ética, responsabilidad y deseo de sentido. Saberse mortal da gravedad a los actos. Hace que el tiempo importe. Si los crakers no temen a la muerte como los humanos, su vida puede ser más serena; sin embargo, también.pierde parte de la profundidad trágica que nace de saber que todo puede perderse en un instante.

Las pasiones son peligrosas ya que pueden llevar a la violencia, al fanatismo, a la dominación o al crimen. Crake desea una especie sin dichas intensidades destructivas; sin embargo, Atwood muestra que las pasiones también están en la raíz de la creatividad, el deseo de justicia, la amistad intensa, la compasión, la rebeldía y el arte. Una humanidad sin pasiones sería menos cruel, pero también menos capaz de grandeza. En la novela, no se idealiza a las pasiones humanas, sino que se muestran sus consecuencias terribles. Aunque no acepta sin más que una vida sin pasión sea una vida superior.

Los crackers so inocentes, pero su inocencia no es una conquista moral. No han elegido superar la violencia, sino que han sido diseñados para no conocerla. Dicho dato es fundamental. No son virtuosos en el sentido ético profundo, porque la virtud implica conflicto, decisión, posibilidad de actuar mal y elección del bien. Los crackers son pacíficos porque Crake ha eliminado de ellos muchas condiciones del mal. Con ello se plantea una cuestión filosófica: ¿tiene valor moral una bondad que no puede elegir no ser buena? De este modo, nos volvemos a topar con la cuestión del libre albedrío.

Crake quería eliminar la religión porque la veía como una fuente de irracionalidad, violencia y engaño. Pero Snowman/Jimmy termina contando historias como Oryx y Crake a los crakers. De este modo, dicha comunidad comienza a convertir dichas figuras en seres casi míticos. Con ello se produce una situación irónica, ya que incluso una especie diseñada para no necesitar religión alguna, empieza a generar relatos de origen. Atwood sugiere que el ser humano -o incluso los posthumanos- no vive solo de datos biológicos, sino que necesita narraciones, símbolos, nombres y explicaciones. Crake elimina la religión institucional, pero no logra eliminar la necesidad de sentido.

Los crakers no heredan la cultura humana lo que los protege de muchas corrupciones; pero también los deja sin densidad histórica. Son seres casi sin pasado. Su mundo es limpio, simple, inmediato. Frente a ellos, Snowman es miserable, culpable y deteriorado, pero conserva lenguaje, memoria, ironía, literatura, nombres, restos culturales. Snowman representa lo humano como ruina; sin embargo posee profundidad narrativa.

Crake no reforma al ser humano, sino que lo reemplaza. Su proyecto parte de un juicio radical donde la humanidad es vista como una especie fallida, dominada por violencia, deseo, poder, religión y autodestrucción. Sin embargo, el precio de corregir dichos males es altísimo, ya que desaparecen la libertad, la ambigüedad, la historia, la responsabilidad moral y la interioridad conflictiva. Los crakers reciben paz biológica, inocencia, reproducción sin posesión, serenidad ante la muerte, adaptación ecológica, ausencia de violencia organizada, comunidad simple, curiosidad elemental y relato mítico inicial; sin embargo, pierden conflicto moral, libertad trágica, amor pasional, conciencia de finitud, historia cultural, capacidad de rebeldía, interioridad compleja, pensamiento crítico profundo y memoria humana densa.

Atwood parece responder que si eliminamos el deseo, el miedo a la muerte, las pasiones y conflictos interiores, queda una criatura menos destructiva, pero también menos libre, menos histórica y menos humana. Por lo tanto, el ser humano no se define solo por sus virtudes, sino por su mezcla incómoda de grandeza y miseria donde se amalgama amor, violencia, memoria, culpa, deseo, imaginación, miedo, lenguaje, pérdida y necesidad de sentido ¿Se puede eliminar el sufrimiento humano sin eliminar también la libertad, el amor, la memoria, la cultura y la necesidad de sentido?

 

 

 

 

 

Publicaciones Similares

Deja una respuesta