¿Cómo funciona la vigilancia panóptica en El circulo (2013) de Dave Eggers?
Pública En la novela distócica El círculo (2013) de Dave Eggers se ahonda en la vigilancia omnipresente que se ha dado a través de la revolución de las TIC. El uso masivo de la tecnología digital ha derivado en una vigilancia panóptica que funciona de manera distinta al modelo clásico de Jeremy Bentham y diseccionado por Michel Foucault. En el caso, del panóptico digital no se trata de una torre central que observa a sujetos encerrados, sino de una vigilancia distribuida, voluntaria y moralizada donde cada persona participa en su propia exposición y en la observación de los demás.
¿Cuál es la diferencia que se da entre el panóptico digital y el clásico? En el clásico, el preso no sabe cuándo está siendo observado, lo que conduce a que se comporte como si fuese espiado continuamente. De este modo, la vigilancia se interioriza provocando un autocontrol permanente en el sujeto. En El círculo, Mae no necesita que alguien la obligue físicamente a comportarse, sino que es una decisión marcada porque la vigilancia en su entorno social y laboral se presenta como rasgos positivos al asociarse con la transparencia, la seguridad, la participación con la comunidad y la autenticidad.
Lo más inquietante de la vigilancia digital es que son los sujetos los que aceptan ser vigilados, incluso hasta el punto de llegar a desearlo. Debido a la presión social y laboral, Mae interioriza la idea de que exponerse es una prueba de honestidad ¿Por qué llega a dicha conclusión? En este caso, el sistema impone la idea de que si el individuo se comporta correctamente, no tiene nada que ocultar. De este modo, la vigilancia deja de parecer imposición para convertirse en virtud. La persona vigilada cree que la transparencia la hace más libre, más responsable y más auténtica.
Si en el panóptico de Berntham había una torre central, en la novela de Eggers dicha torre se multiplica en miles de cámaras, pantallas, sensores, perfiles, comentarios y bases de datos. En el panópptico digital, el poder ya no necesita un único vigilante visible sino que está en todas partes. La torre se disuelve en la red donde todos pueden mirar y todos pueden ser mirados. De este modo, se da una vigilancia distinta a la de 1984 de George Orwell levantada a través de la figura del Big Brother. En El círculo, la mirada no pertenece solo a una autoridad central, sino que también pertenece a los compañeros del trabajo, usuarios, seguidores, clientes, amigos y desconocidos. Esto genera una forma de vigilancia social más difusa. Mae no teme únicamente a un jefe, sino a quedar mal ante la comunidad, perder reputación, no responder, no participar o no estar suficientemente visible. Por lo tanto, el control se vuelve más eficaz porque ya no depende solo de la policía o de la empresa, sino que la comunidad entera es la quien te vigila.
Al final la omnipresente transparencia produce autocensura en el individuo. Cuando Mae sabe que puede ser observada, empieza a corregir su conducta antes de que nadie la sancione. Con ello se desemboca en el objetivo fundamental de la vigilancia panóptica que consiste en que el sujeto se convierta en vigilante de sí mismo. Dicha autocensura no consiste sólo en evitar delitos, sino en ajustar gestos, opiniones, silencios, relaciones y emociones a lo que la plataforma considera aceptable. Por ello, Mae se pregunta constantemente ¿Cómo se verá esto? ¿Qué pensarán de mí? ¿Qué imagen estoy proyectando? ¿Estoy compartiendo lo suficiente? Deja de vivir su vida para moldearse a las opiniones de los demás. De este modo, la vigilancia coloniza la conciencia de uno mismo.
Debido a la presión social de las redes sociales, la intimidad acaba apareciendo como culpa. La corporación de El círculo convierte la privacidad es una actividad sospechosa. Si alguien desea estar fuera de la mirada pública es calificado como egoísta, antisocial o peligroso. La intimidad se transforma en sospecha. Por eso, el panoptismo digital no basta con vigilar sino que transforma moralmente el significado de no querer ser vigilado. Una frase como “los secretos son mentiras” denota que el secreto deja de ser espacio legítimo de intimidad para ser signo de culpa.
En un régimen panóptico, la conducta visible se convierte en prueba moral. En la sociedad mostrada en El círculo, exponerse equivale a demostrar que uno no oculta nada. Mae acepta ser transparente porque cree que así muestra su honestidad; sin embargo, dicha transparencia no la libera sino que más bien la obliga a representarse constantemente entre otros. De este modo, el yo se convierte en espectáculo vigilado. La identidad deja de ser una experiencia interior y se transforma en una emisión permanente ¿Cómo se justifica dicha situación? En la sociedad de la novela sus tecnologías no se presentan como instrumentos de dominación, sino como soluciones a problemas reales. De este modo, la seguridad justifica las cámaras y el rastreo, la democracia hacia obligatoria la participación, el cuidado de la salud legitima el empleo de sensores corporales, la transparencia elimina la privacidad, la comunidad exige presencia constante, la verdad condena el secreto y la eficiencia se vuelca en la concentración de datos. El poder vende la idea de que entregar los datos personales constituye a un mundo mejor y más seguro. Debido a la doctrina de la empresa así como su difusión, Mae no solo acepta la vigilancia, sino que acaba deseándola. La exposición le proporciona identidad y pertenencia. Por ello, el panóptico se vuelve más sofisticado, ya que no funciona solo por medio, sino también por placer y por prestigio social. La plataforma mezcla control y gratificación a través de reconocimiento social, ascenso profesional y sensación de importancia.
El título El círculo hace referencia a una totalidad cerrada. La empresa donde trabaja Mae aspira a integrar todos los datos, todos los espacios, todos los cuerpos y todas las relaciones. En el panóptico clásico se daba una diferencia entre dentro y fuera de la prisión. En el panóptico digital, dicha diferencia tiende a desaparecer ya que el mundo entero puede convertirse en espacio observable. La vigilancia ya no termina al salir del trabajo, sino que acompaña a Mae en su casa, su ocio, sus relaciones familiares, su cuerpo y su vida emocional. Se incorpora a la vida cotidiana de Mae. De este modo, se elimina la visión del panóptico clásico dando paso a una forma más cercana a las sociedades de control actuales donde predominan el seguimiento continuo, los datos en tiempo real, la evaluación permanente y la circulación constante de información. No se vigila únicamente en lugares cerrados, sino también en movimiento a través de dispositivos portátiles, cámaras pequeñas, perfiles digitales y redes. Se podría decir que el sujeto ya no está encerrado en una institución, sino que lleva la institución consigo.
Mae no es solo víctima de la vigilancia sino el mejor ejemplo de cómo se fabrica un sujeto panóptico. Al comienzo conserva ciertos espacios privados, progresivamente, comienza a ver dichos espacios como equivocaciones. Se ve una evolución en su conducta mientras que en la entrada en el Círculo le causa fascinación por la empresa acompañada de una etapa de adaptación en la cual acepta métricas y una participación constante, lo que le conduce a la interiorización de la culpa por el hecho de no compartir, todo ello le conduce a la transparencia absoluta convirtiendo su vida en una emisión pública que desemboca en una adhesión ideológica en la cual defiende la vigilancia como bien moral. El éxito del sistema consiste en que Mae acaba hablando con la voz del propio Círculo.
En definitiva, el panóptico digital muestra diferencia respecto al panóptico clásico. Dicha distancia sale a la luz si se hace un análisis comparativo entre la sociedad orwelliana y la de la novela de Eggers. En el panóptico digital predomina la vigilancia corporativa que es diferente a la vigilancia estatal impuesta por Ingsoc. El sujeto en el panóptico digital acepta las reglas de juego, ya que pretende alcanzar reconocimiento; en cambio, en 1984 predomina el miedo al castigo que surge debido al uso obligatorio de pantallas, lo que contrasta con el mundo digital donde el dispositivo de control se suele emplear de forma voluntaria. La figura del Gran Hermano es sustituida por el de la comunidad conectada que impide que cada uno viva su vida ya que está continuamente a merced de la opinión ajena que lo controla de forma omnipresente.
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