La renovación del liberalismo: por una globalización más equitativa y democrática
Pública Desde los inicios de la nueva globalización, el neoliberalismo ha pretendido presentarse como la única vía para extender el fenómeno global. Su actitud impositiva ha provocado un aumento de las desigualdades económicas dando lugar a una globalización injusta (Stiglitz, 2002).
Debemos ser conscientes que la tradición liberal permite múltiples caminos a través de los cuales conseguir una globalización más equitativa y democrática. En la naturaleza del liberalismo, se encuentra una capacidad cambiante e imperfectiva enfocada siempre a la mejora al considerar que nunca habrá un sistema político y económico definitivo. Por tanto, el talante liberal exige la búsqueda de otras alternativas al trayecto trazado por el neoliberalismo que se ha querido imponer a las distintas comunidades mundiales como la única alternativa posible de globalización (Stiglitz, 2002).
El neoliberalismo económico apostó por la liberalización del mercado intentando imponer su modelo a través de las directrices marcadas por instituciones como el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial (BC) y la Organización Mundial de Comercio (OMC). Dicha liberalización ha provocado riqueza tanto en los países desarrollados como en los que se encuentran en vías de desarrollo; sin embargo, su distribución no ha sido equitativa ni ha recortado las desigualdades entre las clases sociales. Mientras que en el periodo de neoliberalismo la renta mundial total ha subido 2´5 % al año; en cambio, ha aumentado el número de pobres en casi 100 millones (Stiglitz, 2002).
El neoliberalismo ha pervertido la tradición liberal ya que en su vertiente inglesa ha enfatizado el individualismo a la vez que desalojó de sí su dedicación al bien común que sí se había dado en la tradición liberal francesa (Rosenblatt, 2020). El neoliberalismo apostando por un capitalismo exacerbado no ha tenido en cuenta ni la constitución social de los individuos ni la importancia de los vínculos comunitarios (Rosenblatt, 2020).
Una perversión que ha visto sufrir el FMI ya que en sus inicios (1944) su misión se cifró en impedir que se produjese una nueva depresión mundial como fue la ocasionada por el crack del 29 que derivó en una crisis galopante en la década de 1930 que condujo a la 2ª GM. Sin embargo, a través del neoliberalismo, el FMI se ha transformado en un instrumento para controlar las economías de los países implantando el mercado libre en países en vías de desarrollo (Stiglitz, 2002).
Para desandar el camino, tal vez, sea necesario recuperar el significado esencial de “liberal” que aúna, al mismo tiempo, la defensa de la libertad y el hecho de promover el bienestar material y moral de todos (Rosenblatt, 2020) ¿Cuál es el camino que debe recorrer la renovación del liberalismo? ¿Qué principales rasgos debe reunir el (los) liberalismo(s) global(es)?
En primer lugar, debe permitir y aceptar un abanico de tendencias (Garton, 2021) rectificando la actitud del neoliberalismo que quiso imponer su camino de globalización como si fuese la única vía posible para todos los países y personas del mundo. Con ello, obligaba a una globalización uniformadora cuando, en cambio, puede y debe ser plural y diversa.
En segundo lugar, es necesario aceptar y aprovechar el rasgo imperfectivo del liberalismo que le ha permitido adaptarse a las diferentes circunstancias históricas y sobrevivir hasta nuestros días. Es vital un liberalismo orteguiano el cual en La rebelión de las masas entiende el sistema liberal como un gobierno abierto siempre a la mejora de una cada vez mayor amplitud democrática que permita al ciudadano tener un mayor peso específico en las decisiones políticas y económicas de su sociedad ampliando las herramientas democráticas. Por contra, el neoliberalismo ha ido minando la posibilidad de autonomía y de decisión tanto de los Estados como del ciudadano, tal y como como ha quedado patente en la crisis de la Gran Recesión de 2008 y en la pandémica del Covid-19.
La globalización exige ampliar miras y aceptar otras mentalidades, por eso, debe primar la solidaridad y la comunidad frente al individualismo y el egoísmo (Garton, 2021). Para ello, se debe combatir las olas del populismo que han surgido en países desarrollados debido al desempleo, a la inseguridad económica, al empobrecimiento de la clase media de países desarrollados y al aumento de la deuda pública a causa de las sucesivas crisis que se han ido alternado en el 1º cuarto del s. XXI. En este caso, el proyecto de la UE puede ser válido para combatir las diferentes oleadas de populismo al apostar por un modelo transnacional que sea capaz de reprimir las tendencias populistas de los nacionalismos exacerbados; sin embargo, debe ser necesario otro modelo distinto de UE basado más en la solidaridad entre sus estados miembros a través de la cual se intente tomar medidas que permitan paliar las desigualdades económicas entre los propios Estados y las propias clases sociales. El hecho de lograr dicho objetivo pasa por que la UE se niegue a aceptar que sólo existe una forma de construir la unidad europea, como se ha querido imponer con el neoliberalismo desde los años 80 del s. XX.
Si bosquejamos distintas alternativas de globalización, tampoco China puede ser el modelo a seguir ya que su espectacular ascenso económico que la ha elevado a convertirse en una auténtica Superpotencia ha combinado un modelo mixto de capitalismo neoliberal y socialismo que tiene su base en un estado totalitario (Garton, 2021).
El liberalismo de una globalización comunitaria debe ser sinónimo de democracia para respetar el pluralismo que permite el diálogo a la hora de llegar a consensos que tengan en cuenta todas las opiniones, con el objeto de enfocarlas al bien común abrazando, al mismo tiempo, la defensa de la libertad con el igualitarismo y el universalismo que deben ser las líneas trazadas que configuren una globalización que apunte a un beneficio de la mayoría. Por eso, un sistema liberal no encajará nunca con la visión de un sistema político que se base en un partido único y en un pensamiento uniforme al que aspiran los populismos de hoy en día buscando la hiperpolarización (Garton, 2021).
El aumento de la desigualdad en las sociedades desarrolladas debe ser combatidas con estrategias liberales que aspiren a la igualdad de oportunidades la cual permitiría una mayor posibilidad de ascenso social, tal y como se dio en el Estado del Bienestar de las socialdemocracias que se implantaron en las democracias occidentales después de la 2ª GM y hasta los años 80 del s. XX donde poco a poco fue cediendo terreno al neoliberalismo hasta derrocar gran parte de todo lo construido por dicho Estado de Bienestar. Unas igualdades de oportunidades cuyo reto no sólo debe ser aplicarlas a un nivel estatal sino global a partir de la configuración de instituciones transnacionales que se interesen por cuestiones capitales como el medio ambiente, la justicia social y los derechos humanos que habían sido relegados a un plano secundario por el mercado neoliberal (Stiglitz, 2002).
El hecho de querer imponer sólo una vía para el liberalismo supone ya un contrasentido, debido a que la historia liberal se ha caracterizado por su capacidad de cambio y de amalgamar distintas tendencias políticas y económicas. La vía neoliberal y la populista conducen a un sistema cerrado donde reina la inmovilidad y la presunta perfección en las cuales ya no tiene cabida la capacidad crítica. Por eso, es necesario cultivar un rasgo esencial del liberalismo constituido por la desconfianza hacia cualquier concentración en demasía del poder y estar atento a ello para oponerse con una capacidad crítica siempre despierta y, de este modo, combatir a los que pretenden reducir la globalización a la idea de un único mundo perfectamente controlado por un único gobierno mundial. La globalización plural debe aspirar a un universalismo que acepte la diversidad de perspectivas donde siempre esté abierta la posibilidad de mejora vinculada con el bienestar material y moral de lo colectivo sin atropellar los derechos individuales. En dicho complejo equilibrio debe moverse los liberalismos globalizadores que nos permitan lograr un mundo más equitativo y democrático.
Bibliografía:
Garton Ash, T. (2021). El futuro del liberalismo. Letras libres, nº 267.
Ortega y Gasset, [José]. (2000). La rebelión de las masas. Madrid: Alianza, 294 p. ISBN 8420641014.
Rosenblatt, Helena. (2020). “Epílogo”. En: Helena Rosenblatt. La historia olvidada del liberalismo. Desde la antigua Roma hasta el siglo XXI. Barcelona: Crítica. p. 213-222. ISBN 9788491992073.
Stiglitz, J.E. (2002). “Capítulo 1. La promesa de las instituciones globales”. En: J. E. Stiglitz. El malestar de la Globalización. Madrid: Taurus. p. 27-48. ISBN 8430604782.
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