|

¿Es el proceso de la Nueva Globalización una gran convergencia de igualdad económica?

Pública

El proceso de la Nueva Globalización se inició a finales de los años 80 del s. XX extendiéndose hasta la actualidad. Su principal motor ha venido siendo la revolución tecnológica vinculada con la información y la comunicación (TIC) siendo su principal consecuencia la Gran Convergencia la cual ha permitido a los países emergentes un desarrollo industrial y económico a través del cual han recortado la distancia con los países desarrollados que ya vieron incrementar su economía en la Vieja Globalización que fue producto de la Revolución Industrial acompasada por la aplicación del vapor como energía, que derivó en la Gran Divergencia al aumentarse considerablemente, en dicho caso, las diferencias económicas entre los países industrializados y los que no se pudieron subir a la locomotora del progreso.

La Gran Convergencia sale a la luz, desde una visión macroeconómica, si se compara la progresión del PIB Mundial de los países del G7 y las naciones en vías de desarrollo entre 1990 y 2010. Mientras que en 1990 los países del G7 constituían el 66´6 % del total mundial; en cambio, en 2010 sólo les correspondía el 50 % (Baldwin, 2016). Dicho resultado es debido al hecho de que países emergentes como China, India, Brasil, Indonesia o Polonia vieron aumentar por lo menos más de 3 décimas su PIB anual entre las fechas indicadas (Baldwin, 2016).

Con asiduidad se ha vinculado el proceso de industrialización con el crecimiento económico. Por ello, durante el proceso de Convergencia es importante subrayar que los países del G7 han sufrido una desindustrialización a través del fenómeno de la deslocalización producido gracias a la revolución de las TIC y, al mismo tiempo, al uso masivo del transporte aéreo comercial. Todo ello, unido a las medidas de liberalización respecto al comercio y la inversión extranjera tomadas por los países en vías de desarrollo influenciados por el neoliberalismo, ha permitido la implantación de empresas extranjeras en su territorio a través de tratados bilaterales de inversión (IBI) mediante los cuales se otorgaban concesiones a las empresas de países desarrollados que invertían en países en vías de desarrollo. La propagación del neoliberalismo hizo que los IBI pasaran de 86 en 1985 a su duplicación en el 2000 (Baldwin, 2016).

¿Cuál es la auténtica novedad de la nueva globalización? En este caso, la revolución de las tecnologías de la información ha reducido radicalmente el coste del movimiento internacional de ideas que unido al pleno desarrollo del transporte aéreo de mercancías han permitido el desarrollo de múltiples redes internacionales de producción dando lugar al aumento del comercio de ida y vuelta (flujos Norte – Sur) y un fenómeno como las deslocalizaciones a través de las cuales las multinacionales extranjeras no sólo trasladan el trabajo intensivo en mano de obra al país donde se instalan, sino que también implantan consigo sus conocimientos. Dicho traslado de conocimientos es lo que ha derivado en la consecución de la Gran Convergencia actual.

¿Qué ha permitido el traslado de conocimientos? Por un lado, un repunte en la economía de los países en vías de desarrollo y, por otro lado, un aumento de la humanidad que vive por encima de los niveles de subsistencia (Baldwin, 2016). De ahí, la diferencia con las crecientes desigualdades que se dieron en la 1ª globalización. Una brecha que ha disminuido en la actualidad; pero que todavía sigue siendo una realidad.
Dicha disminución ha quedado plasmada en la investigación del economista Branko Milanovic quien estudió a fondo la evolución económica mundial entre 1988 y 2008. Los datos obtenidos los sintetizó a través de la imagen gráfica de la “curva de elefante” a través de la cual se plasmaba la evolución de las distintas clases sociales desde una perspectiva global. Su conclusión general fue que durante dicho periodo la mayoría de la población mundial vio crecer sus ingresos. En la cima de los ingresos se encontraban las clases medias de economías emergentes asiáticas entre las que se hallaban 200 millones de ciudadanos chinos, 90 millones de indios y cerca de 30 millones sumando Indonesia, Brasil y Egipto (Barria, 2021). A la vez, el 1 % más rico del mundo había visto crecer más del 60 % sus ingresos reales. En cambio, entre los más perjudicados de la Nueva Globalización se encontraban el 5 % más pobre que no había conseguido ninguna variación en su paupérrima situación y las clases medias de los países desarrollados de Occidente que habían visto mermadas considerablemente su capacidad económica.

Dicho estudio abarca hasta el 2008 que constituye el inicio de la crisis de las hipotecas tóxicas de EEUU que se extendería como la pólvora a una escala global. Dicha crisis dio lugar a un nuevo periodo y al reajuste en la distribución global de los ingresos ¿Cómo afectó a la “curva de elefante”? En este caso, según el análisis, el “elefante” perdió su trompa (Barria, 2021), ya que en términos generales aunque siguió disminuyendo la desigualdad, también lo hizo respecto a la progresión de los ingresos en el 1 % más rico y en las clases medias asiáticas. No obstante, de nuevo, fueron las clases medias de Occidente las que más acusaron la crisis al ver bajar de nuevo su poder adquisitivo de una forma significativa.

A través de la curva de elefante y su evolución posterior, la proyección económica mundial apunta a que durante el s. XXI el continente asiático va a desplazar gradualmente a los europeos y EEUU como cetro de la economía mundial (Pomeranz, 2001). Sin embargo, queda por ver las consecuencias vinculadas con la crisis del Covid-19 en la que, según los últimos datos, la trompa se empina más arriba, ya que las grandes fortunas aparecen todavía más beneficiadas (Barria, 2021). Por contra, se estima un aumento de la desigualdad ya que las consecuencias de la pandemia parecen que han recaído en su mayoría en los sectores más pobres y en las clases medias.

En definitiva, a pesar de las sucesiones de crisis económicas desde el inicio del s. XXI, la revolución de las TIC ha provocado que se produzca una reducción de la distancia en la capacidad económica entre los países desarrollados y los que se encuentran en vías de desarrollo, hasta el punto de que todo parece indicar que la gravitación económica global se está desplazando a Asia Central y Oriental en la cual se acumulan potencias económicas como Japón, Corea del Sur, India y, sobretodo, China convertida ya en la 2ª potencial mundial a nivel económico con proyección de superar a EEUU a mediados del s. XXI. No obstante, todavía queda una asignatura pendiente que es una mejor distribución entre sus clases sociales de la riqueza producida, como es el caso de Brasil donde en 2021 la pobreza afectaba todavía a 62´5 millones de habitantes que constituían el 29´4 % de su población.

Bibliografía:
Baldwin, [Richard]. (2016). “El vapor y la primera ruptura de la globalización”. En [Richard] Baldwin: La gran convergencia: migración, tecnología y la nueva globalización. Barcelona: AntoniBosch Editor. 57-88. ISBN: 9788494627118.
Baldwin, [Richard]. (2016). “Las TIC y la segunda ruptura de la globalización”. En [Richard] Baldwin: La gran convergencia: migración, tecnología y la nueva globalización. Barcelona: Antoni Bosch Editor. 89-120. ISBN: 9788494627118.
Barria, [Cecilia]. (28 enero 2021). Cómo la curva del elefante te ayudará a entender qué ha pasado con la desigualdad en el mundo. BBC News Mundo. https://www.bbc.com/mundo/ noticias-55699513
Pomeranz, [Kenneth].(2001). “Market Economies in Europe and Asia”. En [Kenneth] Pomeranz: The Great Divergence: China, Europe and the Making of the Modern World Economy. Princenton: Princenton UP. 69-107. ISBN 9780691090108.

Deja una respuesta