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De la electrónica analógica a la revolución digital: un caso de monopolio tecnológico

Pública

Si una tecnología ha quedado eclipsada a través de la 5º ola tecnológica que ha supuesto la revolución digital es, sin duda, la electrónica analógica que a través de los tubos de vacío fue la base de la electrónica durante la 1ª mitad del s. XX. A partir de la invención en diciembre de 1947 del transistor de contacto desarrollado por los físicos J. Bardeen, W. Houser Brattain y W. Schockley, arrancará la era digital la cual irá ganando terreno a la analógica durante toda la 2ª mitad del s. XX, sobretodo, mediante la adopción y proliferación de los ordenadores y la aceleración digital que supuso la Revolución de las TIC.

La revolución digital ha supuesto que hayan quedado obsoletos en apenas unas cuantas décadas una gran cantidad de aplicaciones y aparatos que se encontraban asociadas con la tecnología analógica. Entre los casos más destacados se encuentran la sustitución de cilindro de fonógrafo y la casete por el disco compacto (1982), la fotografía analógica por la digital (1990) como su aplicación en el cine (mediados de la 1ª década 2000), la televisión analógica por la emisión digital (mediados de la 1ª década del 2000) y el teléfono fijo analógico por el teléfono móvil digital (G2), a mediados de 1990.

Dicha sustitución masiva de aparatos tecnológicos saca a la luz la ideología de la innovación tan asociada a la Revolución digital (Aibar, 2022). Su dogma principal consiste en considerar la innovación tecnológica como el primordial motor de crecimiento económico y del bienestar social, desembocando así en el determinismo tecnológico que considera que los grandes cambios históricos no han sido producto de la política, sino han venido dados por la técnica (Aibar, 2022).

En el recambio masivo de los productos analógicos ha dominado la concepción de innovación entendida como novedad en sí misma sin tener en cuenta otros valores de apreciación (Aibar, 2022). El continuo cambio asociado a las tecnologías vanguardistas como la microelectrónica y la alta tecnología está íntegramente asociado a la búsqueda del máximo beneficio económico, poniendo de manifiesto su estrecha relación con el neoliberalismo, surgido en los años 70 del s. XX, que desembocará en la imposición del neocapitalismo a costa de relegar al Estado de bienestar al ostracismo.

Debido a la continua novedad tanto de productos como de aplicaciones digitales para acrecentar al máximo el consumo, los gurús de la innovación consideran que es el usuario quien debe adaptarse a la tecnología, y no al revés (Aibar, 2022). De ahí, que hayan dejado exclusivamente la senda digital como único tránsito, sin atender a las peticiones de generaciones anteriores que han nacido y crecido en un mundo analógico a la que no han dado opción para poder elegir entre la vía analógica o la digital. De este modo, la imposición de la revolución digital muestra que la tecnología está construida socialmente (Sastre y Valentines, 2023), ya que a través de la informatización de la economía (Edgerton, 2007), implantada en una sociedad de consumo neocapitalista, son las grandes compañías tecnológicas las que cuentan con un enorme poder de decisión tanto en la economía como en la política estatales, lo que hace que la UE esté sujeta a los pasos marcados por las tecnológicas estadounidenses.

En la sustitución masiva de la electrónica analógica a la digital cabría preguntarse ¿por qué se opta únicamente por la digital y se impone el abandono de la alternativa constituida por la analógica? ¿Sería posible mantener las dos tecnologías? Para responderlas, deberíamos volver a las causas por las que se optó por la tecnología digital frente a la analógica entre las que se encuentran que la digital permite hacer copias idénticas al original, transferir más fácilmente la información y distribuirla de forma remota, ofrece más tolerancia al “ruido” lo que permite recuperar información dañada y a la vez es más duradera y resistente a la corrupción que la tecnología analógica. Todas estas razones unidas a la expansión de Internet y la irrupción de las tecnologías móviles. que han llevado a la digitalización de la información y de la comunicación, han conducido a una imposición dictatorial que pretende no dejar abierta otro tipo de alternativa que la vía digital afectando a todos los sectores y facetas de nuestra sociedad que van desde los hábitos más rutinarios de la vida cotidiana a cualquier tipo de trámite burocrático.

La invasión de la tecnología digital desde los años 90 del s. XX hasta nuestros días se puede sintetizar en las cifras de suscripciones de teléfonos y de usuarios de Internet. Mientras que en 1990 había 12´4 millones de teléfonos (0´25 % de la población mundial) y 2´8 millones de usuarios de Internet (0´05 % de la población mundial); en cambio, en el 2021 se incrementó a 7101 millones de teléfonos móviles (89´94 % de la población mundial) y a 4700 millones de usuarios internáuticos (60´1 %). Este aumento de la influencia de lo digital ha ido en paralelo con el retroceso de lo analógico el cual se agudizará más en la actual 6ª ola tecnológica donde se está implantando a pasos agigantados la Inteligencia Artificial en la que la innovación es un proceso constante que pretende imponer la automatización de las tareas humanas a través de la tecnología, la robótica y la conexión global de todos los aparatos digitales. Dicha conectividad global de todo el universo digital hace que la revolución digital aspire a monopolizar todo el ámbito tecnológico reduciendo a lo analógico a un mero recuerdo del pasado.

En paralelo a la revolución digital se ha ido desarrollando una sociedad de consumo masivo en el cual se intenta imponer la necesidad de encontrarse continuamente actualizado con la más reciente aplicación o aparato tecnológico con el objetivo de que la tecnología quede pronto obsoleta y, de este modo, el usuario se convierta en un eterno consumidor de dichos productos. De este modo, la revolución digital también ha pretendido cambiar nuestros hábitos de consumo frente a los que teníamos respecto a los aparatos analógicos donde primaba el mantenimiento de dichos artículos optando en su mayoría por mantenerlos durante un largo periodo de tiempo que, a veces, se alargaba hasta más de una década, o decidirse a repararlos antes que comprarse un modelo nuevo. Sin embargo, en múltiples aparatos digitales se ha aplicado la obsolescencia programada que imponía el fin de uso de dichos aparatos en un periodo más o menos corto con la única posibilidad en su mayoría de tener que adquirir otro nuevo aparato, ya que era prácticamente imposible arreglarlo o el precio de su reparación casi equivalía a la compra de un nuevo modelo (Aibar, 2022). De este modo, a través de dichas tácticas, la tecnología ha derivado en un consumo compulsivo donde el usuario se ve abocado a una vorágine de gastos que a veces se ve obligado a llevar a cabo, sobretodo, si afecta a su ámbito profesional, ya que el mercado les exige estar a la última para ser competitivos en sectores asociados con las tecnologías digitales (Aibar, 2022). Dichas imposiciones de la revolución digital que han ido socavando a la electrónica analógica han conducido a un cierto movimiento de amantes de la “tecnología retro” ya sea por nostalgia de tiempos pasados asociados con lo analógico, así como por la resistencia a mantener viva otro tipo de tecnología distinta a la que nos ha sido impuesta por las compañías que hoy controlan Internet. Dicha mentalidad de resistencia aparece reflejada en el protagonista de la película Perfect Days (2023) de Wim Wenders que vive su rutina diaria inmerso en un mundo analógico mientras el mundo digital va girando a su alrededor y hace girar el mundo. Una muestra del retorno a lo analógico se encuentra en el regreso del vinilo que se ha vuelto a fabricar, debido a la demanda de una gran cantidad de coleccionistas musicales que estaban enamorados de dicho formato. La misma situación se dan en numerosos cinéfilos que prefieren la calidad de imagen del cine proyectado en 35 mm. y 70 mm. que el reproducido de forma digital. En ciertos casos, el retorno a la tecnología analógica no responde ni a un acto nostálgico ni de resistencia, sino a la propia innovación tecnológica como es el caso de la recuperación de los “tubos de vacío” en su versión de nanotubos los cuales se han mostrado más eficientes energéticamente que los chips de silicio.

En definitiva, la imposición de la 5ª Ola tecnológica asociada con la Revolución digital no sólo ha ocupado el espacio antes perteneciente a la tecnología analógica, sino que su intención es monopolizar todos los ámbitos a través de sus principales pilares constituidos por el microprocesador, los ordenadores personales y la revolución tecnológica móvil pretendiendo eclipsar en su totalidad al mundo analógico que se ve desplazado al no ser integrado dentro de la red global de conexión que pretende abarcar todos los aparatos, aplicaciones y personas existentes para su mayor control y dominio. La 6ª ola tecnológica con la IA, el Big Data, la conectividad global y la próxima implantación de la tecnología 6G apunta a que barrerá cualquier huella dejada por la tecnología analógica.

Bibliografía:
Aibar, E. (2022). «Imaginación tecnológica e ideología de la innovación». Artnodes (29), 1-9.
Edgerton, D. (2007). “Relevancia”. En: Edgerton, David. Innovación y tradición: historia de la tecnología moderna. Barcelona. Crítica: 21-52.
Sastre, J. y Valentines, J. (2023). “Cap. 6. Tecnociencia, industria y economía: los sistemas técnicos”. En: Aibar, Eduard (ed.). Innovación y tradición: historia de la tecnología moderna. Barcelona: Crítica: 35-52.
Wenders, W. (director). (2023). Perfect Days. Master Mind Limited y Wim Wenders Productions.

 

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