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La neolengua: el lenguaje como mecanismo de control social en el universo orwelliano de 1984

Pública

Bajo la premisa Cogito, ergo sum, Descartes llevaba a cabo su particular giro copernicano en la historia de la filosofía occidental al incidir en la trascendencia adquirida por el mundo interior del individuo a la hora de interpretar o, mejor dicho, configurar la realidad. Con ello, se colocaba la piedra angular del pensamiento moderno al establecer una nueva posición respecto a la relación dominante hasta entonces entre el ser humano y el universo.

El hecho de subrayar la importancia del sujeto en todo acto cognoscitivo sería el punto de arranque sobre el cual la Ilustración pretendía alcanzar su objetivo fundamental: la libertad ideológica de todo individuo que se atreviera a pensar por sí mismo. Según Kant, a partir de la revolución ilustrada, había comenzado a germinar todo un proceso mediante el cual la humanidad debería abandonar su minoría de edad. No obstante, los sueños de la razón producen monstruos, ya que el proyecto de la Ilustración también presenta su reverso, tal y como se expone en la sociedad de 1984 en la cual el reconocimiento de la realidad interior del individuo se proyecta no con el objeto de alcanzar su libertad ideológica, sino más bien con la intención de anularla, favoreciendo, de ese modo, el dominio absoluto de la conciencia colectiva del Partido.

La clase dirigente de Ingsoc lleva hasta sus últimas consecuencias la premisa cartesiana con el objetivo de perpetuar su sociedad, eliminando cualquier resquicio individual que amenazase, tarde o temprano, su control total sobre Oceanía. Si la realidad se reduce al mundo interior del individuo, entonces si se consigue apoderarse de las conciencias individuales se logrará manipular a todos los ciudadanos bajo el dictado de los intereses del Partido Socialista Inglés.

En la relectura de la novela, el lector es consciente que, desde la primera página, el protagonista no ha sido otra cosa que una cobaya humana sobre el cual se experimentaba para tratar a futuros miembros del Partido que pretendiesen resistirse a la ortodoxia de Ingsoc la cual cosa implicaría una auténtica amenaza para la supervivencia del organismo social. La maquinaria estatal entiende que el individuo debe ser destruido para, a continuación, reconstruirlo de tal forma que acepte con fe ciega todo lo dictado por el Gran Hermano. Por tanto, el entramado ideológico de Ingsoc no niega la existencia de la conciencia individual, sino que más bien, lo que pretende es exterminarla con la finalidad de que acepte aparentemente de forma inconsciente y sin ningún tipo de duda la realidad impuesta por la versión oficial del Estado. Como bien afirma Durkheim, la realidad externa siempre se presenta ambigua ya que admite múltiples interpretaciones; no así lo que debe ser que se encuentra totalmente acotado por el sistema social y moral dominante que nos ofrece una realidad ya interpretada donde no tiene cabida la especulación ni el error.

La descripción de la estructura de la sociedad de Oceanía se detalla en el presunto libro prohibido de Goldstein, designado por el poder estatal como el enemigo ideológico de Ingsoc. Toda sociedad, independientemente del periodo histórico, debe ser considerada un auténtico organismo vivo cuya organización aspira a perpetuarse a lo largo del tiempo, empleando para ello todo tipo de mecanismos de represión cuya finalidad se proyecta en alcanzar el mantenimiento de la realidad establecida.

Según la novela de Orwell, durante toda la historia humana toda estructura social se ha dividido en tres estados: los Altos, los Medios y los Bajos. Con el paso de los siglos, han ido variando sus relaciones y formas; no así la estructura básica la cual ha permanecido totalmente intacta. Ante las inevitables grietas históricas, los organismos burocráticos e ideológicos de Ingsoc se esfuerzan por eternizar la organización piramidal de Oceanía, constituida por el Partido Interior, el Partido Exterior y los Proles, sobre cuya cima se sitúa la figura omnipresente del Gran Hermano considerada la pieza clave de la cosmovisión de dicha sociedad. Para llevar a cabo dicho objetivo, el Partido Interior recurre a mecanismos de coerción cuya sutileza los convierte en prácticamente inconscientes para el individuo de tal modo que la mayoría de sus ciudadanos acepten sin reparo la versión oficial del organismo estatal. De ahí que no existan leyes escritas y totalmente definidas, ya que lo que se pretende es una integración total entre el Partido y el individuo de tal forma que se conviertan en un órgano biológico indivisible que no permita distinguir el uno del otro. De este modo, la conciencia del individuo no será otra cosa que la conciencia del Partido, prevaleciendo los intereses colectivos sobre los individuales. La convención de la figura del Gran Hermano es el reflejo del pacto generalizado que se establece entre la persona y la sociedad, ya que, en ningún momento de la narración, poseemos la certeza de su existencia real.

Entre los organismos de control sobresale el proyecto de la neolengua enfocado al dominio del individuo a través de la adquisición de una lengua que intenta reducir a la mínima expresión todas las posibilidades ofrecidas por la capacidad del lenguaje. De este modo, Orwell pone de manifiesto que cualquier lengua es una convención social que el hablante materno adquiere sin tener en cuenta que todo su pensamiento ya se encuentra condicionado por una tradición que recoge toda una forma de sentir y relacionarse con el mundo exterior. Dicha premisa implica que el hablante no emplea el lenguaje para expresarse; sino que más bien es el lenguaje quien se manifiesta a través del individuo. Por lo tanto, la lengua no es una tabla rasa a disposición del hablante; sino que esconde tras de sí toda una ideología que, en cierto modo, guarda una serie de intereses extralingüísticos que condicionan la percepción objetiva de la realidad, tal y como se observa en la utilización de eufemismos a la hora de nombrar los organismos que forman parte de la maquinaria disuasoria del Estado.

A partir de los eufemismos, se pretende atenuar o anular del todo la cruda realidad, desvirtuándola o descorriendo tras de sí un tupido velo. De este modo, se denomina Ministerio de la Verdad a una institución estatal dedicada a la manipulación o recreación continua del pasado o Ministerio del Amor a un organismo encargado de reprimir cualquier manifestación sexual alejada de la ortodoxia de Ingsoc. Cualquier lengua, debido a ser un fenómeno social, esconde tras de sí una carga ideológica que nos permite desenmascarar a través de ella los principios morales de su comunidad.

El proyecto de la neolengua orwelliana se apoya en la teoría del isomorfismo que establece una relación directa entre el lenguaje, el pensamiento y la conciencia. Si se tiene en cuenta el vínculo directo entre el lenguaje y el pensamiento, el hecho de desarrollar una lengua totalmente controlada por el organismo de poder supone eliminar cualquier posibilidad de concebir pensamientos heréticos que se enfrenten contra la ideología dominante. En este caso, la labor de los gramáticos de Ingsoc se basa en ir limando el lenguaje hasta dejarlo en los huesos de tal modo que no se pueda convertir en un arma que amenace la estabilidad social, ya que se entiende que el pensamiento es el primer paso que incita a la acción. Si el individuo se ve imposibilitado de pensar por sí mismo, entonces no será consciente de su situación y, por tanto, no se verá necesitado de cambiarla. El lenguaje se convierte así en un mecanismo de parálisis absoluta que apoya la inmovilidad de la estructura social establecida. Dicho efecto del lenguaje sobre la conciencia del individuo se recoge en la máxima de Sapir la cual admite que cualquier lengua posee unas cualidades específicas y singulares que condicionan los parámetros del pensamiento y de los sentimientos del hablante. Pero mientras que las distintas lenguas posibilitan el desarrollo del lenguaje, capacidad innata del ser humano; en cambio, la neolengua busca exactamente el efecto contrario: reducir al mínimo el desarrollo de las capacidades inherentes al lenguaje humano.

¿Cómo se configura una lengua cuya finalidad se dirige a limitar todas las posibilidades del lenguaje? En el apéndice dedicado a la neolengua, se hace hincapié en sus peculiaridades semánticas, gramaticales, sintácticas y fonéticas que anulan la voluntad del sujeto en el acto comunicativo. En el proceso de transición que va del inglés a la configuración definitiva de la neolengua, destaca, en el nivel semántico, la reducción progresiva de vocabulario ya que la eliminación de conceptos repercute inevitablemente en una visión más limitada de la realidad circundante. La desaparición de una palabra no sólo supone condenar al olvido el significante, sino que implica la sustracción en la conciencia humana de la realidad referente. Si somos conscientes de la necesidad de crear nuevos conceptos a la hora de enfrentarnos con nuevas realidades o fenómenos, entonces llegaremos a tomar conciencia que no podrán ser entendidos o apresados plenamente hasta que no les otorguemos, como hizo el Dios bíblico en el acto del génesis, una palabra. De ahí, se deriva el carácter demiúrgico que siempre ha estado vinculado con el lenguaje en la cultura judeocristiana.

Asimismo, dentro de la relación arbitraria entre el significante y el significado, la neolengua aspira a la correlación unívoca y absoluta entre el concepto y su referente con el objeto de acabar, por un lado, con la ambigüedad del lenguaje y, por otro lado, con la riqueza de matices inherente y específica del principal instrumento de comunicación del ser humano. El hecho de emplear palabras monosémicas permite aparentemente una mayor precisión; sin embargo, repercute negativamente en las posibilidades expresivas. Si a ello se le suma la eliminación de los sinónimos, la neolengua se convierte en un mecanismo a través del cual se desarrolla una percepción bipolar de la realidad que no entiende de matices ni de rasgos diferenciales la cual cosa facilita la adquisición de una visión superficial de las cosas. Dicha bipolaridad se mostrará en el concepto del doblepensar donde lo blanco y lo negro serán términos intercambiables que dependerán de la visión puntual del Partido.

Dentro de las modificaciones presentadas por la neolengua, son los cambios gramaticales y sintácticos los que repercuten con mayor peso específico en la estructura del pensamiento. En primer lugar, la tendencia a la abolición y la difuminación de las categorías gramaticales, que se manifiesta en el hecho de que una misma palabra pueda presentarse como sustantivo, adjetivo o verbo, dificulta la posibilidad de elaborar un discurso lógico y ordenado sobre el cual el sujeto pueda no sólo desarrollar su pensamiento, sino expresarlo adecuadamente para transmitirlo a otros individuos. En segundo lugar, el proceso de convertir en mero automatismo tanto el acto de pensar como el de hablar se ve reforzado con la reducción a la mínima expresión de la capacidad generativa del lenguaje a través del empleo de un número limitado de sufijos y prefijos a la hora de configurar nuevos términos. De este modo, se evita, por un lado, la creación de nuevas palabras que ampliasen el vocabulario y con ello un mayor abarcamiento de la realidad y, por otro lado, se limita el poder generativo del lenguaje que se pone de manifiesto en el periodo de aprendizaje de la lengua materna, afectando al funcionamiento del pensamiento que se convierte en un mero acto reflejo. Por último, la simplificación de la sintaxis aminora la posibilidad de elaborar discursos complejos y expresar correctamente las asociaciones de ideas.

A partir de pensadores como Nietzsche o Freud, ya no se puede negar que detrás de cada palabra se encuentran ocultas connotaciones y asociaciones de las cuales el hablante, normalmente, es totalmente inconsciente de ellas. En este caso, la neolengua prestará una atención especial a los términos vinculados con su ideología política intentando evitar cualquier tipo de confusión independientemente del contexto en el que se encuentren insertados. Únicamente el receptor conseguirá descifrar correctamente el mensaje político si posee un conocimiento profundo de las doctrinas del Partido. El intento de eliminar el equívoco respecto a los términos políticos se complementa con la utilización de abreviaturas o siglas a la hora de nombrar instituciones políticas, ya que con ello se evitarán las posibles asociaciones de ideas que podrían provocar la aparición de connotaciones negativas.

En el nivel fonético, se intentará mantener, en todo momento, la eufonía siempre que una palabra muestre una cierta dificultad a la hora de pronunciarla, evitándose la posible confusión a la hora de transmitir el mensaje la cual cosa podría despertar una serie de confusiones que desvirtuaría el contenido. Los cambios fonéticos pretenden reducir el lenguaje a una mera articulación de sonidos en la que la laringe alcanzará un mayor protagonismo que el cerebro en el acto de hablar. De este modo, el discurso se reduce a un ruido inconsciente sin sentido que recuerda el cuac-cuac de un pato, como se manifiesta en el concepto pathablar con el cual se define las cualidades oratorias de los líderes de Ingsoc.

Si los gramáticos de Ingsoc son plenamente conscientes de la importancia de controlar la lengua oral, también se esfuerzan por lograr el dominio absoluto de la lengua escrita, ya que a través de ella se puede reconstruir el pasado desde el presente, adecuándolo a las conveniencias puntuales del Partido. La escritura, sobre todo en la cultura occidental, se ha considerado un testimonio del pasado que poseía mayor credibilidad que cualquier manifestación procedente de la tradición oral, otorgándole un carácter divino y convirtiéndose en un mecanismo más de poder. Debido a la fijeza inherente a la palabra escrita, se la ha reconocido como un testimonio histórico de primera mano ya que se empleaba, principalmente, para dejar constancia de todos aquellos acontecimientos que habían sido dignos de ser recordados. No obstante, se ha de tener en cuenta que la historia es ante todo lenguaje, lo que implica que no son acontecimientos ni sucesos que nos llegan por vía directa; sino una narración de ellos y, por tanto, se pueden reconstruir continuamente atendiendo a las circunstancias del momento. De ahí que cobre pleno sentido la premisa del Partido: “El que controla el pasado, controla también el futuro. El que controla el presente, controla el pasado”.

¿Qué mecanismos emplea Ingsoc para adueñarse de la historia y modelarla constantemente atendiendo sobre todo a su afán de perpetuación? El organismo estatal constituido por el Ministerio de la Verdad se encarga diariamente de reescribir la historia condenando, al Agujero de la Memoria, a todos aquellos documentos que no conectan con su ideología o no se ajustan a las previsiones económicas que anunció el Partido a sus ciudadanos. La verdad institucionalizada se manifiesta infalible gracias a la convección existente entre el Partido y sus miembros. No obstante, si algún individuo pretendía contradecirla se vería ante la imposibilidad de apoyarse en ningún documento escrito mediante el cual legitimar su opinión. Con ello, encaramos la gran problemática vinculada con el intento de definir qué es la verdad. Para Nietzsche, las verdades oficiales eran mentiras que de tanto repetirlas se habían acabado de aceptar como la única verdad a través de un consenso colectivo. En todo sistema, ya sea social o científico, se debe distinguir entre “estar en la verdad” y “ser la verdad”. Un fenómeno, un hecho, una creencia pueden estar situadas en la verdad y, sin embargo, demostrarse posteriormente que son absolutamente falsos. Todos los esfuerzos del Ministerio de la Verdad se centran en acabar con dicha distinción en la conciencia humana, ya que todo aquello anunciado por el Partido debía ser aceptado como verdad irrefutable a partir del proceso del doblepensar. De este modo, “estar en la verdad” equivale a “ser verdad” la cual cosa hace que la conciencia colectiva se transforme en la realidad misma.

A través del doblepensar, cualquier miembro del Partido integrado perfectamente en la ideología de Ingsoc no pondrá en duda los comunicados oficiales, aunque sean totalmente contradictorios entre sí. De ahí que el Partido jamás se equivoque a la hora de lanzar sus previsiones económicas, ya que son rectificadas a posteriori al destruir cualquier prueba documental o escrita del pronóstico inicial. En este caso, la alteración del pasado a través de la palabra escrita se enfoca en dos sentidos. En primer lugar, la negación al individuo de la posibilidad de poder comparar las condiciones de vida de épocas pasadas con la actual,  ya que con ello se pretendía hacer creer que el orden implantado por Ingsoc correspondía a la mejor forma de organizar cualquier sociedad. Y, en segundo lugar, a la necesidad de salvaguardar la infalibilidad del Partido capaz no sólo de asegurar el bienestar en el presente, sino prever el futuro.

¿Hasta qué punto la clase dirigente de Oceanía pretende eliminar todo el pasado? Cualquier sociedad necesita unos referentes históricos para asentar con mayor fuerza toda su ideología y, de este modo, legitimarla. Siempre se han empleado argumentos de autoridad procedentes del pasado con el objeto de asentarse en una tradición que permitiese justificar el presente. Dicho proceso de manipulación también se da en el Ministerio de la Verdad ya que no sólo se dedica a destruir obras literarias del pasado, sino que manipula las creaciones de autores como Shakespeare, Milton o Byron adaptándolas a versiones neolingüísitcas. La traducción no sólo repercute en el ámbito formal sino, sobre todo, en el ideológico al manipular el legado de grandes autores literarios, adecuándolo a la ideología de Ingsoc.

A través del estudio detallado de cualquier lengua seremos capaces de ahondar en la auténtica fisonomía de su comunidad, ya que su existencia viene dada por un convenio existente entre todos los miembros de la sociedad. La lengua no es sólo un instrumento a partir del cual el individuo tiene la posibilidad de expresar y transmitir sus sentimientos y pensamientos, sino que en gran medida los condiciona al ser un sistema externo al hablante sobre el cual desarrolla su capacidad innata del lenguaje. De este modo, la antropología social encuentra una eficaz herramienta en el lenguaje, ya que tras él se manifiesta la mentalidad de una sociedad. El hablante en su acto de comunicación no se expresa a sí mismo; sino que más bien es un reflejo de su comunidad. A partir de ello, George Orwell nos muestra detalladamente hasta que punto la lengua se puede convertir en un mecanismo de control cuando las instituciones de poder de Ingsoc son conscientes que su revolución no estará completada hasta que se consiga implantar definitivamente la última edición de la neolengua. El total dominio sobre la lengua oral y la escrita supondrá la aniquilación definitiva del individuo entendido como la posibilidad de llegar a ser una persona intelectualmente libre, pasándose a convertir en una pieza totalmente integrada e indivisible del organismo vivo constituido por la sociedad de Oceanía.En este caso, la afirmación de la realidad interior del individuo sirve como primer paso para aniquilar y sustituirla por la realidad del Partido que se convierte en el único referente de lo real. De ello, queda huella en la neolengua que carece del pronombre relativo quien, al no poseer los parámetros mentales de Ingsoc la concepción de individuo sin que esté desvinculada a la de conciencia colectiva.
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