Entre lo uno y lo diverso (Introducción a la literatura comparada) – Claudio Guillén

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El calificativo universal aplicado a la literatura no tiene como finalidad la de conseguir una literatura unificada, monolítica, sin particularidades propias, sino que aspira al diálogo de las diversas literaturas donde el reconocimientos de las diversidades y el influjo mutuo tengan cabida. El verdadero comparatista debe ser consciente de las tensiones existentes en el ámbito literario entre lo particular y lo general, lo local y lo universal. Por eso, es inevitable en cualquier estudio de literatura comparada prestar atención tanto a lo local como a la universal.

El proyecto de alcanzar una literatura totalmente unificada y universal se gestó a partir del 1º Romanticismo con la búsqueda de las esencias o sustratos que nos permitiera definir y acotar una literatura universal capaz de romper cualquier frontera ya fuese ideológica, política, etc. Esta idea llevada hasta sus últimas consecuencias hubiese provocado la eliminación de la diversidad y riqueza de puntos de vista que caracterizada a las diferentes literaturas. Por eso, el comparatista actual debe trabajar teniendo como punto de partida la dialéctica entre lo particular (local) y lo general (universal). No se debe aspirar a afirmar el uno para negar el otro, sino que deben convivir necesariamente en cualquier análisis comparatista que se proyecte más allá de la idea de ‘literatura nacional’. El objetivo es establecer un diálogo entre ciertas estructuras recurrentes o fundamentales que se dan en distintas literaturas a lo largo del tiempo.

La literatura comparada se define más por los problemas que se decide a afrontar que por unos objetivos determinados. No tanto por los métodos de estudio y análisis empleados como por el enfoque y las cuestiones literarias que pretende resolver. El comparatista debe pretender hilvanar lo local con lo universal y para ello tendrá que conocer perfectamente los entornos literarios que desea analizar a fondo. Con dicho enfoque será consciente de la inutilidad de proponer un canon unitario y único ya que siempre que se propone una poética universal el crítico tiende a acotar limitado por sus conocimientos, su ideología o por otros factores extraliterarios. Este hecho cobra forma en aquellas colecciones o antologías que se declaran universales y que únicamente se apoyan en la literatura occidental dejando a un lado a la cultura islámica o las diversas literaturas orientales.

La diversidad no sólo hace acto de aparición cuando se pretende lograr un enfoque universal en el estudio literario sino que también se hace patente a la hora de abordar una obra literaria la cual acepta múltiples interpretaciones o tantas como niveles de interpretación encontramos a la hora de valorar un determinado acontecimiento histórico. Esta idea nos conduce a afirmar que nunca está dicha la última palabra cuando tratamos de acercarnos a una obra caracterizada por un gran valor literario. Cada época es capaz de extraer una significación nueva de una obra considerada como clásica y la enriquece otorgándole el valor de la contemporaneidad.

La literatura comparada ha puesto de manifiesto que la historia literaria no se puede reducir a una sola teoría totalizadora. Una obra literaria, un escritor o un género literario se puede enfocar desde múltiples puntos de vista y basándose en numerosos métodos que han ido apareciendo a lo largo de los estudios literarios.

Si la poesía es entendida, sobre todo a partir del Romanticismo, por reunir lo que fue escindido, el estudio de las literaturas consiste en una metatentativa por congregar, descubrir o confrontar las creaciones producidas en los más dispares y diversos lugar y momentos. Debe tener un hilo entre lo uno y lo diverso.

La concepción moderna de literatura comparada comienza a germinar en el tránsito que va de finales del s. XVIII al primer Romanticismo del s. XIX. Tal como se percibe actualmente la literatura comparada fue fundamental la condensación de los conceptos de ‘literatura nacional’ y ‘diferenciación histórica’.

La percepción moderna de diferenciación histórica comienza a germinar en el Renacimiento cuando, a pesar de valorar la cultura y el pensamiento clásicos, los humanistas son conscientes de que pertenecen a otro periodo histórico diferente al del Imperio Romano y de la civilización griega. En el Barroco y durante el s. XVIII aumentará esta reivindicación de la personalidad de su época a través de la valoración igualitaria entre los autores latinos y griegos y los contemporáneos. En dicho siglo surgirán dos figuras claves como Giambatitsta Vico (1668-1744) y Johan Gottfried Herder (1744-1803) los cuales consideran que las variadas formas culturales, las normas propias de otros tiempos cesan de ser aplicables al presente.

El nacionalismo moderno hace su acto de aparición con el Romanticismo, sobre todo, en aquellos pueblos que unidos por la tradición, la lengua y la historia todavía no habían sido capaces de configurar un Estado-nación. Dichos ímpetus nacionalistas también afectará a la literatura cuando se hable de ‘literatura nacional’ a la hora de abarcar las producciones escritas por un determinado pueblo. A pesar del cierre que supuso en la percepción de la literatura el concepto de ‘literatura nacional’, pensadores e intelectuales como Herder o Goethe observaron que el camino hacia el cosmopolitismo pasaba por una percepción previa de los itinerarios históricos nacionales. Por eso, aunque parezca paradójico a simple vista, el concepto de ‘literatura nacional’ fue la primera piedra de toque para que surgiera la tentativa de la Weltliteratur. Para ello, era preciso conocer las particularidades de cada ‘literatura nacional’ con el objeto de extraer los puntos en común con otras literaturas. El nacionalismo ascendente es lo que cimentará un internacionalismo nuevo.

El hecho de acercarse a otras civilizaciones que prácticamente habían sido obviadas por Occidente conducirá inevitablemente a poner en entredicho el canon literario de la época que en este caso estaba copado por obras en su mayoría de tradición europea. Dentro de dicho cambio de timón las Cartas sobre Ossián (1873) de Herder emerge como una obra pionera a la hora de abrirse a culturas primitivas y a la poesía oral que prometen un nuevo acceso a un concepto de universalidad mucho más amplio. En dicho esfuerzo también sobresaldrá en Goethe que estudiará con interés obras pertenecientes a la tradición oriental destacando sus grandes valores estéticos y ciertas semejanzas en motivos respecto a la tradición occidental.

Las preocupaciones iniciales de la literatura comparada se centrarán en la recomposición de la unidad literaria y en el examen de las relaciones de nación a nación. A partir de 1850, los estudios comparativos darán un giro a causa de teorías y tendencias de corte positivista. Se producirá el triunfo del dato, de los sucesos tangibles, de los copiosos hechos (Factualism) y se aplicará los métodos y el pensamiento de las ciencias exactas (Scientism). A finales del s. XIX, los estudios literarios se caracterizarán por la insistencia en la caracterología nacional y el prestigio de las ciencias biológicas que conducirá a percibir una literatura nacional como una variedad biológica, una subespecie de la literatura universal.

El término WELTLITERATUR aparecerá por primera vez en boca de Goethe en 1827 cuando hable de la adaptación francesa de su Torcuato Tasso. No obstante, la idea de weltliteratur ya había surgido en autores como Voltaire, J. G. Hamann o Herder que hablarán de la necesidad de configurar una ‘REPÚBLICA DE LAS LETRAS’ dentro de las ‘repúblicas particulares’ (literaturas nacionales).

Según Claudio Guillén, el concepto de weltliteratur se debe traducir como “literatura del mundo”. Cuando Goethe introdujo dicho concepto, el escritor alemán arrancaba de la existencia de unas literaturas nacionales y de la necesidad de establecer un diálogo entre lo local y lo universal. En su percepción de la weltliteratur incluye tanto a escritores de validez universal que no están limitados a comportamientos nacionales estancos como a las obras que han tenido una difusión universal, ya sea a partir de su texto original o de traducciones que jugarán un papel fundamental en las relaciones entre las literaturas nacionales. Al mismo tiempo, Goethe incluirá las obras que reflejan el mundo que hablan acaso por todos los hombres y todas las mujeres, por lo mas profundo, común o duradero de la experiencia humana.

La literatura comparada comenzará a preferir el concepto de supranacionalidad al de universalidad. En este caso, supranacionalidad hace referencia a todo aquello que está más allá de las particularidades individuales y nacionales. No obstante, se produce una paradoja ya que los escritores más nacionales son los más universales: Cervantes es profundamente español y, al mismo tiempo universal, ya que sabe proyectar su obra de lo particular a lo general.

La literatura universal se convierte en la comunidad de todas las literaturas pasadas y presentes, sean cuales fueran sus tradiciones, sus lenguas, sus dimensiones históricas y sus localizaciones geográficas. El coloquio literario reviste un carácter permanente e internacional.

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