Desembalo mi biblioteca – Walter Benjamin

Pública

Walter Benjamín (1892-1940) se centra en la figura del coleccionista subrayando los vínculos que se establecen con todas las piezas que forman parte de su colección. No se detiene únicamente en los individuos que se dedican a coleccionar libros, sino que incluye a todos aquellos que se encuentran fascinados por recopilar todo tipo de objetos. Su objetivo es mostrar lo que significa coleccionar independientemente del tipo de colección. Para ello, recurre a su experiencia personal como coleccionista de libros.

Habitualmente, el coleccionista no se interesa tanto por el contenido del libro, sino por las peculiaridades que presenta un determinado ejemplar. De este modo, saca a relucir la importancia de las ediciones de un mismo título la cual cosa repercute en la lectura misma. Una determinada edición nos condiciona las relecturas que hagamos de la misma obra. Este hecho se intensifica en las traducciones, ya que cada traductor se ve obligado a llevar a cabo una recreación de la obra original que está condicionada tanto por su sagacidad como intérprete, su dominio del idioma de la lengua de origen como de su contexto histórico-cultural.

El apego que un coleccionista muestra por una edición determinada nos muestra la relación que se establece entre el sujeto y el objeto. Su adquisición, habitualmente, saca a relucir la capacidad táctica innata del coleccionista ya que, en cierto modo, debe disimular su interés por el objeto sobre el cual se interesa, si no desea pagar un precio desorbitado. En este caso, Benjamín se refiere a las ofertas de libros por catálogos, ya que en las subastas se suelen reunir coleccionistas con un alto valor adquisitivo; pero que carecen de los conocimientos necesarios a la hora de advertir cuál es el valor real de una determinada edición. En las subastas, el coleccionista debe agudizar sus sentidos tanto respecto a las ediciones ofrecidas como frente los competidores con la finalidad de llevar a buen puerto dicha adquisición.

El verdadero coleccionista es capaz de emprender larguísimos viajes a lugares recónditos con el objeto de hacerse con una pieza preciada para su colección. Una vez conseguida, el recuerdo del coleccionista numerosas veces asociará el objeto adquirido con el lugar visitado. Dicho ejemplo pone de manifiesto que los objetos que forman parte de una determinada colección son una auténtica seña de identidad del propietario. De ahí que Benjamín considere que el fenómeno de la colección pierde su sentido cuando pierde el sujeto. Es decir, las piezas de una colección nos hablan de la personalidad del individuo que ha sentido la necesidad de recopilarlas. Si lo aplicamos a la literatura, nos hallamos con otro forma de entender los libros que se convierten, en cierto modo, en un fetiche. La biblioteca de un coleccionista estará repleta de ejemplares que jamás leerá o que leerá más adelante, diferenciándose del lector que, únicamente, va aumentando los libros de su biblioteca al tiempo que va realizando su lectura.

El coleccionista de Benjamín guarda relación con todos aquellos amantes de la literatura que se mueven por las bibliotecas de viejo con la intención de hallar un ejemplar que será irrepetible ya que prácticamente no se volverá a editar. De ahí que numerosas veces se centren en autores que han pasado a ocupar un segundo plano después de que el tiempo dictara su veredicto. Otras veces, el objetivo se enfoca en la consecución de una primera edición de algún título de renombre a través del cual se puede observar los cambios que se dan en una edición definitiva. Las librerías de viejo o las andanzas de los verdaderos coleccionistas, también, se han convertido en materia literaria y, numerosas veces, se las ha contrapuesto a una forma distinta de entender la literatura que se escapa del ámbito academicista. Detrás de cada búsqueda, hay una historia que contar; detrás de cada edición, un pasado que el coleccionista siempre está dispuesto a imaginar.

En definitiva, Benjamín pretende plasmar la fascinación que los objetos causan sobre los coleccionistas, la relación que se establece entre el objeto y el sujeto cuyos caminos se han cruzado, el valor múltiple y simbólico que en el sujeto puede causar cualquier pieza de su colección: el recuerdo de una ciudad, un determinado estado de ánimo, un período de su vida, una trayectoria vital y de formación. En este caso, por eso resulta interesante adentrarse en las bibliotecas de los escritores con el objeto de entrever las sendas que han ido pisando para llegar a crear una obra con identidad propia. Al mismo tiempo, Benjamín aborda un hecho que suele darse en la mayoría de lectores que consiste en la huella dejada por la edición en la llegamos a leer una determinada obra. Algunas veces, la adquisición de un determinado ejemplar viene dado por la reminiscencia del periodo vital en el que leímos por primera vez una obra que en la actualidad ya no nos interesa porque ha ido variando o configurándose nuestro gusto literario. Sin embargo, nuestra conciencia siente el anhelo de recuperar un tiempo perdido que se halla vinculado con dicha obra literaria y, sobre todo, con la edición en la que llegamos a mantener un primer diálogo.

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