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La carretera (2006) de Cormac McCarthy: la supervivencia de la ética más allá del apocalipsis

Pública

La carretera (2006) de Cormac McCarthy es una distopía postapocalíptica austera y filosófica que se centra ante todo en las consecuencias morales y existenciales que aparecen después del desastre apocalíptico. Por ello, uno de sus principales motivos es la supervivencia en un mundo devastado donde apenas hay fauna ni vegetación a la vez que se ha eliminado casi toda la estructura social. La supervivencia no es solo física sino también alcanza un ámbito ético en que se plantean cuestiones como ¿Qué conservar cuando ya no queda casi nada de un mundo anterior? ¿Qué sentido tiene regirse por unos valores cuando se ha perdido la ética en una sociedad? ¿Se puede pasar valores de una generación a otra cuando solo se piensa en la supervivencia diaria?

El vínculo entre padre e hijo es el núcleo emocional de la novela. Desde la conducta del padre, el amor no es sentimentalismo, sino responsabilidad, protección y transmisión de valores. En cambio, la madre optó por el suicidio cuando vio el cambio a un mundo donde las condiciones de vida se hicieron extrema ¿Tiene sentido transmitir valores de una generación a otra cuando se vive rodeado de barbarie? En ausencia de leyes e instituciones, la ética se transforma en una cuestión personal. El canibalismo y la violencia contrasta con la decisión del padre de no “convertirse en uno de ellos”. Cuestiones morales que se ven tambaleadas en un mundo caótico que se ve desprovisto de cualquier trascendencia. Dentro del nihilismo reinante ¿el bien puede persiste en actos mínimos? ¿A qué aferrarse si no hay promesas de reconstrucción? En este caso, la esperanza del padre protagonista reside en la continuidad de su hijo. El pasado aparece como la memoria que sostiene identidad, aunque también suele aumentar el dolor por el contraste con un presente desolador. Dentro del mundo postapocalíptico que retrata se nos plantea una pregunta clave: ¿Puede subsistir la ética cuando el mundo que la sustentaba ha desaparecido? El centro de la cuestión de la novela no es el apocalipsis sino la posibilidad de seguir siendo humano cuando ya no queda civilización.

El mundo que se plantea en La carretera es radicalmente absurdo ya que no hay ni futuro estable ni proyecto colectivo ni reconstrucción visible. Partiendo de ello, se puede establecer diálogo con Albert Camus a la hora de reflejar un universo indiferente donde el mal no tiene explicación. El padre no lucha por cambiar el mundo, sino por mantener una forma de dignidad en él. Como en el mito de Sísifo, la grandeza no está en el éxito, sino en la persistencia. El hecho de seguir caminando aceptando el destino a pesar de que no hay ninguna razón trascendental que dé sentido a la vida. Respecto a ello, Cornac McCarthy sostiene que el sentido no viene del mundo, sino de la relación humana. El hecho de que el padre se niegue a convertirse en caníbal convierte dicho acto en una afirmación moral. El bien no depende de Dios, sino de la decisión humana. Es el hijo quien aparece como una figura mesiánica para el padre debido a su inocencia dando el sentido de la existencia para el padre. Desde dicha perspectiva, conecta con el pensamiento de Emmanuel Lévinas que considera que el rostro del otro funda la obligación moral. De este modo, el hijo se transforma en la razón ética del padre. En un mundo sin normas, el otro concreto (el hijo) se convierte en la única fuente de deber. De este modo, la ética no es un sistema, sino que cobra vida a través de la relación de protección y comunicación entre padre e hijo. De ahí que el símbolo del fuego, de “llevar el fuego” pueda leerse como conciencia moral, memoria cultural, humanidad compartida y promesa mínima de continuidad. Debido a la situación dada, no es una esperanza histórica, sino una esperanza ontológica, ya que mientras haya alguien que elija el bien, el mal no es absoluto. La carretera plantea que incluso cuando la historia de una civilización termina, después del apocalipsis la ética puede sobrevivir manifestándose en la conducta de ciertos supervivientes que consideran que no todo vale dejando claro que una civilización puede extinguirse, pero la responsabilidad hacia el otro sigue siendo posible.

¿Qué semejanzas y diferencias muestra La carretera frente a otra novela distópica como Nunca me abandones (2005) de Kazuo Ishiguro? Aunque ambas son novelas distópicas; sin embargo, plantean problemas filosóficos muy distintos, ya que si La carretera presenta un mundo destruido; en cambio, Nunca me abandones se desarrolla en una sociedad estable aparentemente “normal”. A partir de ello, se muestran dos formas de mal: en La carretera como caos y barbarie; en Nunca me abandones, el mal está integrado en el sistema institucional normalizado. Por ello, se manifiesta dos formas de violencia distinta: explicita y brutal en La carretera; en Nunca me abandones, silenciosa y burocrática. McCarthy muestra el mal cuando la civilización desaparece; sin embargo, Ishiguro cuando la civilización funciona como un engranaje casi perfecto.

¿Qué supone la moral en dos sociedades antagónicas? En La carretera la moral es una decisión activa, el padre elige no convertirse en uno de los caníbales. Su decisión hace que la ética surja a pesar de la ausencia de instituciones. Desde un prisma existencialista, se diría que la dignidad nace en la elección. En cambio, en Nunca me abandones no hay una rebelión estructural, los personajes aceptan su destino y la dominación funciona porque ha sido interiorizada. En el caso de la novela de Ishiguro, puede leérsela desde la óptica de la biopolítica de Michel Foucault donde el poder administra la vida hasta que el sujeto acepta su valor reducido. Por lo tanto se produce una diferencia radical ya que mientras McCarthy explora cómo mantener la moral cuando no hay sistema; en cambio, Ishiguro explora cómo el sistema logra que no haya rebelión moral.

¿Cuál es la relación que se da con la esperanza ? En La carretera la esperanza es mínima pero real, el niño simboliza continuidad y “llevar el fuego” es una ética viva. En cambio, en Nunca me abandones no hay esperanza de cambio, el futuro está determinado y la única trascendencia posible es la memoria. Mientras McCarthy ofrece esperanza ontológica; Ishiguro ofrece lucidez trágica.

Ambas novelas colocan el afecto en el centro a través de la relación padre e hijo en McCarthy, en el caso, de Ishiguro mediante los lazos de amistad y amorosos entre Katty, Tommy y Ruth. A pesar de ello, cumple una función distinta: en La carretera, el amor funda la ética; en Nunca me abandones, el amor no salva del sistema, solo humaniza la tragedia. Una salvación casi imposible ya el control se instaura a través de la educación la cual normaliza la visión de la realidad que quiere instalar el poder. Ishiguro sugiere con ello que la ética puede desaparecer sin que el mundo se derrumbe; en cambio, McCarthy plantea que la ética puede sobrevivir al fin del mundo interrogándose ¿Cómo seguir siendo humano cuando todo se ha perdido? Ishiguro lo enfoca desde otro ángulo: ¿Cómo podemos dejar de ver como humanos a quienes sacrificamos? Por lo tanto, hay una diferencia estructural profunda entre las dos novelas. En La carretera, el peligro es la deshumanización por necesidad extrema; sin embargo, Nunca me abandones, el peligro es la deshumanización por progreso y comodidad.

La diferencia más significativa es que ambas novelas se preguntan qué significa ser humano, pero desde extremos expuestos. En La carretera, lo humano se define por la capacidad de conservar compasión cuando todo invita a abandonarla. Ser humano es no reducir al otro a simple carne, no aceptar que la supervivencia justifica cualquier acto. Sin embargo, en Nunca me abandones, lo humano se define por la interioridad de quienes han sido deshumanizados. Los clones son humanos precisamente porque tienen una vida subjetiva que el sistema intenta negar. En La carretera, el peligro es que la humanidad desaparezca cuando desaparece la civilización; sin embargo, en Nunca me abandones, el peligro es que la humanidad sea negada por una civilización que sigue funcionando perfectamente. McCarthy muestra la barbarie después del fin del mundo; Ishiguro, dentro de un mundo ordenado.

En definitiva, ambas novelas son profundamente éticas a pesar de que plantean dilemas distintos. Por un lado, La carretera pregunta si todavía puede existir bondad cuando ya no quedan instituciones, comunidad ni futuro. Por otro lado, Nunca me abandones pregunta cómo una sociedad puede conservar instituciones, educacionales, ciencia y sensibilidad estética mientras condena a un número determinado de seres en material para el sacrificio. En La carretera, la humanidad está amenazada por el colapso exterior; en Nunca me abandones, por la normalización interior de la injusticia. Por eso juntas ofrecen dos caras de la distopía contemporánea, por un lado, el miedo a que el mundo se derrumbe y, por otro lado, el temor a que el mundo siga funcionando mientras acepta lo intolerable como es el caso de destinar a seres humanos a convertirse en simples rebaño para acabar siendo sacrificados como donantes de órganos de otros seres humanos.

 

 

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