La posibilidad de una isla de Michel Houellebecq: hacia la inmortalidad deshumanizada
Pública La posibilidad de una isla (2005) se adentra en la novela distópica en la que trata motivos vinculados con el posthumanismo que asocia con la decadencia occidental y la desaparición de la humanidad tal y como la conocemos.
La novela combina dos planos narrativos que se van solapando, por un lado, la vida de Daniel1 que fue un humorista provocador, cínico y sexualmente obsesionado y, por otro lado, los comentarios futuros de sus clones neohumanos formados por Daniel24 y Daniel25. A través de dicha estructura, Houellebecq compara la humanidad actual con una humanidad futura aparentemente más estable y racional, pero mucho más fría y aislada.
El motivo central es la posibilidad de prolongar la vida mediante la clonación. Daniel1 pertenece a una secta que promete una forma de inmortalidad en la cual después de la muerte del individuo origina, sus clones conservarán su memoria, sus textos y una continuidad de identidad. A partir de ello, el escritor francés plantea una duda existencial: ¿Un clon que hereda recuerdos y archivos es realmente la continuación de una persona o solo una copia? En este caso, la inmortalidad aparece como una promesa ambigua. No se elimina la muerte en un sentido estricto; sin embargo, la tecnología posthumanista la transforma en reproducción técnica.
La novela imagina un futuro (el cuarto milenio) en el que los seres humanos tradicionales han sido sustituidos por neohumanos. Dichos seres viven separados, con cuerpos clonados, escasa vida afectiva y relaciones mediadas por archivos, comentarios y observación distante. El posthumanismo aparece como una salida al sufrimiento humano; sin embargo, también tendrá su reverso deshumanizador. Por un lado, los neohumanos padecen menos, desean menos, se relacionan menos y sufren menos por amor; pero su existencia parece empobrecida. A través de ello, la novela se plantea: si eliminamos el dolor, el deseo y la dependencia afectiva, ¿Mejoramos la vida o eliminamos lo que nos hacía humanos?
La soledad traspasa la existencia de los individuos protagonistas en sus distintas épocas. Daniel1 es un humorista de éxito que vive rodeado de sexo, fama, dinero y consumo. En principio, podría ser un triunfador; sin embargo vive profundamente aislado reflejando la soledad contemporánea del individuo neoliberal que se caracteriza por el consumo exacerbado, el cinismo y el fracaso afectivo. Por otro lado, los neohumanos Daniel24 y Daniel25 que viven casi sin contacto físico con otros. Una soledad posthumana que es producto de una vida sin comunidad real. Con ello, Houellebecq sugiere que la modernidad no ha creado comunidad, sino individuos cada vez más separados. Una separación que se ha dado con la desaparición de lo real bajo el dominio de imágenes, modelos y simulaciones. Houellebecq muestra como Daniel1 y sus clones respectivos viven en un mundo donde lo real parece cada vez más empobrecido al ser sustituido por pantallas. En La posibilidad de una isla, los sujetos no desean de forma “natural” sino que desean a través de imágenes, lo que conecta directamente con Jean Baudrillard que considera que la imagen no representa simplemente la realidad, sino que produce la forma en que la realidad será deseada.
En Daniel1 el deseo sexual aparece como una fuerza central, pero también como fuente de humillación, desigualdad y dolor. Daniel1 experimenta el deseo como obsesión, dependencia y deterioro. La juventud y la belleza funcionan como capital erótico; sin embargo, cuando el cuerpo envejece, el sujeto queda expulsado del mercado sexual. La novela plantea que el deseo no libera sino que puede producir dominación, frustración y violencia simbólica. En una sociedad obsesionada con la juventud, envejecer equivale a perder valor. De ahí que la promesa de la clonación sea tan seductora ya que ofrece escapar del deterioro corporal. En la sociedad actual se rechaza el cuerpo envejecido como pérdida de atractivo, energía, potencia sexual y reconocimiento social. Todo ello se refleja en la sociedad de Daniel1 que no consigue crear vínculos estrechos en una sociedad individualista y sexualizada. Houellebecq sugiere que la sociedad contemporánea ha debilitado las condiciones que hacen posible amar entendido como duración, fidelidad, paciencia, cuidado, comunidad y aceptación de la fragilidad del otro. Según avanzan la generación de clones parece que aumenta la insularidad del individuo. Houellebecq tiene como referencia a Alexis de Tocqueville quien observó que las sociedades democráticas podían producir individuos autónomos; pero, a la vez, aislados, encerrados en su vida privada y separados de vínculos comunitarios fuertes que se van agudizando con las diferentes generaciones de neohumanos.
Houellebecq muestra cómo, en una sociedad secularizada, la religión puede reaparecer bajo forma tecnocientífica. En este caso, se muestra a través de la secta de los elohimitas que combina espiritualidad, promesa de inmortalidad, culto al placer, biotecnología, marketing y organización empresarial. Dicha secta no solo promete la salvación del alma, sino continuidad genética, clonación e inmortalidad material. La secta funciona como síntoma de una necesidad contemporánea donde los individuos ya no creen en las religiones tradicionales, pero siguen buscando sentido, consuelo y promesa de eternidad. Por ello, muestra una fusión entre religión y ciencia. La biotecnología cumple una función religiosa al prometer que vencerá a la muerte. La clonación se convierte en una especie de resurrección secular. Los laboratorios sustituyen al templo, la genética al alma y el archivo a la memoria espiritual. Con ello se plantea la siguiente cuestión: ¿la técnica ha reemplazado a la religión o ha heredado sus promesas? De este modo, la vida humana se convierte en objeto de intervención técnica. El cuerpo puede ser mejorado, clonado, corregido y sustituido. La biotecnología aparece como forma extrema de poder sobre la vida. Al mismo tiempo, con la producción de nuevos humanos, se adentra en el pensamiento de Peter Sloterdijk que a través de la antropotécnica se pretendía superar la humanidad biológica. Houellebecq imagina formas de rediseño humano como la clonación, los neohumanos, la selección técnica o la eliminación técnica , lo que plantea una cuestión básica: ¿Qué tipo de seres humanos produce una civilización cuando toma la vida como proyecto técnico? Baudrillard sostiene que la sociedad contemporánea produce simulacros, copias, imágenes o modelos que sustituyen a lo real. Los neohumanos pretenden ser una superación de los seres humanos; sin embargo, su resultado es que son simples simulacros. Han sido vaciados de su humanidad para alcanzar una supuesta eternidad que ha empobrecido sus vidas. Se ha configurado una sociedad en la que se hace imposible el descubrimiento del otro. A pesar de tratarse de sociedades materialmente abundantes; espiritualmente se encuentran vacías. Los sujetos de las novelas de Houellebecq y Baudrillard a pesar de que viven en un mundo saturado de posibilidades; sin embargo, la abundancia no produce felicidad; sino comparación, ansiedad, cansancio y soledad. El consumo no llena una necesidad real; produce nuevas necesidades y mantiene activo el vacío.
Daniel1 es cómico y celebridad mediatica. Su éxito se basa en la provocación, el cinismo, la obscenidad y la explotación del escándalo. A través de dicho personaje, se produce una crítica a una sociedad contemporánea en la cual la transgresión se vuelve mercancía. Al convertirse el escándalo en puro entretenimiento incluso la crítica social se convierte en producto de consumo. A través de dicha idea, coincide con Guy Debord quien consideraba que el espectáculo no es solo un conjunto de imágenes, sino una relación social mediada por imágenes. En este caso, la provocación de Daniel1 ve desactivada su capacidad crítica al ser engullida por el mercado neoliberal. Un mercado que a la vez afecta a cómo los relaciones humanas se organizan según lógicas de competencia, juventud, atractivo y rendimiento. El sujeto debe ser deseable, eficaz, divertido, sexualmente disponible y emocionalmente autosuficiente. Quien no cumple con dichas exigencias queda excluido en las relaciones amorosas y sociales. Houellebecq presenta así una sociedad donde la libertad individual no produce necesariamente felicidad, sino comparación, soledad y resentimiento. Coincidiendo con Baudrillard, Houellebecq sostiene que la sociedad contemporánea puede absorber la crítica y la transgresión. El sistema no reprime necesariamente la transgresión, sino que muchas veces la comercializa.
Ante los problemas originados por las relaciones amorosas en una sociedad neoliberal, los clones del futuro han reducido la intensidad emocional. Ya no están dominados por el deseo, el amor o el sufrimiento como los humanos antiguos. En apariencia, han superado las pasiones destructivas. Pero dicha superación tiene un precio a pagar, ya que la vida se vuelve pobre, contemplativa, distante y casi sin contacto con los otros individuos. Los neohumanos representan una humanidad que ha escapado del sufrimiento; sin embargo, también de la alegría, del amor, del riesgo y de la experiencia compartida. Frente a dicho distanciamiento del trato entre los clones, el perro Fox alcanza una importancia simbólica. Frente a la frialdad humana y posthumana, el animal representa fidelidad, afecto inmediato, continuidad sensible y vínculo no calculado. En una novela dominada por el fracaso del amor humano, el vínculo con el perro aparece como una de las pocas formas de afecto verdadero. Con ello, Houellebecq nos enfrenta a una cuestión presente en toda su obra: ¿Puede haber más humanidad en el vínculo animal que en las relaciones humanas tecnificadas?
En el futuro de los neohumanos, la humanidad antigua prácticamente ha desaparecido a través de guerras, crisis climáticas, colapsos y degradación general. En este caso, los salvajes que quedan son los restos de la humanidad biológica anterior. La distopía no solo afecta al ámbito social o sexual, sino es también civilizadora. La humanidad ha sido reemplazada por otra forma de existencia. Houellebecq no presenta dicho reemplazo como triunfo claro ya que se da una cierta ambigüedad ya que, por un lado, lo muestra como un futuro menos violento; pero, por otro lado, también menos vivo.
Los clones leen y comentan la vida de Daniel. La identidad se conserva como archivo, relatos, recuerdos, testimonios y datos. No obstante, la continuidad entre Daniel1 y Daniel25 es problemática. Hay transmisión de información; sin embargo no se da necesariamente continuidad de la experiencia, lo que conduce a plantearse ¿Somos nuestros recuerdos, nuestro cuerpo, nuestra conciencia, nuestro deseo o la narración que dejamos? Houellebecq nos representa una cuestión cercana al universo de Baudrillard: la vida puede ser reproducida técnicamente, archivada, comentada, prolongada o simulada. Sin embargo, dicha continuidad técnica no equivale necesariamente a una vida plena. Los clones conservan memoria, relato y forma corporal; sin embargo, pierden intensidad afectiva, deseo, comunidad y contacto. De este modo, la clonación aparece así como simulacro de inmortalidad, ya que parece vencer la muerte, pero produce una existencia empobrecida.
La posibilidad de una isla presenta varias promesas utópicas como la liberación sexual, la riqueza, la celebridad, el placer, la clonación, la inmortalidad o la superación del sufrimiento. No obstante, todas aparecen como fallidas o incompletas. El sexo no libera del vació, la fama no da sentido, la técnica no produce plenitud, la inmortalidad no garantiza felicidad, la superación de lo humano no crea comunidad. Por eso La posibilidad de una isla funciona al final como una utopia invertida al mostrar que aquello que prometía salvarnos puede conducir a una existencia más desolada. Ante ello, se nos plantea un dilema: ¿Merece la pena superar la condición humana si para ello hay que renunciar al amor, al deseo, al cuerpo, al sufrimiento y a la comunidad? En este caso, Houellebecq imagina una salida posthumana al malestar contemporáneo, pero al final resulta ser una salvación ambigua. Los neohumanos sufren menos que los humanos; aunque parecen vivir menos. El escritor francés sugiere que aquello que nos hace desgraciados -el deseo, la dependencia, la fragilidad, el envejecimiento, la necesidad de amor- quizá sea también aquello que nos hace humanos.
Este es un espacio de trabajo personal de un/a estudiante de la Universitat Oberta de Catalunya. Cualquier contenido publicado en este espacio es responsabilidad de su autor/a.