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Ulises: ¿epicentro de toda la narrativa joyceana?

Pública

Vista con retrospectiva toda la narrativa de James Joyce constituida por Dublineses (1914), Retrato del artista adolescente (1916), Ulises (1922) y Finnegans Wake (1939) guardan una estrecha y progresiva relación. Sin duda, el epicentro de su universo literario se encuentra en el Ulises que supone una síntesis y un salto hacia delante respecto a la experimentación con el lenguaje que alcanzará su cúspide en su última obra.

Si el Ulises se considera el centro de gravedad de su creación narrativa ¿Qué tipo de relación establece con sus demás obras narrativas? En primer lugar, Dublineses proporciona el mundo social y urbano de Dublín que desarrollará plenamente en el Ulises. En segundo lugar, Retrato del artista adolescente aporta el personaje de Stephen Dedalus, así como la introspección. En tercer lugar, su obra dramática Exiliados (1918) anticipa conflictos sexuales y afectivos que desarrollará posteriormente en el Ulises, sobre todo, en el monólogo final de Molly Bloom. Por último, Finnegans Wake supone un último salto moral después de haber exprimido la novela y sus distintos estilos en su obra maestra que se debe considerar por derecho propio uno de los pilares de la narrativa del s. XX.

Tanto en Dublineses como en su Ulises la misma ciudad de Dublín se convierte en la auténtica protagonista. El cambio viene determinado por la escala, ya que si en Dublineses se muestra fragmentos de dicha ciudad; en cambio, en el Ulises se entiende la ciudad como totalidad. Incluso varios personajes que aparecerán en el Ulises ya habían hecho acto de aparición en su primera obra narrativa. En el caso, del Retrato del artista adolescente el punto de conexión con el Ulises se da a través del personaje de Stephen Dedalus que narra su formación desde la infancia hasta su decisión definitiva de abandonar Irlanda para convertirse en artista. Stephen quiere escapar de tres grandes fuerzas constituidas por la familia, la iglesia y la nación con el objeto de construirse una identidad artística autónoma. En el comienzo del Ulises, la emancipación de Stephen Dedalus no está terminada, sino que sigue atormentado por la muerte de su madre, la culpa religiosa, su relación con el padre, Irlanda, la tradición cultural y su dificultad para integrarse en la vida. Stephen Dedalus constituye el Telémaco de Joyce que buscará su referencia paterna en Leopold Bloom. A Stephen le fascina Leopold porque es corporal, práctico, curioso, afectivo y tolerante, lo que contrasta con su propia personalidad donde predomina lo intelectual, abstracto y metafísico. Mientras que Stephen vive apoyándose en las ideas; en cambio, Bloom lo hace a través de las cosas. Ulises amplía la concepción joyceana del ser humano, ya que la conciencia artística de Stephen debe encontrarse con la experiencia corporal y cotidiana de Leopold Bloom. Joyce parece plantearse la cuestión fundamental: ¿Cómo puede el artista relacionarse con la sociedad sin quedar absorbido por ella? Mientras que en El retrato del artista adolescente, la repuesta parece el exilio; en cambio, en el Ulises ninguna conciencia puede aislarse completamente porque está formada por la lengua, la historia, la familia, la religión, la política y la amalgama de textos. En este caso, Dedalus comprueba una paradoja basada en el hecho de que el artista que pretende escapar dela tradición descubre que su propia conciencia está construida con la tradición.

El exilio constituye uno de los hilos conductores que une toda la obra de Joyce a la vez que va variando en sus diferentes etapas. En Dublineses, los personajes sueñan frecuentemente con escapar de su ciudad, en Retrato del artista adolescente Stephen Dedalus decide marcharse y, finalmente, en el Ulises Leopold Bloom es un cierto extranjero dentro de su propia ciudad, ya que aunque pertenece a Dublín ocupa una posición lateral respecto a determinadas identidades nacionales y religiosas. Joyce transforma el exilio geográfico en una condición más profunda. Ser moderno significa en cierto sentido no coincidir completamente con ningún lugar, tradición o identidad.

A lo largo de toda su obra narrativa, Joyce trabajará con la idea de epifanía que hace referencia a un instante aparentemente trivial que revela súbitamente algo esencial. En Dublineses, un gesto, una frase o una visión desencadenan una revelación; en cambio, en el Ulises, Joyce expande radicalmente dicho procedimiento, ya que cualquier objeto cotidiano puede volverse significativo. Por lo tanto, la epifanía deja de ser excepcional.

Respecto a las cuestiones vinculadas con el sexo, el deseo, la fidelidad o la libertad sexual que se da en la relación entre Leopold, Molly y Boylan, ya lo había comenzado a tratar en su obra teatral Exiliados. Leopold sabe que Molly tiene un amante; sin embargo, la situación no conduce al esquema clásico constituido por el honor, la venganza y el castigo. Dicha relación se mostrará con todo tipo de detalle en el monólogo interior de Molly que cierra el Ulises. El hecho de llevar a tratar abiertamente la cuestión sexual hace que el cuerpo se convierta en el centro del Ulises. Las actividades vinculadas con el cuerpo como comer, evacuar, menstruar, tener relaciones sexuales entre otras cosas pueden tener tanta importancia literaria como discutir sobre Shakespeare. Con ello se pone de manifiesto la concepción integral del ser humano y el hecho de que la conciencia no existe separada del cuerpo.

¿Joyce se aleja del realismo o, en cambio, da otra vuelta de tuerca profundizando en él en su Ulises? En cierto modo, el escritor irlandés solo se aleja de los dictados del realismo decimonónico, ya que pretende una mayor profundidad en la realidad que incluye objetos, pensamientos, recuerdos, deseos, lenguaje y cultura. A pesar de las dificultades de la narración, del Ulises todavía se puede reconocer personajes, una ciudad, un día, los acontecimientos, la conciencia interior; en cambio, en Finnegans Wake dichos elementos empiezan a disolverse. De ahí que se pueda trazar una línea evolutiva: si en Dublineses se tenía como referencia una realidad exterior y en el Retrato del artista adolescente la gran referencia era la conciencia individual, en el Ulises se sintetiza la tríada constituida por realidad, conciencia y lenguaje. Finalmente, en Finnegans Wake será el lenguaje mismo quien aparezca como realidad. Mientras que en el Ulises todavía tenemos una estructura reconocible donde Bloom se asocia a Odiseo, Stephen a Telémaco y Molly a Penélope; en cambio, en Finnegans Wake, Joyce ya no trabaja principalmente con un único mito, son que mezcla y disuelve continuamente la Biblia, las mitologías europeas, el folclore, las religiones y las múltiples lenguas.

Toda la trayectoria de Joyce puede interpretarse como una progresiva ampliación de la cuestión ¿Cómo representar completamente la experiencia humana? En Dublineses responde observando minuciosamente la vida social, en El retrato del artista adolescente,  penetrando en la conciencia, en el Ulises integrando cuerpo, ciudad, conciencia, historia, mito y lenguaje y, finalmente, en Finnegans Wake llevando dicha integración hasta hacer del propio lenguaje un universo. En dicha evolución, el Ulises es el auténtico punto de intersección de toda la obra de Joyce. De representar Dublín pasa a la representación de la conciencia y de ambas a la representación de la totalidad de la experiencia con una cima final en el que intenta representar el propio funcionamiento del lenguaje.

 

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