Principios filosóficos de 1984: el dominio de la conducta externa y del pensamiento interior (George Orwell)
Pública Todos los principios filosóficos que se abordan en la novela 1984 (1948) de George Orwell llevan a una reflexión radical sobre qué ocurre cuando el poder intenta controlar la realidad misma. La idea central que se formula es que el poder absoluto no se conforma con dominar los actos de los individuos, sino que quiere dominar lo que recuerdan, lo que piensan, lo que dicen, lo que desean y lo que consideran verdadero. Es decir, no solo un dominio de la conducta externa, sino también del pensamiento interior.
En 1984 se aborda la relación entre verdad y poder. En este caso, la verdad ya no depende de los hechos, de la experiencia o de la memoria, sino de lo que el Partido decida en cada momento. Para ello será básico un concepto como el doblepensar y, a la vez, anular la memoria con el objeto de que la “verdad” se adapte a las doctrinas del momento impuestas por el Partido. Por ello, la verdad deja de ser algo que se descubre y pasa a ser algo que se impone. Partiendo de ello, cuál es la pregunta filosófica que plantea:. ¿Existe una verdad objetiva si el poder controla todos los documentos, todas las pruebas y todos los discursos públicos?
Winston intenta resistir afirmando que hay hechos independientes respecto al Partido. Su famosa defensa de que “dos y dos son cuatro” representa la existencia de una realidad que no debería depender de la voluntad política.
El Partido sostiene que la realidad solo existe en la mente humana, y la mente humana puede ser controlada por el Partido. De este modo, si todos aceptan una versión oficial, dicha versión se convierte en realidad social, si seguimos la lógica aplicada por INGSOC.
Orwell no niega que la realidad esté mediada por lenguaje, memoria e instituciones. Sin embargo, advierte contra una forma extrema de constructivismo político que hace referencia a aquella en la que el poder decide qué es real. El conflicto entre Winston y O´Brien gira en torno a dicha cuestión. Winston cree que existen hechos, recuerdos y verdades que el Partido no puede modificar. Sin embargo, O´Brien le responde que la realidad pertenece al poder. De este modo, tocamos el núcleo filosófico de la novela: sin una realidad común, la libertad política se vuelve imposible.
En 1984 la Historia es manipulada de manera sistemática. Winston trabaja en el Ministerio de la Verdad alterando documentos antiguos para que coincidan con la línea actual del Partido. Por tanto, el pasado no se conserva, sino que se reescribe continuamente, afectando a la memoria histórica la cual permitía, anteriormente, comparar el presente con otros tiempos, demostrar contradicciones del poder, exigir responsabilidades, imaginar alternativas y reconocer que el orden actual no es eterno. Dicha manipulación de la memoria histórica hasta destruirla completamente se expresa con claridad en uno de los lemas del Partido: “Quien controla el pasado controla el futuro, y quien controla el presente controla el pasado”.
La Historia no es un simple archivo de hechos, sino una condición de posibilidad de posturas críticas. De ahí la necesidad de mantener la memoria histórica intentando de evitar cualquier tipo de manipulación.
Debido a la manipulación de la Historia que lleva a cabo la sociedad del Big Brother hace que la memoria individual se convierta en una forma frágil de resistencia. Se produce un choque ya que, por un lado, Winston conserva recuerdos fragmentarios de su infancia, de su madre y de un pasado anterior al Partido; sin embargo, dichos recuerdos no pueden verificarse fácilmente porque los documentos de la época han sido destruidos en interés del Partido único. Dicha situación lleva a Winston a dudar de sí mismo, ya que no tiene documentos que respalden sus recuerdos.
Dicha problemática nos lleva a preguntarnos una cuestión filosófica importante tomando conciencia de que no solo la identidad personal y la libertad política necesitan memoria, sino que al mismo tiempo la memoria requiere también comunidad, archivos y lenguaje para sostenerse.
El control de la realidad por parte del Partido debe de tener en cuenta el control del lenguaje. Se considera que si desaparecen palabras como libertad, justicia, rebelión o dignidad supondrá un debilitamiento en la posibilidad de pensar dichos conceptos y, por tanto, no se podrán llevar a cabo. Se considera que el lenguaje es un factor básico en la formación del pensamiento. Por eso, controlar las palabras significa controlar los límites de lo penable. El objetivo último de la neolengua es producir una sociedad donde la disidencia no solo sea ilegal, sino literalmente impensable.
La lógica del Partido desarrolla el doblepensar que consiste en aceptar simultaneamente dos ideas contradictorias y creer ambas. De este modo, se configuran las consignas principales del Partido:
– La guerra es la paz.
– La libertad es la esclavitud.
– La ignorancia es la fuerza.
En este caso, para ser aceptadas, el ciudadano debe renunciar al principio lógico de no contradicción y aceptar que el Partido puede afirmar una cosa y su contraria.
El poder totalitario de la sociedad de 1984 muestra que el poder totalitario no solo censura ideas, sino que destruye las condiciones mismas del razonamiento. Si la contradicción ya no importa, entonces no hay posibilidad de argumentación racional.
El Partido puede controlar los actos exteriores de los ciudadanos; sin embargo, ¿puede controlar su interioridad? El Partido aspira a eliminar cualquier zona privada de libertad en el individuo. No acepta dicha separación entre conducta externa y pensamiento interno. Con ello, el poder absoluto pretende abolir la distinción entre obediencia y convicción. No basta con la aceptación, sino que debe existir creencia.
En definitiva, 1984 plantea que el sujeto no es una realidad invulnerable, ya que puede ser reproducido, deformado y reconstruido por instituciones de poder. Winston intenta conservar una identidad propia mediante la memoria, la escritura, el deseo, el amor, la experiencia corporal y la búsqueda verdad; sin embargo, el Partido trabaja para destruir cada uno de dichos apoyos. De este modo, la novela de Orwell muestra que la subjetividad depende de condiciones sociales como el lenguaje, la memoria, la confianza, vínculos y posibilidad de decir la verdad. El yo suele ser un producto social sobretodo en una sociedad que pretende el control absoluto sobre el individuo ¿Qué de nosotros nos pertenece? ¿Cuál es un producto externo? ¿La subjetividad es simple producto social? En este caso, los individuos de Oceanía están separados de su pasado, su cuerpo, su lenguaje, sus deseos, sus recuerdos y de los demás, ya que viven en una sociedad donde nada les pertenece plenamente. Incluso sus pensamientos pueden ser considerados delitos. Por lo tanto, la alienación no es solo económica, sino existencial y política. El sujeto queda separado de la posibilidad misma de reconocerse como dueño de su experiencia.
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