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El neoliberalismo británico: traición a la tradición liberal

Pública

El neoliberalismo se ha considerado a sí mismo como el auténtico heredero de la tradición liberal desde los años 70 del s. XX hasta nuestros días. A pesar de ello, se debería de tener en cuenta, por un lado, que la corriente liberal amalgama en toda su historia muy variadas tendencias que en algunos casos entran en colisión entre ellas, por tanto, dicha corriente no se puede ver reducida a un único movimiento y, por otro lado, cabe subrayar que existe un enorme abismo entre la teoría neoliberal y su puesta en práctica. Dicho distanciamiento entre teoría y praxis se puso de manifiesto en la gobernanza de Margaret Thatcher entre 1979 y 1990 que junto a la Administración Reagan en EEUU fueron los máximos representantes del programa neoliberal que durante los años 90 se extendería de forma global.

Según apunta la teoría neoliberal, dicho movimiento político-económico se encuentra regido por dos grandes mandamientos. En primer lugar, el neoliberalismo teórico apuesta por un mercado libre que se rija sólo por la lógica que vaya imponiendo la oferta y la demanda en una especie de autorregulación. En segundo lugar, la corriente neoliberal considera capital una reducción al mínimo de la intervención del Estado en los aspectos económicos. Ambas son premisas fundamentales en el neoliberalismo teórico; sin embargo, se incumplen en la praxis del mandato de Thatcher, ya que el Estado británico, dirigido por el gobierno conservador, intervino activamente, por un lado, en la reducción de las actividades en políticas sociales y, por otro lado, en la configuración de un nuevo mercado que, aparentemente, tendía a la autorregulación.
Todas las medidas económicas del gobierno de la Dama de Hierro respondían a acabar con el consenso sobre la responsabilidad social y económica keynesiana que se había instalado desde la posguerra de la 2ª GM en Gran Bretaña (Slobodian, 2021). En este caso, el gobierno de Thatcher se distinguió por un fuerte intervencionismo con el objeto de dictar las nuevas reglas de juego en el ámbito económico, así que la supuesta autorregulación del mercado es una farsa que enmascara los privilegios de unas corporaciones que suelen dictar las normas del mercado atendiendo a sus intereses.

La intervención directa del Estado Británico en la economía queda reflejada tanto en la reducción del gasto público que descendió del 43´2 % del PIB en 1979 al 39´5 % del PIB en 1989 (Farfán, 1991) como entre otras medidas la privatización del sector público, hasta el punto de que en 1992 el 66 % de las industrias británicas, que antaño pertenecieron al Estado, ya se encontraban en manos privada (Kershaw, 2019).
En sus inicios los globalistas neoliberales, en teoría, pretendían fusionar el capitalismo de libre mercado con la democracia (Slobodian, 2021); sin embargo, en la práctica neoliberal se muestra bien a las claras que la democracia y el capitalismo no son términos sinónimos. Un ejemplo fehaciente de ello, es la política de Thatcher la cual determinó acabar con las instituciones de la socialdemocracia, sustituyéndolas a través de la planificación y la legislación que reducía el poder de los sindicatos, atacando todas las formas de solidaridad social que en un principio estorbaban a la flexibilidad competitiva, desmantelando los compromisos del Estado del Bienestar y privatizando las empresas públicas (Harvey, 2007).

A pesar de ello, en sus orígenes, los neoliberales afirmaban apostar por una “democracia restringida”. Para sobrevivir a las crisis sucesivas iniciadas con la 1ª gran crisis del petróleo (1973), los neoliberales entendieron que la economía mundial necesitaba leyes que limitaran la autonomía de los países. Con dichas medidas, entramos de lleno en el debate de si el programa neoliberal era compatible con los derechos democráticos. Si se hace un balance desde los años 80 del s. XX hasta la actualidad, sale a la luz una pérdida considerable de derechos democráticos de la ciudadanía a la vez que el propio ciudadano ha visto menguado su peso específico en las decisiones políticas de su comunidad y de su país en detrimento de los derechos de las grandes corporaciones e instituciones económicas internacionales como la OMC o el FMI. Al desmantelamiento del Estado del Bienestar perpetrado por el neoliberalismo, la ciudadanía ha respondido con una mayor demanda de democracia (Vallerstein, 2001), como sucedió en las protestas británicas contra el poll tax (1) que supuso la caída de Thatcher o en el movimiento global de los indignados surgido en mayo de 2011. El balance final es una pérdida de autonomía tanto de los ciudadanos como de los gobiernos estatales frente a los intereses de las grandes corporaciones empresariales y financiera, lo que se traduce en una menor calidad democrática en países como GB, EEUU y miembros de la UE.

En el lema neoliberal que apostaba por la reducción al mínimo del poder del Estado y la configuración de un mercado sin fronteras, la forma de actuar de los neoliberales no respondió ni a lo uno ni a lo otro, sino que más bien se apoyaron en los gobernantes de los Estados para establecer sus propias reglas de juego. Al final, lo que reivindicaban los neoliberales era un Estado fuerte que se impusiese a los demás grupos de tensión y, por tanto, apostaron por una forma de regulación en vez de otra. En este caso, la política de Thatcher se alineó con una nueva clase de empresarios entre los que destacaban Richard Branson, Lord Harrison y George Soros que buscaban hacerse un hueco en la economía británica y mundial. Para conseguirlo, Thatcher desobedeció a la tradición aristocrática, a la judicatura y a su vez perjudicó con sus medidas económicas a la clase media y a los más desfavorecidos. Entre dichas medidas cabe destacar el masivo proceso de desindustrialización que se vio reflejado en un aumento considerable de desempleados que llegó al 12´5 % en 1982.

La Dama de Hierro convirtió GB en un desierto industrial con el agravante de no poner en práctica políticas alternativas para ofrecer salidas laborales. Para conseguir sus objetivos con una oposición mínima, el gobierno de Thatcher acabó con la fuerza sindical británica, lo que se tradujo en una pérdida de derechos y bienestar de la clase trabajadora. La nueva legislación laboral del Partido Conservador se aplicó en un 1º Employment Act (1980) que declaraba fuera de la ley los piquetes que indujeran a la violación de un contrato comercial y prohibía las actividades sindicales encaminadas a forzar la afiliación de los trabajadores a un sindicato y en un 2º Employment Act (1982) donde se radicalizaron las medidas con la posibilidad de demandar a los sindicatos en el caso de realizar huelgas ilegales y la prohibición de huelgas que se considerasen con fines políticos distintos a cuestiones salariales o condiciones laborales. En 1984 el closed shop (2) fue declarado ilegal y se defendió el derecho al trabajador que deseaba realizar su jornada laboral, a pesar de que la mayoría hubiese votado a favor de la huelga. Dichas medidas repercutió en el decrecimiento de los miembros sindicales que pasaron de 13´5 millones en 1979 a 10´5 millones en 1986 (Roberts, 1989). Con el debilitamiento de los sindicatos británicos, el gobierno de Thatcher encontró el camino allanado para aplicar unas medidas que permitirían al sistema financiero y bancario pasar por encima del tejido industrial británico.

Para lograr sus objetivos los neoliberales diseñaron instituciones o reconvirtieron otras ya fundadas, como fueron los casos del Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial (BM) que se convirtieron en centros para la propagación y la ejecución del “fundamentalismo del libre mercado” y de la ortodoxia neoliberal (Harvey, 2007), llevando a cabo reprogramaciones de la deuda que conducirían a la sangría económica derivada de la crisis del 2008. En este caso, la Organización Mundial del Comercio (OMC) se convirtió en el ejecutor extra-económico en el ámbito global de las políticas neoliberales como respuesta al Nuevo Orden Económico Internacional (NOEI) surgido en la VI asamblea especial de la ONU (1974) en la cual los países subdesarrollados presentaron unas reglas alternativas para el funcionamiento más equitativo de la economía mundial. Respecto a GB, un dato esencial fue el préstamo de 3900 millones de dólares solicitado por el gobierno británico en 1976 para rescatar la economía británica, lo que conduciría en la década de los años 80 a la deriva neoliberal de Thatcher. Ya en 1979, Denis Healey, ministro de Hacienda Laborista, tuvo que aplicar recortes de gastos en el ámbito social provocando un aumento de conflictos laborales que tendría como repercusión la victoria rotunda del Partido Conservador de Margaret Thatcher el 3 de mayo de 1979 (Kershaw, 2019).

El neoliberalismo esconde en sí una traición al liberalismo y a su laissez-faire que rehuía cualquier tipo de intervencionismo (Harvey, 2007). El estado neoliberal encarna unos intereses determinados, por tanto, no es el mercado quien se mueve de forma orgánica a través de la oferta y la demanda, sino que responde al beneficio de la propiedad privada, las compañías multinacionales, las empresas bancarias y el capital financiero. De este modo, el mercado se transformó en un vehículo para la consolidación de monopolios que benefició ante todo a las instituciones financieras produciendo amplios beneficios a las grandes corporaciones las cuales eran más valoradas por sus acciones que por su misma producción material. Este tipo de proceder condujo en GB a la especulación bursátil que se adueñó de la economía y convirtió a la City de Londres en una gran plaza de offshore (3) a través de los eurodólares (Hobsbawm, 1995). Ya en 1986 el sector financiero británico estaba en gran medida desregularizado y consolidó la primacía de la City en la economía británica (Kershaw,2019). A través de las stock options el valor de las acciones se convierte en la referencia de la actividad económica quedando en un segundo plano el de la producción. Todo ello, conducirá a tentaciones especulativas ya que las grandes corporaciones cobraron una orientación cada vez más financiera. Debido a la especulación desde los años 80 hasta la fecha de hoy han aumentado las crisis originadas por el sector bursátil entre las que destacan el Lunes Negro (1987), el Efecto Tequila (1994), la crisis financiera asiática (1997), la burbuja puntocom (2000) y la caída de Lehman Brothers (2008).

En definitiva, el neoliberalismo más que ser la continuación o culminación del liberalismo en la actualidad es más bien una traición del espíritu liberal, ya que tal y como se ha visto en el análisis de la gobernanza de Margaret Thatcher ni defendió la libre competencia, sino que más bien al contrario se dedicó a desregularizar hacia unos intereses determinados que pertenecían a las corporaciones privadas y a las entidades financieras. Asimismo, tampoco se centra en la mejora del individuo ya que sus beneficiaros son las grandes multinacionales que se sitúan por encima de los intereses nacionales. A la vez, el neoliberalismo ha creado nuevas instituciones como la OMC que traiciona el espíritu del liberalismo primigenio que pretendía liberar al individuo del control arbitrario de las instituciones. En este caso, los neoliberales han dado prioridad a la libertad de las multinacionales por encima de la del individuo, por ello, constituye una traición al propio liberalismo a la vez que, en el fondo, atacan los principios de la libre competencia y libre mercado que han impuesto a la economía. mundial dictando sus propias reglas de juego.

Notas a pie:
(1) Fue un impuesto de capitación que sustituía a los impuestos, tasas y precios públicos (rates). Su aplicación supuso numerosos disturbios social hasta el punto de precipitar la caída de la Dama de Hierro.
(2) Cláusula restrictiva de la libertad sindical en la que el patrono que la suscribe se compromete a no contratara asalariados que no pertenezcan al sindicato signatario.
(3) Empresa registrada en un país en el que no realiza ningún tipo de actividad fiscal relacionado con su negocio.

Bibliografía
Farfán, [Guillermo]. (1991).»Las lecciones del neoliberalismo británico». Revista mexicana de ciencias políticas y sociales. México: Universidad Autónoma de México, vol. 36, nº 45, 103-123. ISSN 2448-492X.
Harvey, [David]. (2007).»La libertad no es más que una palabra». En [David] Harvey: Breve historia del Neoliberalismo. Madrid: Akal, 11-45. ISBN 9788446025177.
Hobsbawm, [Eric]. (1995). «Los años dorados». En [Eric] Hobsbawm: Historia del siglo XX. Barcelona: Crítica, 260-289. ISBN 8474237122.
Kershaw, [Ian]. (2019). «El Giro». En [Ian] Kershaw: Ascenso y crisis. Europa 1950-2017, un camino incierto. Barcelona: Crítica, 289-339. ISBN 9788491991236.
Roberts, [B.]. (1989). «Trade Unions». En Kavanagh & Seldon (eds.): The Thatcher Effect: A Decade of Change. Oxford: Oxford University Press, 64-79. ISBN 0198277466.
Slobodian, [Quinn]. (2021). «Introducción». En [Quinn] Slobodian: El fin de los imperios y el nacimiento del neoliberalismo. Madrid: Capitán Swing, 13-50. ISBN 9788412135497.
Wallerstein, [Immanuel]. (2021). «Liberalismo y democracia, ¿hermanos enemigos?». En [Immanuel] Wallerstein: I. Conocer el mundo, saber el mundo: el fin de lo aprendido. México: Siglo XXI. Universidad Autónoma de México, 100-119. ISBN 9682323045.

 

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